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Juego creativo a partir de un rico mundo femenino

Buena dirección de Andrea Chacón Alvarez

Domingo 31 de mayo de 2009
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Las Carolinas. Autora: Laura Córdoba. Intérpretes: Andrea Vázquez, Maitina de Marco y Miguel Olivera. Escenografía: Luciana Fornasari. Diseño de vestuario: Gabriela Delmastro. Diseño de luces: Gonzalo Calcagno. Música original: Julieta Rimoldi, Laura Ventemiglia. Asistencia de dirección: Magalí Fugini. Versión y dirección: Andrea Chacón Alvarez. Domingos, a las 21.30, en Puerta Roja (Lavalle 3636). Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: buena

Dos mujeres de distinta generación, dos mundos en apariencia opuestos, pero que, por competencia, necesitan ligarse, parecerse, hasta llegar a una simbiosis que aparenta terminar enfermando a esos seres.

Las Carolinas comparten un departamento que se encuentra en estado deplorable y allí, copian y repiten hábitos conocidos y, seguramente, recreados en más de una oportunidad. Pero hay algo que las conmociona y, a la vez, las enfrenta: la aparición de un hombre. El les posibilita escapar un poco de la otra para buscar mayor entereza en lo individual. Pero claro, dada su simbiosis, muy poco podrán hacer frente al ser masculino. Ninguna de ellas parece capaz de adquirir una verdadera identidad.

El texto de Laura Córdoba expone un juego muy creativo a partir de ese mundo femenino, que quiere ser personal, pero que no puede serlo porque la imagen de la madre, la hija, la amiga o la simple compañera, parecería no permitírselo. Siempre se hace necesario reconocer en el cuerpo, la imagen o las ideas de la otra, aquello que falta o se necesita para ser alguien; no ya mejor, simplemente alguien. ¿Qué puede hacer un hombre en estas circunstancias? sólo potenciar los defectos, las necesidades de esas mujeres y ponerlas en crisis.

La puesta de Andrea Chacón Alvarez es muy atractiva porque construye una fuerte relación entre los personajes femeninos y descubre, en cada uno de ellos, esas cualidades, esos gestos, esas actitudes que las definirán a la perfección y que posibilitarán al espectador tomar plena conciencia de quiénes son verdaderamente.

Se torna algo débil la relación que ambas entablan con el personaje masculino, aunque eso no termina resultando un obstáculo para que la experiencia crezca de manera ágil, y la historia se construya sobre ciertos ejes humorísticos muy ricos y determinantes a la hora de reconocer, con cierto patetismo, ese espacio íntimo de mujeres que disputan algo que les permita fortalecer sus pequeños mundos privados.

Son intensas las recreaciones de Andrea Vázquez y Maitina de Marco, mientras que al personaje de Esteban -el intruso que termina siendo el gran movilizador de la trama- se lo ve algo desdibujado en su rol, lo que por momentos les quita efectividad a algunas escenas. En verdad, es como si esas mujeres tuvieran tanta fortaleza en su simbiosis que nadie, ni siquiera alguien que las desestabiliza, pudiera separarlas.

Carlos Pacheco

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