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"Las lecturas y las historietas son liberadoras"

Domingo 31 de mayo de 2009
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"Mi entusiasmo por las historietas nació cuando estaba en preescolar, siguiendo las aventuras de la perrita Pimpa, que se publicaban en Il Corriere dei Piccoli", recuerda Liliana Cupido, miembro de Hamelin, una asociación fundada en 1996 en Bolonia, Italia, dedicada a la promoción de la lectura en chicos y adolescentes.

"Su autor era el guionista y dibujante Francesco Altan, que la había creado en 1975. Altan nació en Trevino y estudió arquitectura en Venecia, profesión que después abandonó para dedicarse al cine como guionista y escenógrafo. Sin embargo, el nacimiento de su hija Kika lo llevó a replantear totalmente su proyecto de vida y comenzó a escribir y dibujar para los chicos." Cupido llegó a Buenos Aires para participar en Viñetas Sueltas, segunda edición del festival del comic, y días atrás integró un panel sobre uno de sus temas favoritos: historieta y pedagogía.

-¿Qué puede aportar la historieta a la formación de los chicos?

-En el mundo contemporáneo los chicos sufren constantemente un bombardeo caótico de imágenes de todo tipo. En cambio, en el comic las imágenes que aparecen no son arbitrarias, todas tienen una función: contar una historia, y eso ayuda a ordenar los pensamientos. Las primeras imágenes muestran el lugar donde ocurren los hechos, presentan personajes y después van llevando al lector a través de la trama hasta desembocar en el final de la historia. Todo ayuda a dar un sentido a los pensamientos, a lograr una mayor concentración. Y no es todo, hay algo también muy importante, el espacio en blanco.

-¿Cómo es eso?

-Entre cuadrito y cuadrito hay espacios en blanco. Lugares donde el chico se proyecta para descubrir y crear sus imágenes, donde va haciendo suya la historia. Son espacios para desarrollar la imaginación. Por eso preocupa ver a los chicos sentados inmóviles frente a un televisor durante horas y horas, totalmente pasivos, sin crear ni enriquecer su imaginario, fuente de toda poesía.

-¿Qué es Hamelin?

-Hamelin Associazione Culturale fue creada en Bolonia en 1996 por un grupo de expertos en literatura infantil y desde hace seis años publica la revista Hamelin, que incluye temas de pedagogía de la lectura, comics clásicos y modernos, música, por ejemplo. Por otra parte, Hamelin es la curadora de BilBolBul, el Festival Internacional del Comic, que se realiza en la ciudad de Bolonia, similar al que se organiza en Buenos Aires. Este año, entre el 4 y el 8 de marzo se realizó la tercera edición con la participación de mil chicos que durante un año prepararon historietas sobre un tema de humor fantástico.

-¿Se puede saber cuál era?

-Había que contar con dibujos y palabras una historia sobre qué ocurriría si un día nos despertáramos y al mirarnos al espejo nos diéramos cuenta de que en lugar de la cabeza tenemos la de un animal. Es divertido, y los chicos se lo tomaron muy en serio. Incluso, se preguntaron qué problemas podría acarrearles un descubrimiento semejante. Por ejemplo, temieron que sus padres no los dejaran salir a jugar o ir al colegio porque qué iba a pensar la maestra cuando los viera llegar con esa cabeza. En realidad, a nosotros como organizadores nos importaba más todo el proceso creativo, la alfabetización, la invención de imágenes, el taller, donde se potencia la capacidad de los chicos. Pero hubo otra novedad que puede interesar especialmente a los argentinos.

-¿Cuál?

-Uno de los temas de los paneles fue La historieta en la Argentina, algo que los italianos valoramos; pienso en Hugo Pratt y en Alberto Breccia. Pratt nació en Rímini, pero él se consideraba veneciano porque allí había pasado su infancia. Entre 1949 y 1962 vivió en Buenos Aires, donde creó historietas famosas como el Sargento Kirk, Ticonderoga y Ernie Pike, con textos de su amigo Héctor Germán Oesterheld. A Pratt le debemos el haber introducido en Italia el gusto por las historietas más extensas, a partir de la publicación de La Balada del Mar Salado, que tiene como protagonista a su notable Corto Maltés. Admirado por el filósofo Umberto Eco, que solía mostrarlo como ejemplo para refutar a los intelectuales que sostenían que la historieta era un arte menor. Es que hubo un momento en Italia en el que la historieta era muy resistida.

-¿Por qué?

-Fue después de la Segunda Guerra Mundial. La historieta era muy mal vista tanto por la gente de derecha como por la de izquierda. Para las derechas eran algo directamente obsceno y para las izquierdas, un medio que distraía a niños y adolescentes; los alejaba de tomar una actitud seria ante el hecho político.

-¿Y Alberto Breccia?

-El estilo de Breccia tuvo seguidores en Italia; por ejemplo, Andrea Bruno, que, junto con Paolo Parisi, expone obras en Viñetas Sueltas. Andrea tiene un estilo con influencias del autor de El Eternauta.

-¿Un comentario final?

-En Hamelin decimos que las lecturas y la historieta en particular nos salvan la vida. Hay quien nos mira extrañado y piensa que exageramos, pero no es así. Las lecturas y las historietas son liberadoras, nos permiten imaginar otras historias, pensar otras posibilidades de vida, sobre todo si nuestras existencias son opacas o dolorosas, y ayudarnos a encontrar un camino, una motivación, para salir del encierro.

Luis Aubele

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