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Cinco décadas de observación de la Tierra

Miles de satélites lanzados desde los años 50 nos permiten anticipar fenómenos naturales, conocer las zonas vulnerables y facilitar las comunicaciones

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LA NACION
Domingo 31 de mayo de 2009
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A lo largo de su historia, el ser humano siempre miró al cielo como un lugar inalcanzable lleno de sueños y anhelos, pero también de temores. El hombre de la antigüedad imaginaba el firmamento como la morada de los dioses cuya magnitud le demostraba lo pequeño que era.

Pero desde hace cinco décadas, el hombre puso un pie en ese lugar celestial con la llegada de los múltiples satélites artificiales que cambiaron para siempre la manera de ver nuestro planeta y la vida en él.

La observación de la Tierra, en todas sus formas, cumple 50 años desde que en agosto de 1959 el satélite Explorer 6, de la NASA, efectuó las primeras fotografías de las capas nubosas del planeta. Dos años antes, durante el Año Internacional Geofísico, había comenzado la era espacial con el lanzamiento del primer satélite ruso, el Sputnik, en plena Guerra Fría.

Estados Unidos, temeroso y sorprendido por el avance tecnológico de su potencia rival, comenzó a desarrollar su capacidad espacial, convirtiéndose hoy en un líder indiscutido.

Satélites científicos, de comunicaciones y militares son algunos de estos objetos de avanzada tecnología que orbitan la Tierra decenas de veces por día. Pero para determinarlos según sus tipos de misiones, según las órbitas que circundan, los hay geoestacionarios o GEO, porque se ubican sobre la línea del ecuador y a una altitud de 36.000 km, y los no geoestacionarios MEO y LEO, en una órbita terrestre media (10.000 a 20.000 km) y baja (500 a 1500 km), respectivamente.

"Antes los barcos o los globos aerostáticos nos ayudaban a relevar información sobre los mares o el aire, pero la observación espacial en los últimos 50 años nos dio conocimientos impensados sobre la atmósfera, los océanos, la biosfera y los polos", destacó el ingeniero ambiental Vernon Morris, de la Universidad Howard, y miembro del Comité de Ciencias Atmosféricas y Climatológicas de la Academia Nacional de Ciencia de los Estados Unidos. Morris es uno de los coautores del informe especial "Observaciones terrestres desde el Espacio: los primeros 50 años de logros científicios", que realizó esa academia a pedido de la NASA.

"Los satélites nos han permitido anticipar huracanes, barreras de hielo colapsadas en la Antártida, terremotos e inundaciones a gran escala; incluso ubicarnos gracias al desarrollo del GPS o Sistema de Posicionamiento Global, una tecnología que está al alcance de cualquier persona", indicó Morris a LA NACION.

En la Argentina, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) es la responsable del Plan Espacial Argentino para desarrollar conocimientos y actividades clave para posicionar al país entre las naciones con acceso a la tecnología espacial. "Luego de los dos primeros satélites construidos en la Argentina y lanzados en la década del 90, llegó el turno del SAC-C, un exitoso satélite científico que subió al espacio en 2000 con un expectativa de vida de cuatro años, pero que aún funciona perfectamente", explicó el ingeniero Fernando Hisas, gerente de proyectos de la Conae.

Equipado con tres cámaras multiespectrales de alta sensibilidad y con tecnología de radar, el SAC-C evalúa los recursos hídricos, como el agua caída en la alta cuenca del Paraná o la nieve acumulada en las cumbres que alimentan el río Limay, además de poder determinar áreas vulnerables a inundaciones o incendios.

"La Conae está en los últimos detalles de un nuevo satélite construido en la Argentina llamado SAC-D/Aquarius, un instrumento de teleobservación con una cámara infrarroja para medir la temperatura terrestre, la humedad del suelo y para evitar focos de incendio. Además, está equipado con el Aquarius, un instrumento diseñado por la NASA para medir por primera vez la salinidad del mar", explicó Hisas. Ese mapeo, agregó el especialista, se realizará cada siete días y brindará información única para ayudar a entender fenómenos de corrientes marinas y del cambio climático.

Además, la Conae participa de la construcción de dos satélites Saocom que formarán parte del Sistema Italo Argentino de Satélites para la Gestión de Emergencias (Siasge), junto con cuatro satélites de la Constelación Italiana Cosmo-SkyMed de la Agencia Espacial Italiana.

Actor local

Un actor preponderante en la actividad espacial argentina es la empresa estatal Invap, encargada de construir los satélites que la Conae estima óptimos para llevar adelante el plan espacial local. El ingeniero Tulio Calderón, gerente del área de proyectos aeroespaciales de Invap, explicó a LA NACION cómo trabajan allí los más de 650 empleados, técnicos y científicos.

"Hacemos la ingeniería base, el esquema de detalles y la fabricación final de satélites para la Conae y otras agencias espaciales del mundo, como las de Argelia, Turquía, Brasil y Estados Unidos -dijo el ingeniero recibido en el Instituto Balseiro, en Bariloche-. Estamos transitando el desarrollo final del satélite SAC-D, de gran tamaño que integrará cámaras ópticas provistas por Invap junto con el equipo Aquarius. La Argentina obtendrá información importante y práctica sobre las pesquerías marítimas y las aguas subterráneas."

Con la expectativa de lograr ubicar un nuevo satélite argentino, Hisas afirmó: "Haber salido al espacio para mirar la Tierra nos permitió dimensionarnos como seres humanos. La experiencia de haber visto la Tierra desde el espacio nos hace tomar conciencia de lo pequeño que somos frente al universo; eso nos marca y nos hace ver a nuestro planeta como un «ser vivo» para cuidarlo".

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