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Rock

Nick Cave, ritmo para la hipnosis

Espectáculos

La anécdota tal vez sirva como ejemplo. Cuando Nick Cave visitó la Argentina en 1996, él y su grupo de producción se encargaron de seleccionar a la banda telonera para el Gran Rex, que fue Reincidentes, y luego el visitante participó en el Monster Of Rock de Ferro (con, entre otros, Marilyn Manson). Lo que escuchó uno de los integrantes del grupo local por parte del productor fue: "No nos importa cuáles sean las otras bandas, porque sabemos que Nick se va a imponer igual". Parece demasiada solvencia, y hasta se trasluce cierto tono despectivo para con los otros músicos, pero basta ver a ese hombre/murciélago sobre un escenario para comprobar que el atractivo que ejerce sobre la platea es casi mágico.

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Hipnótico. Tal vez ése sea el término que mejor le cuadre a un álbum o un show de Nick Cave & The Bad Seeds. Pero no es el único. También hay fuego, un fuego en estado primitivo que quema desde adentro. Y no falta la actitud desafiante -y en forma constante-, como si parte del juego fuese observar cuál es la reacción de quien recibe la música. Y hay oscuridad; una oscuridad constantemente iluminada, como si uno se internara en un laberinto de espejos. Y hay, sobre todo, una obra, un concepto, que se transmite de un álbum a otro sin repetir fórmulas, porque lo que se cambia es el punto de apoyo. Por eso su reciente recopilación, que llamó (extrañamente) con el evidente "The Best Of...", es el fiel reflejo de un camino donde el accidente inevitable es la búsqueda.

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Lo que evidencia esta retrospectiva es, justamente, la coherencia artística de este australiano que nació con la furia del punk y que luego, sin abandonar una actitud desafiante, encontró nuevos modos de comunicación, desde el blues más áspero y deforme hasta la categoría de songwriter. Y eso que tal vez podría sonar a desequilibrio, resulta de lo más natural, como si cada álbum quitara un nuevo tul y, lentamente, se viera con mayor claridad la forma original de esa expresión. No se percibe un gesto forzado sino más bien el resultado lógico de un mensaje cada vez más despojado. De otra forma, sería imposible que convivan retratos de asesinatos (en "Murder Ballads") con incursiones mucho más íntimas (en "The Boatman´s Call) sin que la balanza se desequilibre violentamente.

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Pero esos cambios musicales también tienen que ver con los cambios de vida que en Nick Cave son recurrentes, aunque últimamente esté un poco más establecido en Londres, ciudad a la que arribó con los Birthday Party, la banda punk que le abrió camino desde Australia. Vivió en Berlín, la primera ciudad que reparó en su propuesta estética, aunque también intentó encontrar su hogar en Los Angeles y en San Pablo (donde vivió tres años). Todas esas realidades se acoplaron a su música, pero siempre adaptó lo que veía a su estilo. En fin..., no es que se puso a hacer bossa nova.

Constantemente comparado con Leonard Cohen o el Tom Waits de los setenta, Cave siempre fue más furioso, más áspero, aunque sólo se acompañara por un piano. En lo despiadado encuentra su mejor forma de comunicación, y el reciente "grandes éxitos" es una buena posibilidad de descubrirlo. .

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