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Cambiar la pregunta

PARA LA NACION
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Sergio Sinay
Domingo 14 de junio de 2009

Señor sinay: Me pregunto por qué no le damos a la vida el valor inmenso que tiene, y vamos tras sentimientos materialistas e individualistas que nos enferman, nos enfrentan y nos hacen lastimarnos.

Nancy Salla

Leí su nota "Quien acepta celebra", y me pregunto cómo se puede llegar a esa aceptación sin cuestionar los porqués. Cómo aceptar la muerte de mi hermano, la pérdida de mi trabajo, la enfermedad de mi pareja. Ahí me llega el porqué, por qué tanto y por qué a mí.

Monica Riveros

Me diagnosticaron a los 35 años una enfermedad crónica, Parkinson. Escribí un libro (El cuerpo no calla) en el que cuento las etapas por las que pasé hasta llegar a la aceptación. Un fragmento muestra el momento en que comparo la aceptación con dejar fluir la vida.

Marina Lassen

Elijo iniciar este diálogo con una cita del filósofo y mitólogo Sam Keen, incluida en Himnos a un dios desconocido: "Tarde o temprano, en todos los individuos y culturas ocurre algo que demuele las respuestas aceptadas y deja en su lugar preguntas angustiosas". Keen cuenta su propia "pérdida de fe", ocurrida varios años atrás, y el modo en que las respuestas que hasta entonces le habían sido útiles dejaron de satisfacerlo. Podemos preguntarnos mil veces por qué, y podremos encontrar mil y una respuestas, pero ante determinadas situaciones no habrá un porqué hecho a la medida de nuestro dolor, de nuestra confusión, de nuestro agobio, de nuestra tristeza. No se trata de que no podamos preguntarnos por qué. De hecho, lo hacemos. Pero en determinadas circunstancias la respuesta es apenas un transitorio analgésico. El sufrimiento, recurrente, vuelve. Ningún porqué cambia la situación que vivimos ni reescribe la historia. Preguntar por qué suele dejarnos de cara al pasado y de espaldas al camino que nos espera. Es frecuente que con el porqué surjan los reproches o las autorreprimendas por lo que se pudo hacer y no se hizo o lo que se hizo y no se debió hacer.

Hay otra forma de ver estas circunstancias. Podemos pensar que no encontramos las respuestas porque la situación que vivimos es, en realidad, una pregunta en sí misma. Acaso angustiosa, como dice Keen, pero pregunta al fin. ¿Qué tipo de pregunta? ¿Qué hacer ante ella? La sensible terapeuta y escritora austríaca Elisabeth Lukas, discípula muy querida de Viktor Frankl, recuerda en su reconfortante libro El sentido del momento una serie de investigaciones realizadas con sobrevivientes de guerra según las cuales la existencia de un para qué en la vida es un auténtico valor de supervivencia. La búsqueda de ese para qué nace, decía Frankl, de la voluntad de sentido. Y Lukas escribe: "En el ser humano se libera una serie de energías misteriosas tan pronto como aflora la conciencia de un para qué". Esa noción de sentido suele manifestarse aun en el sufrimiento y, muchas veces, sobre todo en él. El conmovedor fragmento del libro propio al que alude nuestra amiga Marina contiene este párrafo: "Vi justo el momento en que una hoja que pendía de una rama se soltó, cayendo en forma de espiral y apoyándose suavemente en el suelo.

-Es la sabiduría natural -pensé- soltar la rama.

(...) Esa hoja brotó, abriéndose el paso a la luz, obedeció la ley natural: creció, respiró y oxigenó, ofreciendo en forma de sombra refugio del sol. Supo tornarse carmesí pasando por toda la gama, con orgullo de mostrar cada estado sin temor a lo que vendría (...) Las hojas se entregan por amor, sin pedir nada a cambio y mueren en otoño."

El gran Miguel Angel sostenía que "Dios no nos ha creado para abandonarnos". A partir de esta idea, Frankl compara las actitudes de un perro y de un hombre mirando a un dedo que señala. El perro sólo mira el dedo, dice, e incluso intentará morderlo. El hombre puede hacer lo mismo, o puede observar lo que el dedo señala. Podemos enojarnos con el destino (el dedo) y blasfemar contra él. O podemos observar qué nos señala, hacia dónde apunta, cuál es el sentido de la circunstancia que vivimos. Esa tarea es la pregunta que asoma cuando caen demolidas las respuestas seguras y aceptadas. ¿Para qué hemos venido a este mundo?, ¿qué es aquello que aún podemos hacer por otros y que es igual a lo que esperamos para nosotros? Nunca es tarde para esta tarea, ni aun en el dolor.

sergiosinay@gmail.com

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