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Liszt, en manos de la Sinfónica

La orquesta y el Coro Polifónico hicieron la versión completa de Missa Solemnis

Domingo 14 de junio de 2009
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Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional. Con la dirección de Roberto Luvini, la participación del Coro Polifónico Nacional, de la pianista Viviana Lazzarin y los cantantes Soledad de la Rosa, María Luján Mirabelli, Ricardo González Dorrego y Luis Gaeta. Programa Liszt: Los preludios, poema sinfónico N° 3; Concierto para piano y orquesta N° 1 en Mi bemol mayor R. 455 S. 124, y Missa Solemnis, para coro, solistas y orquesta (primera audición local de su versión completa). En la Bolsa de Comercio.. Nuestra opinión: bueno

El último concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional, ofrecido en la Bolsa de Comercio, pareció reasumir en cuanto a calidad interpretativa el derrotero ascendente que venía teniendo la laureada agrupación, con el agregado de ofrecer por primera vez en Buenos aires la versión completa de la Missa Solemnis de Franz Liszt, estrenada en Viena en 1859, en ocasión de la consagración de la basílica de Gran, asiento del primado de Hungría.

Precedieron a esta grandiosa obra el poema sinfónico Los preludios y el Concierto N° 1 en Mi bemol mayor para piano y orquesta del genial húngaro.

Roberto Luvini, director del Coro Polifónico Nacional, asumió también la dirección de la Sinfónica
Roberto Luvini, director del Coro Polifónico Nacional, asumió también la dirección de la Sinfónica. Foto: LA NACION / Soledad Aznarez

Los reconocidos méritos del director Luvini, la participación del Coro Polifónico Nacional, cuya dirección ejerce, y que asumió ante la prestigiosa orquesta nacional constituyeron los ejes de esta audición cuyo nivel interpretativo se elevó considerablemente con la obra sacra de Liszt. Contó para ello, además, con un excelente plantel de voces solistas.

Poema lírico

Amante de la poesía lírica romántica, el compositor llevó a la expresión sinfónica el poema Los preludios de Lamartine, del que logró una fiel adaptación con la reproducción de sus cuatro "momentos"; desde el primero ( andante ) se advirtió gran cuidado en la sonoridad y el balance sonoro (que en el recinto donde actúa la Sinfónica no gozan de buena fortuna por la reverberación); no obstante ello, hubo buena emisión de las cuerdas, las maderas y los bronces, y el logrado brillo en la fanfarria adquirió calidad expresiva pasados los ímpetus iniciales. Las transiciones de carácter de esta obra de tono heroico fueron bien logradas por Luvini, empero cierta morosidad en los tempi elegidos, lo cual restó tensión y ritmo al discurso. Algo similar aconteció en el Concierto para piano y orquesta en Mi bemol , cuya parte solística fue confiada a Viviana Lazzarin, pianista de buenos recursos técnicos que en la ocasión no logró ponerse en sintonía con el carácter predominantemente marcial de la obra, sobre todo en sus movimientos extremos, que han de ser vertidos con un sonido exhaustivo y un impulso rítmico carente de hesitaciones. Su interpretación adquirió interés musical por la expresividad de su fraseo en el segundo movimiento ( quasi adagio ).

Los detalles significativos de la excelente versión de la grandiosa Missa Solemnis de Liszt -que resulta imposible resumir aquí-, fueron realzados por la intervención de los cuatro solistas mencionados y, principalmente, por el Coro Polifónico Nacional y la masa orquestal en armoniosa conjunción.

La obra volverá a ser ofrecida el miércoles, a las 20.30, en la parroquia Jesús Sacramentado (Corrientes 4445) por los mismos intérpretes.

Héctor Coda

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