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"Tirar la música por las ventanas..."

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LA NACION
Jueves 18 de junio de 2009
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A veces ocurre que después de escuchar algunas de sus piezas para piano, el oyente queda convencido de que Isaac Albéniz fue andaluz. Tal es el aire ardiente, luminoso y sensual que irradian esas obras. Sin embargo, nació en Cataluña, donde empezó a tocar el piano apenas salido de la cuna, pues a los 4 años ya dio su primer concierto público. A los 6 lo llevaron a París, donde estudió con el célebre Marmontel, con la intención de ingresar en el Conservatorio. Pero a pesar de su examen brillantísimo cometió la niñería de jugar a la pelota y romper un espejo, por lo que el jurado pospuso su admisión para cuando madurara, o sea, a partir de los 8. Sin embargo a esa edad entró en el Conservatorio de Madrid, pero fascinado por las novelas de Julio Verne se lanzó a la aventura de recorrer, sólo, el norte de la península? en gira de conciertos.

Luego se embarcó como polizón en el vapor España, con la consecuencia de que lo desembarcaron en el primer puerto, Buenos Aires. Aquí durmió al aire libre, vivió al día y comió como pudo. Pero alguien le organizó algunos recitales, ganó unos pesos, y siguió viaje a La Habana y luego a Nueva York, donde trabajó como changador en el puerto, y como pianista en los tugurios. Luego explotó su habilidad para tocar con el revés de los dedos o de espaldas al piano, y así pudo volver a Europa.

Fin de la aventura: sentó cabeza, estudió en Londres y Leipzig y puso proa hacia Weimar y luego Roma para madurar con Liszt. A los 20 años era un acabado virtuoso y recorrió América y Europa, ahora como profesional absoluto. Finalmente, se dedicó a componer, se casó a los 23, tuvo 3 hijos y se dedicó a ellos y a la creación musical. Así llegaron los estudios de composición en Barcelona con Pedrell, y luego en París, donde entró en el círculo de los grandes: Chausson, Fauré, Dukas, D´Indy, Debussy?

Allí se gestó la evocación nostálgica de su tierra y de la región que más amó, Andalucía. Su obra maestra fue Iberia , una serie de 12 "impresiones" para piano, reunidas en 4 cuadernos publicados entre 1906 y 1909, el año de su muerte, hace exactamente un siglo. Tenía 49 años.

Es que aquel extraordinario foco de irradiación que era la capital de Francia le había dado la certeza de la estética nacionalista, que fue su sello de oro. De ahí que escuchando su armonización sabrosa, sus ritmos calientes, sus fandanguillos y polos, sus saetas que excitan a la devoción y la penitencia, los imaginarios rasgueos de guitarra, golpes de tambores y tararas (toques de trompeta), sus pasodobles y marchas toreras, con dificultades de escritura sin cuento, Debussy haya podido decir que Albéniz no dudaba en "tirar la música por las ventanas".

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