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"La historia reciente también es historia"

Felipe Pigna reflexiona sobre la necesidad de enseñar los hechos políticos, sociales y económicos del pasado inmediato

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LA NACION
Sábado 27 de junio de 2009
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"Hay cada vez más conciencia de que la historia reciente también es historia." En su estudio de la calle Neuquén, en Caballito, Felipe Pigna piensa no sólo en la agitada violencia política que el país vivió en los años setenta, y busca ejemplos actuales. "En varias universidad europeas ya se han creado cátedras para estudiar la guerra de Irak y la crisis financiera mundial", explicó, en una entrevista con adncultura, al sostener que todo hecho político reciente es susceptible de ser estudiado y enseñado.

"La historia no está reñida con las pasiones. La teoría de que no se puede hablar de un tema porque genera pasiones y sentimientos enfrentados proviene de gente no acostumbrada a leer la historia", señaló. Convencido de que todos los historiadores tienen posiciones marcadas sobre los hechos de su tiempo, Pigna es partidario de enseñar en las escuelas los acontecimientos del pasado reciente, sin temor a subjetividades o lecturas contrapuestas. "Lo fundamental es el trabajo con fuentes diversas sobre los hechos históricos que generan polémica", señaló el historiador, de 50 años.

Para el director de la revista Caras y Caretas y guionista del ciclo Algo habrán hecho, la misión de los historiadores y de los profesores de historia no es la reconciliación. "No vamos a amigar a Sarmiento con Rosas. La unidad del país no pasa por unificar a los próceres. Ésa era, tal vez, la pretensión de Menem y seguramente de López Rega, que quería armar el altar de la patria, una idea mussoliniana."

"Los historiadores y los docentes tienen que tomar partido", opina Pigna
"Los historiadores y los docentes tienen que tomar partido", opina Pigna. Foto: ANIBAL GRECO

En el libro Mitos de la historia argentina 4, aborda la historia del peronismo desde una perspectiva integral, cuando todavía no se han acallado las discusiones acaloradas sobre los orígenes y la esencia del movimiento fundado por Juan Perón. Su serie de Mitos... ya es un clásico para los lectores. El primer libro (Mitos de la historia argentina) salió en 2003 y tiene 27 ediciones. Los que siguieron -Mitos de la historia argentina II y III- llevan vendidos más de 200.000 y 120.000 ejemplares, respectivamente. Ahora, con vistas al Bicentenario, Pigna está abocado a la tarea de rastrear y publicar libros agotados vinculados con la Revolución de Mayo, para la colección Biblioteca Emecé Bicentenario. El primer libro, aparecido este mes, recoge los escritos de Mariano Moreno.

-¿Cómo hay que enseñar la historia reciente a las nuevas generaciones?

-Los historiadores y los docentes tienen que tomar partido frente a los hechos. Y, si trabajan con seriedad, facilitar el acceso de los alumnos a otras fuentes y versiones. Hoy existen textos muy buenos, que cotejan fuentes, que muestran cómo se construye la historia. La anulación de las diferencias es el fin, la derrota de la democracia. Es conveniente trabajar con fuentes documentales, audiovisuales, recursos multimedia, aprovechar a los protagonistas y testigos vivos de episodios recientes.

-La parcialidad del historiador cuando se tocan temas contemporáneos, ¿no entraña ciertos riesgos?

-Un historiador no puede ocultar fuentes, cambiarlas o usarlas en beneficio propio. Hay libros sobre el peronismo, por ejemplo, que se quedan en la notable obra social de Eva Perón. Y otros se concentran en la persecución y en hechos negativos, como el cierre de La Prensa y la quema de las iglesias. El peronismo es todo eso junto. Hay que tener una mirada completa.

-¿Es un problema argentino la dificultad para narrar la historia objetivamente?

-Cuando Eric Hobsbawm investigaba la Segunda Guerra Mundial, accedió a una foto en la que un militar apuntaba con un arma a una persona indefensa. Era una imagen impactante. Al caer el Muro se publicó una foto que mostraba la escena completa. Era en una gran avenida de Varsovia, donde la gente se reía y aplaudía al militar que apuntaba al hombre indefenso. Alguien había cortado esa foto y dio, así, una versión incompleta de la historia. Se podría armar una foto como esa de la Argentina de hoy. La honestidad es mucho más importante que la subjetividad.

-Si el docente toma posición, ¿no puede caer en adoctrinamiento?

-Creo que es bueno tener una posición tomada. No anula ni pone en sospecha lo que uno escribe. La clave es trabajar con responsabilidad y honestidad. Leer libros con los que uno no está de acuerdo es un ejercicio de tolerancia. Conformar a todos no es objetivo del historiador. El docente no está para que los chicos piensen como él, sino para que ellos saquen sus conclusiones propias.

-¿Qué momentos y personajes no podrían faltar en una síntesis de la historia argentina?

-En el período de la Organización Nacional hay que conocer a Mitre, Sarmiento, Roca. No interesa su vida privada, pero sí su vida pública, sus ideas, cómo se formaron. Del siglo XX, Yrigoyen, Perón, Eva Perón, Alfonsín. Hoy se habla mucho y se cae en la fraseología, algo que dijo, en lugar de todo lo que hizo. Alberdi puede ser condenado por una frase, y escribió 40 tomos. Esa historia apurada, donde las frases mandan, deja de lado la etapa de formación y lo que los llevó a actuar de determinada manera.

-¿Cuáles son las prioridades a la hora de enseñar historia en el aula? ¿Qué hechos se pueden suprimir?

-Hay hechos que no pueden quedar afuera y debemos priorizar. Lo que debe quedar afuera no es lo que no nos gusta, sino los hechos secundarios. Al historiador le interesa el país. Todo historiador, en su medida, ha tenido una participación política activa.

-¿Qué grado de desarrollo tiene hoy la democracia argentina?

-El país avanzó tras la recuperación de la democracia. Las corporaciones son más débiles. En la democracia, una dificultad es el ejercicio de la oposición. Se confunde su rol. Se cree que su éxito es el fracaso del gobierno de turno. Es una concepción egoísta y ridícula. Si le va mal al Gobierno, al que le va mal es al país. La democracia argentina sigue siendo muy frágil. La oposición no tiene capacidad de reemplazo ni está en condiciones de manejar la paz social. El país debe formar líderes. El mejor ejemplo de liderazgo horizontal es San Martín. Hizo el cruce de los Andes con cuatro columnas, sin celulares ni GPS, y confió en sus cuatro jefes. Formó un equipo de líderes. Cada uno sabía lo que tenía que hacer.

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