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¿Qué modelo?

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PARA LA NACION
Lunes 29 de junio de 2009 • 05:47
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En esta trepidante campaña electoral se ha hablado de defender a un "modelo", de apoyar un "proyecto", y algunos aseguran que tienen un "plan". Al mismo tiempo, sin embargo, los periodistas más autorizados se lamentan amargamente por la ausencia de un debate de fondo sobre proyectos, modelos y planes, ya que a su juicio todo se ha reducido a proclamar frívolamente lo obvio, salpimentado con alguna denuncia menor.

Cada tanto se repite una cuestión aparentemente profunda: "Tenemos que resolver entre todos qué país queremos".

En realidad eso es lo único que no tenemos que resolver, porque ya tenemos un país, con características muy marcadas. Lo que más bien debemos sacarnos de encima es la manía de "fundar" un país nuevo. La Argentina ya está fundada desde mayo de 1810, tiene su Constitución desde 1853-60 y en breve cumplirá 200 años. Un poco tarde para "inventarla". Tampoco la Democracia "nació", como un Niño Dios, en 1983, sino que existe, con todas sus fallas e interrupciones, desde 1810.

El único modelo, proyecto o plan que necesitamos es cumplir la Constitución y las Leyes. Suena inocente, pero podría revestir caracteres revolucionarios.

Ejemplos:

1. La propiedad es inviolable. Empezando por la propiedad pública, es decir aquello que pertenece al pueblo. Las calles, las rutas, los puentes, las plazas. Está prohibido -por lo tanto- cortarlas, invadirlas, acampar en ellas, y ningún gobierno de ningun signo puede "autorizar" que esto se haga. Cortar u obstruir las arterias de un país es una acción de guerra que debe ser impedida. Ver: Gualeguaychú. Ver: muerte del motociclista Mauletti, ante la indiferencia general, como si lo hubiera matado un rayo.

2. La intimidación pública es un delito, por lo tanto debe impedirse que encapuchados armados con palos o piedras recorran la vía pública, solos o en forma de banda.

3. Los delincuentes deben cumplir sin excepción sus condenas íntegramente, en especial aquellos que constituyen un peligro para sus semejantes, como violadores, asaltantes y homicidas profesionales. Ni los jueces ni los camaristas están en condiciones de hacerles ningún "favor", a costa de la vida del prójimo. Primero habrá que cumplir esto, después mejorar seriamente la estructuras de las cárceles, que serán "sanas y limpias para redención y no para castigo"...etc

4. El Poder Ejecutivo tiene prohibido establecer impuestos, que son facultad exclusiva del Congreso.

5. Cualquier monopolio estatal o privado va contra la esencia de nuestra Constitución, ya que debe garantizarse la competencia en el ámbito comercial y la libertad en el plano periodístico. Esto supone una adecuada administración de los multimedios y -en el plano de los servicios, la energía, el transporte- la obligación de que los empresarios compitan entre sí para que el ciudadano (consumidor) no sea un rehén, sino el único soberano, como lo establece... la Constitución. Todas las democracias modernas mantienen a raya a los monopolios y oligopolios.

6. Yo sugeriría que, en una futura reforma constitucional, se estableciera que nadie puede ser reelecto nunca. Un solo período de duración razonable basta y sobra: ¿Para qué volver a la monarquía, al mayorazgo y las parentelas dinásticas? Creo que la mayoría del pueblo estará de acuerdo en que un solo político por familia alcanza: no debería permitirse que se postularan, para cargos electivos, parientes directos de funcionarios. Este ligero retoque constitucional cambiaría el mapa del país y la realidad de todos los partidos, que tienen la obligación de realizar -además- elecciones internas o primarias. Es la ley.

Lo que no prescribe la Constitución, lo manda la naturaleza, que dotó a la Argentina para ser una gran potencia agroindustrial. En realidad, ya lo es. Y no se trata sólo de algunos rebaños de vacas cimarronas que se multiplican por obra de Dios, sino de la garra, la tecnología, la inversión, el esfuerzo, la sed de cultura y de riqueza que puso en juego la población de nuestro país. Primero en el período 1880-1930, cuando después de 50 años de guerras civiles terribles entre unitarios, federales, indios y cristianos, el país arrancó, pasando de ser una de las naciones más bárbaras de la tierra a la séptima potencia mundial, prodigio de alfabetización, cultura y progreso. Todo en sólo 30 años. Este proceso fue encabezado por la llamada "oligarquía vacuna": las pocas familias que en 1700 poseían tiendas o estudios de leyes en Buenos Aires, Córdoba y Salta, y que luego se convirtieron en dueñas de grandes extensiones, desde los Alzaga Unzué hasta los Blaquier, desde los Pereyra Iraola hasta los Martínez de Hoz. Fue la época de la carne, el cuero, el trigo y el maíz. Las herencias cada vez más reducidas y los colonos italianos, alemanes, suizos, vascos e irlandeses hicieron que, al llegar el año 2000, nos encontráramos con otra clase agraria. Los famosos gringos de las chacras. Miles de ingenieros agrónomos, pequeños productores, técnicos en informática y dueños de campitos, con una laptop bajo el brazo y un mundo de fertilizantes, pesticidas, siembra directa y "pooles" de producción, hicieron el prodigio de la soja y los tambos, aprovechando los vientos a favor y también los vientos en contra (como buenos marineros) de los sucesivos gobiernos: Menem, De la Rúa, Duhalde, Kirchner.

Ya está todo inventado. Sólo hay que dejarlos trabajar, pues está permitido "ejercer toda industria lícita". Ellos saben. No van a estropear el país, pues hasta ahora lo han cuidado mejor que nadie.

La Constitución establece también sus garantías "para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar el suelo argentino". Estamos en deuda con una generación: la de 2001-2002, pues cientos de miles de argentinos se fueron del país en esa época por falta de oportunidades en nuestra tierra. Fue casi una estampida. Todos ellos están en los Estados Unidos, Italia, España, Israel, Inglaterra, Francia. Ninguno en Cuba, ninguno en Corea del Norte. Bien: nuestro país debe hacer un esfuerzo para generar oportunidades (en el interior, como quería Alfonsín) para que esta gente joven y capaz vuelva con nosotros, También tenemos una deuda con los pueblos aborígenes, derrotados en una guerra que terminó hace más de un siglo. Es hora de que el Inti Raymi se enseñe en las escuelas (con preferencia al Halloween) y que los descendientes de los nobles jefes históricos de nuestros paisanos (Coliqueo, Pincén, Painé, Inacayal, Sayhueque) tengan una tierra digna, un sistema educativo propio y el respeto que les corresponde como etnia fundadora. El mismo respeto que merecen los gallegos, los vascos, los napolitanos y los galeses.

Así pues, sospecho que el modelo-proyecto-plan está cantado y por lo tanto no abundaré más, siguiendo la advertencia del paisano: "No te cargués de achuras que se te va a dar vuelta el charré".

El texto fue enviado a lanacion.com el día 26 de junio, es decir antes de las elecciones legislativas

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