Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Las incógnitas que vienen

Por Paulino Rodrigues Especial para lanacion.com

Lunes 29 de junio de 2009 • 14:18
0

Néstor Kirchner se expuso más de la cuenta. Ningún ejército lleva a su general al frente del campo de batalla. Siempre es una apuesta demasiado arriesgada y tras una derrota no se vuelve. Sin embargo, Kirchner lo hizo. Las consecuencias son irremediables.

Su poder hacia dentro del PJ empezó a diluirse con el conteo mismo de los votos. Arrastró a la derrota a caciques del interior (por ejemplo a José Eseverri, que en Olavarría perdió a manos del Acuerdo Cívico y Social) y el Gran Buenos Aires que no hubieran arriesgado tanto de no ser por la impericia del Jefe que los obligó.

Además, a la gobernabilidad en algunos distritos no sólo la perdió Kirchner, sino también los intendentes que, en lugar de consolidar poder, ahora lidiarán con Consejos Deliberantes adversos, sin mayorías propias y con la necesidad de pactos no siempre fáciles, mucho menos baratos.

Aunque ciertamente una aclaración vale: la mayoría de los intendentes se las ingeniaron para quedar al margen de la derrota del Jefe. San Martín, Tigre, Mar del Plata y La Plata son ejemplos elocuentes. En estas dos últimas ciudades Kirchner quedó tercero, pero los intendentes ganaron. "Hicimos el funeral, pero no fuimos al entierro", graficó uno de ellos.

Kirchner perdió y con más de dos tercios en la provincia más importante del país. Además, su magro desempeño en Capital Federal (perdió la mitad de los votos que obtuvo dos años atrás); en Córdoba y Santa Fe, donde no llegó a un dígito, y en Mendoza, donde los candidatos de Julio Cobos finalmente doblegaron al gobernador Celso Jaque, afín al gobierno, dejaron al oficialismo un sabor sumamente amargo.Asimismo, la frutilla del postre dentro de un domingo para olvidar la dio la derrota en Santa Cruz del candidato oficial. Allí, Eduardo Costa, un empresario radical que construyó un amplio frente fue capaz de ganarle a Fernando Cotillo y a la propia esposa del gobernador Daniel Peralta, segunda candidata a Diputada Nacional que no accedió a la banca.

Por cierto, la elección dejó al ex presidente con límites explícitos. Kirchner ya no es alguien clave para el futuro. Ahora sentirá el peso del "ya fue" y sus plegarias no tendrán la misma impronta que hasta hoy. Se acaba el temor empresario, también social. Se termina la condescendencia. Incluso puertas adentro del PJ que mirará a Carlos Reutemann, tal vez Mauricio Macri u otra opción como Mario Das Neves o el propio José Luis Gioja, Juan Manuel Urtubey o Felipe Solá como alternativas para el 2011.

El Kirchner que viene debería ser más abierto, dispuesto a negociar, hábil en leer el resultado y garantizarse su estadía en Olivos hasta el último día. Pero su concepción del poder (desde los tiempos de Río Gallegos) pone un signo de interrogación ante la lógica. Primero porque conserva los atributos de atrevido y osado. Segundo porque lo obvio para él no rige y, tercero, porque el compartir el poder no es algo que sepa hacer. No es alguien con profundas convicciones de consensos. Ha sido un gran batallador en tiempos que la Argentina requería de alguien con autoridad. Hoy aparece autoritario. Su virtud es ser jefe. Mandar. Dar órdenes. Y que se las cumplan. Eso no ocurrirá de ahora en más.

Una argentina confusa dejó a Kirchner contra las cuerdas. De él dependerá su suerte. Cuentan que Sergio Massa, el jefe de Gabinete y cuarto candidato a Diputado Nacional, le apostó a los suyos y a periodistas de trato cotidiano que pagaba un asado si la victoria en Buenos Aires no era por 10 puntos porcentuales de diferencia con el segundo. Deberá cumplir y pagarlos. Esa miopía registraba el poder hasta ayer. La anécdota grafica cómo vislumbró Kirchner la elección y finalmente como quedó. También qué debe hacer y cuán grande es la cuenta a pagar. Si lo hará o no, ya se acerca al terreno de la ciencia ficción, no del análisis. Aunque no hay porque creer que un animal político no actúe en consecuencia ante la evidencia de la derrota. Es cierto, un animal político racional. Kirchner no siempre lo es.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas