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El espíritu de Cantona

PARA LA NACION
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Ezequiel Fernández Moores
Martes 30 de junio de 2009 • 11:55
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Eric Cantona ya le había dicho "idiota" a cada uno de los tres oficiales de la Federación francesa de fútbol que a fines de 1991 lo suspendían por tres fechas por haberle tirado la pelota en la cara al árbitro que lo había expulsado en un partido contra St Etienne. Los oficiales elevaron la sanción a dos meses. Tenía 24 años y anunció su retiro del fútbol. Cambió su decisión y se fue a Inglaterra. En su primera temporada fue campeón con Leeds y en las dos siguientes con Manchester United, cuyos hinchas ya lo llamaban "The King" (El Rey) o "God" (Dios). Pero el 25 de enero de 1995, cuando salía expulsado de la cancha de Crystal Palace, un joven de 20 años vinculado a grupos de extrema derecha, lo insultó. Cantona saltó desde el campo a la tribuna para darle una patada de kung fu que recorrió el mundo. Manchester United lo había suspendido por cuatro meses y multado con el máximo de dos semanas de salario. La Federación inglesa citó a Cantona y, recordando aquel episodio de 1991 ante el tribunal francés, Graham Kelly, uno de los dirigentes ante los cuales debía declarar, se reunió en privado con el jugador. Le aconsejó que pidiera perdón, que se disculpara ante todos por su actitud. Y allí fue Cantona: "pido perdón a todos, a mi club Manchester United, a mis compañeros de equipo, a los fans, a la Federación…y también quiero disculparme con la prostituta que compartió mi cama la tarde pasada". La suspensión aumentó a ocho meses, la multa a 10.000 libras. Además, lo condenaron a dos semanas de cárcel, que conmutó con 120 horas de servicio comunitario. Volvió al Manchester para ganar dos nuevos títulos de Liga, distinciones y retirarse campeón a los 30 años, porque ya no tenía más para dar y enojado porque el departamento de marketing del club quería convertirlo "en una mercadería".

Este personaje, elegido por los hinchas del Manchester como su mejor jugador del siglo XX, domina otra vez la escena en Inglaterra. Ya no como futbolista. Sino como actor y productor del film "Looking for Eric" (Buscando a Eric), estrenado hace unas semanas en Londres. Eric Bishop (un magnífico Steve Evets) está perdido en su rutina de empleado de correos. Añora un primer amor, divorciado por segunda vez y con hijos adolescentes que lo atormentan. Una tarde, después de fumar marihuana, se pregunta cuándo fue feliz por última vez y mira el poster que tiene en la habitación. Cantona luce allí arrogante, con el cuello de la camiseta levantado, su postal eterna en el Manchester. Eric Bishop se da vuelta y a su espalda se le aparece el gran Eric. Cantona. El futbolista hace de sí mismo. Sus consejos, un compendio de filosofía futbolera, ayudan a Bishop a reencauzar su vida. No corresponde que cuente la película. Pero temo que "Looking for Eric" jamás llegue a la Argentina, como aún hoy ocurre con las otras dos películas futboleras que, igual que la de Cantona, se presentaron en el Festival de Cannes de 2007 y 2008 . No vimos todavía en Buenos Aires "Zidane: A 21st Century Portrait", un documental artístico que sigue al ex crack francés con 17 cámaras en un partido en el Santiago Bernabeu, poesía pura, para muchos el mejor filme de fútbol. Y tampoco vimos "Maradona by Kusturica". Por eso, les cuento una escena más: el momento delirante en el que unos doscientos hinchas del Manchester se bajan cantando de los micros "oh ah Cantoná", se colocan máscaras del gran Eric y se aprestan a salvar a su amigo Eric Bishop, acosado por un mafioso. Vi "Looking for Eric" en una sala de Notting Hill. Todos saltamos de los asientos con la escena. Cualquiera que ame el fútbol, pero también la unión solidaria entre los más débiles, se emociona ante uno de los films que mejor refleja el espíritu de un juego que vivirá este domingo aquí, con la definición del Clausura, una nueva página de emociones y dramas, que no borran ni la violencia del barra ni la del dirigente corrupto.

Cantona, de 42 años y que se dedica al cine hace ya más de una década, pensó primero en una película más ingenua sobre su relación con los hinchas. Fue a ver a Ken Loach, de 73, un cineasta que ama el fútbol, al punto que aportó dinero para salvar y ser accionista del Bath, el club de la hermosa ciudad medieval en la que vive junto con Lesley, su esposa desde hace 47 años. Loach, que hace años rechazó una distinción de la Reina Isabel "porque el Imperio Británico es un monumento de explotación y conquista", es famoso por sus películas sociales, de clase obrera y actores desconocidos. En muchas desnudó también su amor por el fútbol, como la del alcohólico desocupado Joe, entrenador de un equipo de mala muerte en el film "Mi nombre es todo lo que tengo". Paul Laverty, el guionista de Loach, fanático del Celtic, dio vuelta la idea original de Cantona. "ManU-fique!", respondió, genial, el ex futbolista de Manchester United. A Loach le gusta el fútbol audaz. Como sus películas, en las que se niega a mostrar el guión completo a los actores. Evet (el Eric del correo) no sabía que el propio Cantona actuaría hasta que se dio vuelta en plena filmación y vio al original. "I am not a man. I am Cantona", le dice el ex jugador a su admirador. Cantona, con su inglés forzado, repitió la frase cuando presentó el film en Bath, donde recaudó dinero para el club de Loach. El francés aprovechó el escenario de ese club modesto para afirmar que allí está el verdadero espíritu del fútbol y no en los millones obscenos de la Premier League. Loach lo refleja. Erich Bishop y sus amigos son del FC United, la agrupación de hinchas opuestos a que su club haya caído en manos de un magnate de Estados Unidos. No quieren pagar boletos de 50 libras y que los obliguen a permanecer sentados y casi sin gritar. "Ir hoy al fútbol en Inglaterra es como ir a la ópera -me cuenta el sociólogo Gary Armstrong mientras me pasea por el imponente Emirates Stadium, del Arsenal- los viejos y fieles hinchas ahora van al pub".

Foto: Domenech

Cantona, cuya calidad no fue la misma en la selección francesa ni en las copas europeas, se ríe de sí mismo. Una de sus frases más famosas, ironizada en la película, la pronunció tras la suspensión por la patada de kung fu. Decenas de periodistas fueron a la conferencia. Su única frase, en medio de una pausa para tomar agua, fue: "Cuando las gaviotas siguen una barca pesquera es porque piensan que van a arrojar sardinas al mar. Gracias". Y se fue. La prensa debatió largamente sobre el significado. "Quise poner un espejo ante los periodistas y decirles simplemente que lo que había sucedido no era tan serio", dice ahora Cantona. Para Loach, las gaviotas son los periodistas, la barca es Cantona y las sardinas las frases del jugador. "Lo genial fue que se lo haya dicho a escritorzuelos que luego exprimieron sus cabezas preguntándose qué había querido decir". Loach muestra en el film algunos de los mejores goles de Cantona. Pero el propio jugador le dice al Eric empleado que su mejor jugada no fue un gol, sino un pase que dio a Ryan Giggs ante Tottenham Hotspur. "El gol es un acto individual, pero el pase es a un colega. Yo no creo en un Dios, sino en la fuerza colectiva de la gente y el fútbol es un deporte colectivo", cuenta Loach. El recuerdo de Cantona es real. Y Laverty incluye ese pase a Giggs en la película. El guionista cuenta que Loach fue el único que se interesó por sus historias cuando era abogado de una ONG en Nicaragua, donde debió negociar, por ejemplo, "con niños de 16 años financiados por la CIA que habían secuestrado a un sacerdote". Laverty, cuya experiencia en Nicaragua sirvió a Loach para filmar "La canción de Carla", contó que años después se juntó con ex sandinistas y "contras". Trabajaron juntos para paliar los efectos de la guerra. "Cuando matábamos -le decían- nos llegaban millones de dólares y ahora, que intentamos construir la paz, no nos dan nada". Laverty ama la fuerza colectiva del fútbol. Y ama al ser humano. Porque "todo ser humano -afirma- es una máquina de esperanza".

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