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El e-mail y los menores de edad

Un reciente fallo autoriza a los padres a controlar los e-mail de sus hijos menores en el ejercicio de su responsabilidad paterna

Domingo 05 de julio de 2009
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La incorporación de ciertos avances tecnológicos (entre ellos, el uso del correo electrónico como instrumento personal de comunicación) puede crear confusiones o visiones equivocadas en lo que atañe a la relación entre los diferentes sujetos de derecho que actúan en la órbita de una misma familia.

Por eso corresponde celebrar el clarificador criterio que acaba de consagrar un reciente fallo de la Cámara del Crimen, según el cual los padres tienen derecho de revisar o controlar los e-mail de sus hijos como parte de las responsabilidades inherentes al ejercicio de sus deberes de paternidad.

El pronunciamiento se produjo con motivo de un proceso en el que un padre de familia, después de haber revisado el correo electrónico de su hija de trece años, acusó judicialmente a un tercero de haber perpetrado un intento de abuso sexual, sin acceso carnal, contra ella. El acusado, al interponer su apelación ante la Cámara, sostuvo que el padre de la menor había violado el artículo 161 de la Convención de los Derechos del Niño, según el cual "ningún menor podrá ser objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada".

En su acertado pronunciamiento, el tribunal dejó en claro que esa "injerencia arbitraria" a la que se alude en la mencionada convención internacional no comprende la que legítimamente les corresponde a los padres de familia en el normal ejercicio de la patria potestad y en el adecuado control que la ley les confía sobre la educación y sobre la formación de sus hijos menores de edad. El tribunal llegó a esa conclusión después de haber oído a profesionales de un equipo hospitalario especializado en ataques sexuales a menores de edad.

El correo electrónico es parte, en nuestro tiempo, de la realidad cotidiana de cualquier persona y de cualquier grupo familiar. La privacidad de su manejo no puede ser solemnizada o exagerada hasta el punto de obstaculizar la vinculación que debe existir, en condiciones normales, entre los integrantes de una misma familia. De lo contrario, se establecería una incomunicación difícil de conciliar con el cumplimiento de las obligaciones correspondientes a la institución de la patria potestad. Desde luego, el ejercicio de esas obligaciones debe responder en todo momento y en toda situación a los criterios consagrados por el sentido común y por un equilibrado respeto a los principios de razonabilidad y normalidad que rigen y dignifican la relación entre padres e hijos.

El correo electrónico de un menor de edad no debe quedar expuesto a una publicidad exagerada, incompatible con el mínimo nivel de reserva y privacidad que toda persona tiene derecho de exigir. Pero no debe convertirse tampoco en un huésped que provoque zonas de compartimentación e incomunicación lesivas para el espíritu de unión familiar y la calidad de una relación normal y respetuosa entre padres e hijos.

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