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Los detectives de la Justicia

Qué, cómo, cuándo y quién lo hizo. Detrás de estos interrogantes trabajan los fiscales de los casos que conmocionan a la sociedad. LNR siguió sus pasos

Domingo 12 de julio de 2009
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LA NACION

Engañado. Así comenzó su carrera en la Justicia. Era 1979, y, con la promesa de que cobraría juntos todos los sueldos como meritorio, la mesa de entrada del Juzgado de Instrucción N° 21 sentenció la vocación del joven que recién dejaba los estudios secundarios.

Los expedientes acumulados le llamaron la atención. Se detuvo en los llamados NN, esos de los que se desconoce el autor. Las fojas que se archivaban, sin resultados, construyeron los cimientos de una utopía: había que hacer algo para cambiar la realidad. Y fue el inicio de una carrera, impensada hasta ese momento.

"Miraba los expedientes y pensaba, qué feo esto, qué grave. Por querer saber más, para poder ser algún día secretario de un juzgado, me puse a estudiar derecho, carrera que sufrí." Así recuerda cómo empezó todo José María Campagnoli, fiscal de instrucción porteño, ex subsecretario de Seguridad Interior de la Nación y a cargo de la fiscalía descentralizada de Saavedra-Núñez desde 2006. Con 48 años, está casado y es padre de cuatro mujeres y de un varón y, ahora, es aficionado al squash -jugó al rugby hasta los 32 años, deporte que le dejó todas las lesiones típicas de un pilar.

Hace casi dos años su nombre se imprimió centenares de veces en los medios gráficos de comunicación y su cara apareció en cuanto canal de noticias hubiera. Fue el fiscal encargado de investigar el brutal asesinato de Gonzalo Acro, barrabrava de River Plate. Su pesquisa permitió desenmascarar a "Los Borrachos del Tablón", como se conoce a los violentos hinchas millonarios, así como la pelea por el poder y el dinero que deja el negocio sucio del fútbol. Los hermanos Alan y William Schlenker están presos acusados de ser los autores intelectuales del crimen.

Llegó a ser funcionario nacional en 2003, de la mano del fiscal Norberto Quantin y de Gustavo Beliz, cuando éste asumió el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos en los albores de la gestión kirchnerista.

Su día más difícil en la función pública fue la madrugada del 26 de junio de 2004: Luis D´Elía había tomado la comisaría 24ª de La Boca como protesta por el homicidio de Martín Cisneros, de la Federación Tierra y Vivienda (FTV). El dirigente social estaba convencido de que los asesinos tenían protección de las autoridades de la seccional policial. Campagnoli negoció una salida pacífica que duró casi 9 horas. Pero eso le valió una investigación que aún hoy continúa abierta en la justicia federal; le imputan haber desoído la orden de la jueza María Angélica Crotto, que había pedido el desalojo inmediato.

¿Qué siente cuando resuelve un caso?

-No puedo decirte "alegría", porque estamos laburando en cosas malas que le pasan a la gente.

-¿Y con aquellos para los que no hay aún respuesta?

-Siempre los tengo presentes. Y siempre está la esperanza de que me va a llegar un indicio, una prueba. Como en el caso Yaconis. Permanentemente estamos viendo cuando hay un violador detenido, cuando hay comparación de ADN; no somos una fiscalía que baje los brazos. (N. de la R.: la adolescente Lucila Yaconis fue abusada y asesinada en abril de 2003 en el barrio de Núñez. Su cuerpo fue hallado en un terraplén cercano a las vías del ferrocarril Mitre. Aún no hay detenidos y la madre de la víctima, Isabel Yaconis, criticó la investigación). Apunto a poder hacer nuestro mejor baile en cada caso, lo más profesional, todo lo que está a nuestro alcance. Ese es el compromiso.

Los Centauros

Junto con Adrián Jiménez, Marcelo Munilla Lacasa, Lucio Herrera y Ana María Yacobucci (que el año pasado tuvo que investigar el triple crimen ocurido en General Rodríguez), Campagnoli integró un grupo de fiscales bautizado por la prensa como "Los Centauros". El padre de esa criatura era Quantin. Lucharon por la descentralización de las fiscalías para que la Justicia estuviera más cerca de los barrios, pero, sobre todo, se los conoció por su afán de pelear contra la corrupción e investigar a los poderosos.

En 1993 Los Centauros iniciaron causas de oficio que tuvieron gran repercusión. Tuvieron a su cargo los expedientes de los retornos del PAMI y la corrupción en el desaparecido Concejo Deliberante porteño. La investigación terminó con el primer funcionario condenado a 8 años de prisión, el entonces presidente de ese cuerpo, José Manuel Pico.

"Los Centauros eramos secretarios acostumbrados al fogueo del juzgado de instrucción. Le dimos un impulso diferente a la tarea del fiscal, hicimos cosas que antes no se hacían, como allanar la calle Libertad, secuestrar miles de estéreos y detener ahí mismo a quienes iban a vender los aparatos robados. O Warnes: la recorrimos con helicópteros. Uno sabe lo que pasa ahí, nosotros también los sabíamos, pero ahora que comenzábamos nuestra tarea de fiscales podíamos hacer algo. Investigamos sobre lo que todo el mundo sabía, como los prostíbulos de alto vuelo en la avenida Santa Fe y Pueyrredón, no por moralina, sino porque eran vidas perdidas, lo más parecido a la esclavitud. Uno sabe que hay connivencia policial, pero a veces no se puede probar."

En 1995, tras varios procedimientos que sacudieron la primera presidencia de Carlos Menem, la vida de Los Centauros terminó por decisión del entonces procurador Angel Agüero Iturbe.

-¿Cómo encaran una investigación, hay un protocolo por seguir?

-La experiencia te da la pauta, depende de cada caso y etapa. Tratamos de estandarizar, sobre todo para los nuevos chicos que se incorporan a la fiscalía, para que puedan seguir una forma de actuar.

A diferencia de otras fiscalías, que están de turno 15 días cada dos meses, las descentralizadas (además de la de Saavedra- Núñez, las de La Boca-Barracas y Pompeya-Parque Patricios) lo están todo el año, las 24 horas.

La de Campagnoli tiene jurisdicción sobre las comisarías 35°, 39°, 49° y 51°; cubre un radio que va desde el aeroparque metropolitano hasta el Parque Sarmiento y, como si fuera poco, la General Paz: la más rápida vía de escape que usan los delincuentes para huir también es área de Campagnoli.

-¿Alguna vez pensó en ser juez?

-No, a mí me gusta ser fiscal. Y de instrucción. El juez está más acotado en un montón de cuestiones, me parece que la tarea de fiscal de instrucción tiene que ver más con la acción, es un trabajo más detectivesco. El fiscal tiene que representar claramente los intereses generales de la sociedad, equilibrar la balanza del más débil contra el más fuerte. Y puede dar pelea. No desmerezco ningún trabajo, pero a mí me gusta la investigación. Los jueces se van transformando como en árbitro que dice sí o no.

La experiencia en fiscalías descentralizadas (trabajó también en la de La Boca) lo convenció de que la iniciativa valió la pena, que el fiscal tiene una mayor exposición por la proximidad con la gente y que el elogio y la crítica están a la par. "La gente sabe hasta qué hora está la luz encendida", explica, y recuerda con orgullo que "cuando quisieron cerrarla fueron los vecinos los que protestaron con corte de calles."

-¿Qué poder ejerce una fiscalía sobre la policía?

-Tiene injerencia, pero no la manda.

-¿Los fiscales tienen herramientas suficientes para trabajar?

-Nos falta impresora color [se ríe]. No me quejo, si tuviese más cosas, genial. La cuestión no pasa por falta de herramientas, pasa por falta de vocación de servicio o iniciativa. Si yo tuviese impresora color, las fotos que bajo estarían más lindas en los expedientes o gastaría menos plata en la fotocopiadora de la calle Balbín [vuelve a reír]. Una herramienta que sí haría la diferencia es una policía judicial (ver recuadro).

Las jornadas en la fiscalía pueden extenderse mucho más allá de lo que reza el cartelito en la entrada, "de 7.30 a 13.30". El caso Acro, por ejemplo, representó más de 18 horas diarias de trabajo. Campagnoli está orgulloso de su equipo de más de 14 jóvenes y destaca la labor del secretario Ignacio Rodríguez Varela. Fueron ellos quienes, con la confección de un registro fotográfico de los delincuentes, crearon el mapa y censo de delincuencia del barrio, entrecruzando los datos de los hechos recientes con los de las personas que los jueces procesan por delitos.

El robo de autos y a casas son los delitos que más se repiten, además del "cuco" que puso en boca de todos al barrio: las violaciones. Desde 2007 hasta la fecha y según la presidenta de la ONG Ayuda a Víctimas de Violación (Avivi), María Elena Leuzzi, hubo 29 hechos de violación en la zona. Campagnoli tiene otra lectura: "Pasa en muchos lugares, no es sólo acá. Pero cuando algo que sucede es publicado, la gente se identifica. Si soy de Belgrano y hay hechos en Núñez, me altero. Si vivo en Mataderos, no me asusto. Buenos Aires es una ciudad muy grande, hay hechos aberrantes y muchos no salen a la luz, que creo que es mejor, porque uno viviría cagado en las patas todo el tiempo".

Según una auditoría ordenada por el procurador general de la Nación, la distrital de Saavedra es la fiscalía que más apela. "Somos una fiscalía activa", señala su titular.

-¿Tuvo miedo?

-No. Uno puede ser prudente frente a algunos casos y tomar medidas de seguridad, pero miedo, no. Creo que cumplo con mi deber; mi función es investigar. Si uno respeta reglas claras, no tiene por qué temer. Yo persigo a un chorro, el chorro sabe que tengo que hacerlo. El problema está si al perseguirlo busco algún beneficio.

-Con el caso de los barras de River, ¿hubo amenazas?

-No. De todas formas, creo que el que avisa, no hace, y que el que hace, no avisa.

-¿Alguna vez pensó que se había equivocado de carrera?

-Hay días en que estoy más eufórico y trabajo tratando de cambiar el mundo desde Saavedra. Ese mismo día me llegan 3 cédulas y rebotes de Cámara y me canso. Justo tengo que pagar los útiles del colegio de mis hijos y me cruzo con un ex compañero en su 4x4 que tiene el estudio en Puerto Madero y bueno...Yo quería ser un Iggy Pop.

Paranoia en Barrio Norte

Entre noviembre y diciembre pasados se vivieron días de miedo en la Recoleta. Una serie de ataques sexuales en las entradas de los edificios y en algunos comercios puso en alerta a las vecinas. La ola de paranoia llegó a la fiscalía, con denuncias y llamadas de todo tipo, sobre todo cuando se difundió un identikit de un sospechoso (sólo tenía el 65 por ciento de similitud con el agresor). María Cristina Caamaño, a cargo de la fiscalía N° 4, estaba de turno.

"Contamos los móviles policiales para sacar fotocopias y que todas las comisarías aledañas tuvieran la foto. Pero, al día siguiente, nos sorprendió verlo publicado en los medios. Si algún tipo aparecía, yo no podía avanzar en la investigación, porque una cosa es cuando estás buscando a Juan Pérez y otra cuando es un NN. Podría haber pasado que al que apresaran dijera: no, a mi me agarraron porque soy parecido a ése". Así recuerda la fiscal cómo se filtró el fotofit del presunto violador.

Días después se presentó en la comisaría de la zona un joven asustado, porque se parecía al hombre del identikit que circulaba como agua. Un policía le dijo que se tranquilizara, ya que él tenía el cabello corto, a diferencia del de la imagen. Lo que desconocía el oficial es que el muchacho se había rapado para diferenciarse del sospechoso. Esta fue sólo una de las consecuencias de la difusión de la imagen. "Se llegó a una caza de brujas, que es lo opuesto a lo que yo buscaba", explica Caamaño en su despacho.

"Una mujer llegó incluso a denunciar a su sobrino; una chica, a su compañero de trabajo. Les preguntamos si eran 100% iguales. Como respondieron que sí, supimos que no se trataba de quien buscábamos."

La fiscal analiza el rol de los medios de comunicación y dispara: "No le quito gravedad a lo que pasó en Recoleta con los abusos sexuales, pero hay hechos aberrantes en otros lugares de la ciudad que no salen publicados en ningún lado". Un ejemplo, opina, son los casos de abuso de niños cometidos por sus padres.

Caamaño es madre de dos hijos de 23 y 26 años. Es divorciada y ahora está en pareja. Ingresó en la fiscalía en 1990 como secretaria y en 2005 asumió la titularidad. Se recibió "de grande. Uno de los embarazos fue complicado, tuve que hacer reposo y por eso me atrasé en el estudio", recuerda.

La abogada gesticula y su voz gastada se presta a la entrevista, al mismo tiempo que atiende su teléfono celular y el de línea de la oficina que no para de sonar. "Yo viví la dictadura, quería estudiar filosofía y mis padres no me lo permitieron. Para ellos filo era una cueva de comunistas. Entonces, miré los programas de estudio, y Derecho tenía algo de filosofía y de sociología. Y Penal, de hecho, tiene mucho de socio".

A diferencia de otros colegas, ella atiende el turno de la fiscalía en su celular, a cualquier hora. Y siempre le gusta ver el lugar del hecho. "No me ubico sólo con la foto, el video; quiero estar, ver los detalles. Ahí es cuando vas a hablar con el vecino, que primero no escuchó nada y después le parece que sí. Encontrás un cable cortado, y así surgen indicios", dice.

-¿Le quedó la sensación de "pendiente" con algún caso?

-Sí. Un homicidio de una chica de 21 años, hace como 10 años, en una biblioteca socialista de La Boca. Me quedó siempre la duda de quién la había matado. Ella hacía la limpieza e iba a determinado horario. Cuando llegamos la habían cambiado de posición; la policía no me avisó. Cuando me llegan las fotos, veo que estaba tirada en el piso en una posición distinta a la que me habían comentado. Estaba como una bailarina. Nunca pudimos avanzar. Habían tocado tanto la escena del crimen, estaba tan contaminada...

La actividad no termina en el despacho de la calle Paraguay. Caamaño es amante de la docencia y de la investigación criminal; ya escribió 4 libros y ahora avanza en la redacción de un manual para presos extranjeros. Dirige el Centro de Estudios de Ejecución Penal del Instituto de Ciencias Penales y Sociales, es docente en la Universidad de Buenos Aires, en la de Madres de Plaza de Mayo y en el Centro Universitario de Devoto (CUD).

-Los egresados del CUD, ¿son buenos abogados?

-Sí. De hecho, después los tengo acá, vienen como abogados querellantes o defensores de acusados.

Charly García y su Me siento mucho mejor interrumpe la charla. Es el ringtone del celular de Caamaño. La esperamos, junto a Eugenio Zaffaroni y Fidel Castro, que la abrazan en dos fotos diferentes en una mesa ratona.

A ella le gusta que la gente, tanto las víctimas como los acusados que llegan a la fiscalía tengan contención especial. "Es importante la calidez humana y buen trato. Es lo que les marco a los chicos [su equipo], porque ya sea un imputado o un familiar de una víctima o quien sea, hay que tratarlo bien y darle la información que solicita dentro de lo posible. Necesitamos de esa persona para investigar", sostiene, convencida.

-¿Es feliz con su trabajo?

-Sí, no es rutinario, mucho menos cuando estoy de turno: me pueden despertar a cualquier hora por un hecho grave...

Para Caamaño, la mayoría de la gente no cree en la Justicia. "Evidentemente hay fallas, son pocas las causas que llegan a juicio", dice. Sin embargo, no claudica, y arma su escritorio en cualquier taxi. "No quiero tener auto porque el viaje es un tiempo que me sirve para leer, corregir y armar escritos."

El robo del siglo

El tiempo que pasa es la verdad que huye, sostuvo el criminólogo francés Edmond Locard. Pero un boleto de colectivo, un cabello, un rastro de semen y entrecruzamientos de llamadas telefónicas pueden colaborar para atrapar a la verdad que trató de escapar y resolver un homicidio u otro hecho delictivo.

Así piensa Jorge Ariel Apolo, que fue fiscal del Departamento Judicial de San Isidro hasta noviembre de 2008, cuando juró como juez de Cámara del Poder Judicial de la Nación.

Apolo tiene 45 años, está casado y es padre de dos hijos. Ingresó en la Justicia a fines de 1982, en un tribunal oral de Lomas de Zamora. En 1985, consiguió un traslado a San Isidro, donde ganó por concurso su cargo de fiscal.

El 7 de enero de 1999 fue designado en la UFI (Unidad Funcional de Instrucción) N° 6, hasta julio de 2003. Entonces pasó a la fiscalía descentralizada de Martínez, donde se desempeñó hasta su nombramiento como juez.

- ¿Cómo definiría la tarea del fiscal?

- A partir de la reforma del código procesal (1998) el fiscal es el director del proceso, el que se encuentra a cargo de la acción pública y dirige la investigación. En definitiva, es el que realiza la reconstrucción histórica de los hechos y trata de llegar a la verdad, al descubrimiento de cómo sucedió.

No hay nadie

El 13 de enero de 2006, en Acassuso, un grupo de delincuentes sorprendió a la policía y a la opinión pública por igual. Simulando una toma de rehenes en la sucursal del por entonces Banco Río, saquearon 145 de las 405 cajas de seguridad. Y escaparon. Por un túnel. La construcción de la vía de escape de 15 metros les llevó varios meses, parea eso habían alquilado una casa. Los "boqueteros" se llevaron un botín por demás suculento: 8 millones de dólares, joyas, alhajas de oro, brillantes y piedras preciosas, entre otros objetos de valor.

Apolo fue el director del proceso, acompañado por Eduardo Vaiani, Duilio Cámpora y Fabián Brahim. Cuando la policía y él lograron ingresar en el banco la escena era desconcertante. De los ladrones, ni rastros. No había nadie. Como si se hubieran desmaterializado. La respuesta estaba en un boquete de 50 por 30 centímetros, detrás de un escritorio. El boquete estaba en la sala de máquinas, situada al lado del tesoro. Conducía a un pozo de 1,80 de profundidad que los llevaba al desagüe pluvial.

En febrero de 2010, Rubén De la Torre, alias "Beto"; Julián Zalloechevarría, alias "el Gordo Julián"; Sebastián García Bolster, alias "el Ingeniero", y Fernando Araujo, irán a juicio oral, acusados de robo doblemente calificado y agravado por el uso de armas de fuego. El presunto quinto integrante de la banda, Mario Vitette Sellanes, fue detenido el 27 de marzo de este año al intentar robar un departamento de Figueroa Alcorta y Tagle.

En su nuevo rol de juez de Cámara, Apolo es reacio a opinar sobre la investigación del robo del siglo. Es que al no formar ya parte de la fiscalía a cargo de la instrucción prefiere no hablar sobre un expediente a punto de entrar en juicio. Pero aclara que fue una investigación compleja.

Solemne y medido en sus palabras, Apolo no suelta el mate. "Lo tomo amargo, como se debe", explica el vecino de Martínez. Su casa está a pocos metros de la fiscalía donde pasaba la mayor parte de las horas del día.

Como Caamaño, Apolo se dedica también a la docencia: es titular de cátedra de Práctica Forense Penal de la Universidad del Salvador.

"La actividad del fiscal siempre me gustó, sobre todo después de la reforma del Código Procesal Penal, en 1998", cuenta el ahora juez, que antes de asumir su actual función tuvo otra investigación que pareció sacada del libreto de un película de Hollywood: la masacre de dos presuntos narcos colombianos, que fueron asesinados en julio pasado en la playa de estacionamiento de un shopping de Martínez. Un compatriota de las víctimas, Julián Jiménez Jaramillo, sobrevivió al ataque y, ahora, volvió a vivir a Colombia.

Además, a lo largo de sus años de fiscal en San Isidro, Apolo debió investigar casos de violadores seriales. El año pasado, antes de dejar su cargo en el Ministerio Público Fiscal, junto con su colega Diego Grau, tuvo que instruir la causa de un homicidio que conmovió a los vecinos de San Isidro: Ernesto Mata, un reconocido y querido comerciante, fue asesinado a quemarropa por delincuentes que le habían robado una importante suma de dinero. Faltaban pocas horas para festejar el Día del Padre. Los presuntos autores del crimen están presos y durante este año serán juzgados.

-¿Es difícil investigar para un fiscal?

-Hay mecanismos que uno utiliza en las investigaciones. Toda investigación tiene que estar respaldada por las pruebas. Uno determina cuáles son las pruebas necesarias conforme al asunto que se investiga. Lo importante es estar en el lugar del hecho para tener elementos conducentes.

¿Cómo define sus diez años como fiscal?

-Estoy satisfecho por el trabajo realizado y tengo un excelente recuerdo de esa etapa.

Apolo no tiene dudas de que para la tarea de fiscal "es indispensable tener una gran vocación". Lo mismo vale para su nueva función de juez, donde tiene que resolver los casos, aunque ahora lo hace en los juicios esperando las pruebas elevadas por fiscales que, como él, intentaron atrapar la verdad antes de que el tiempo la ayudara a escapar.

La deuda

María Cristina Caamaño y José María Campagnoli coinciden en la necesidad de una policía judicial para poder tener mayor independencia en las investigaciones.

Para Caamaño, "deberíamos tener una policía judicial, capacitada, y también poder desburocratizar lo de los escritos [presentaciones, procesamientos, indagatorias]. Deberíamos recavar información, hacer pequeñas entrevistas y mandar a juicio. Lo importante es el juicio oral, es ahí donde se debería medir qué es lo que sucedió, no nosotros en la instrucción. Cuando llega a juicio lo que se hace es reproducir lo que hicimos nosotros: estamos haciendo dos veces lo mismo. Debería ser más ágil, sin tanto papel".

-¿Cómo es investigar con la Policía Federal?

-José María Campagnoli (JMC): es una policía que está ausente de motivación y abarrotada de hechos. Nunca vamos a ver una causa de corrupción que se inicie en la policía. Si quiero investigar corrupción ahí, ¿cómo hago? Los fiscales deberíamos contar con una policía judicial, que tenga un director independiente, civil en lo posible.

-¿Se creará?

-JMC: no, creo que nunca. A nadie le interesa. En nuestro paso por el Poder Ejecutivo tuvimos varias iniciativas en ese sentido (N. de la R.: el 19 de abril de 2004 Beliz presentó un mega plan contra la inseguridad que incluía la creación de una policía judicial, entre otros puntos. La mayoría de las propuestas nunca llegaron a buen puerto). Un fiscal puede investigar lo que quiera, yo no le debo nada a nadie y soy independiente. Habrá cosas que no las puedo hacer del todo bien porque me falta inteligencia, o quien pueda hacer trabajo de campo para mí. Pero el tema de la independencia es central. Si tenés una policía que depende del Ejecutivo y éste va a bajar línea sobre los casos que se van a investigar y los que no, y vos como fiscal independiente de ese poder querés hacer una investigación que puede llegar a comprometer a alguien, no vas a poder... Entonces, ¿con quién lo hacés? ¿Con los Power Rangers? Es la realidad, es lo obvio. Difícilmente, el Estado se investigue a sí mismo.

El desafío de la Justicia

La eliminación del llamado "juez instructor" fue uno de los grandes logros de la reforma procesal implementada en la provincia en el año 1998.

El juez perseguía y juzgaba, relegando al fiscal a un rol decorativo, de allí que se acuñara la frase Debajo de Dios, el Juez .

Cualquier proceso -penal, civil-, para ser constitucional, debe contar con un juez imparcial, con lo cual no puede estar en la posición de parte ( impartialidad ), debe carecer de todo interés subjetivo en la solución del litigio (imparcialidad) y debe poder actuar sin subordinación jerárquica respecto de las dos partes ( independencia ).

De volver al juez instructor, se lo colocaría al lado de uno de los interesados -el fiscal- para enfrentar al otro -el acusado-, perdiendo la necesaria objetividad.

En un sistema acusatorio se limitan los poderes del juez, y es su característica más trascendente el diferenciar entre quien acusa y quien juzga, circunstancia propia del sistema inquisitivo. Otorgar amplios poderes al juez significa recurrir a esas ideas políticas que tienen en común una concepción antiliberal o, si se prefiere, propiciadora de los poderes del Estado y, en el último caso, totalitarista.

La recolección de prueba debe ser responsabilidad del fiscal y nada se lograría con una revisión de este esquema.

El desafío de hoy está en desformalizar la etapa investigativa para que, sin mengua de los derechos del procesado, el fiscal pueda rápidamente presentar su caso ante un juez -a semejanza del sistema americano-, quien garantizará el debido proceso.

Ante la inseguridad ciudadana, la tentación totalitaria es grande, pero retrogradar conquistas de la República no es la respuesta.

El fiscal debe investigar y acusar -con un control jurisdiccional de constitucionalidad- y el juez se debe limitar a juzgar sobre la base de lo afirmado por las partes; sólo así existirá un proceso según nuestra Constitución e instituciones republicanas.

Por Federico Domínguez Presidente de la Cámara de Casación Penal Bonaerense

Cuándo y a quién llamar

A la fiscalía

Para denunciar cualquier delito. Para saber cómo sigue un caso, si se hizo una denuncia en la policía. Cuando la respuesta policial ante un caso resulta inadecuada.

A la policía

Ante una situación urgente: un ladrón en la puerta de casa. Cuando hay personas o situaciones extrañas, en el barrio o cerca de casa. Para hacer cualquier tipo de denuncia.

¿Dónde encuentro mi fiscalía?

En todo hecho en el que interviene la policía hay un fiscal y un juez de turno.

Hay sólo tres fiscalías barriales para delitos criminales (no contravenciones):

Saavedra/Núñez (comisarías 35ª, 39ª, 49ª y 51ª): Arias 4491, 4545-2530/2522

La Boca/ Barracas (comisarías 24ª y 26ª): Paseo Colón 1534, 4300-2211

Pompeya/ Parque Patricios (comisarías 32ª y 34ª): Almafuerte 33, 4911-0456

El resto de las comisarías de la ciudad trabajan cada 15 días con una fiscalía distinta (la de turno). En las seccionales policiales se puede averiguar cuál corresponde.

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