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La revolución filosófica que murió por congelamiento

Cómo la Guerra Fría transformó la filosofía de la ciencia (Universidad Nacional de Quilmes) propone la tesis de que el empirismo lógico fue un proyecto con ambiciones culturales y sociales que luego abandonó debido a presiones propias de la situación política de los años 50

Sábado 18 de julio de 2009
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Por George A. Reisch

El empirismo lógico es objeto de especial atracción para los interesados en la historia de la filosofía de la ciencia. Como las viejas fotografías de tono sepia de los ancestros que hicieron posible nuestras vidas al sobrevivir a las guerras, a las emigraciones y a las vicisitudes propias del paso del tiempo, el empirismo lógico cuenta con el nostálgico encanto de los humeantes cafés vieneses donde tomó forma gran parte del movimiento, más de ochenta años atrás. El marco y la historia son muy atractivos. En la Viena de Freud, Schönberg, Wittgenstein y otras luminarias del siglo XX, los filósofos, matemáticos y lógicos que conformaron el Círculo de Viena estaban rodeados por la creatividad intelectual. Ellos mismos estuvieron al frente de los apasionantes desarrollos del siglo en física y lógica. Los miembros principales fueron Moritz Schlick, Rudolf Carnap, Kurt Gödel, Philipp Frank y Otto Neurath, mientras que sus colegas y partidarios en Europa y los Estados Unidos incluían a Hans Reichenbach, Carl Hempel, Ernest Nagel y W. V. O. Quine. Hasta la disolución y desaparición del círculo a comienzos de la década de 1930, estos líderes de la filosofía del presente y del futuro se encontraban regularmente en la Universidad de Viena y en diversos cafés para debatir sus ideas acerca del conocimiento, la ciencia, la lógica y el lenguaje. Al tiempo que sorbían café y encendían sus pipas, inflamaron nada menos que una revolución en filosofía y nos legaron la disciplina ahora conocida como filosofía de la ciencia.

La nostalgia, desde luego, acarrea poco peso filosófico. La mayoría de los filósofos contemporáneos, no importa cuánto puedan apreciar al empirismo lógico como el movimiento fundador de su profesión, acuerda con que en las décadas de 1950 y 1960 el empirismo lógico fue desenmascarado como un catálogo de errores, malinterpretaciones, e hipersimplificaciones acerca de la ciencia. De manera más notoria, los cafés de la década de 1920 han dado lugar a tazas de café espumante y luces fluorescentes de hoteles corporativos donde los filósofos de la ciencia, representando ahora a un campo académico bien establecido, se reúne para interconectarse, debatir asuntos y llevar adelante temas afines a la educación superior.

Ernest Nagel
Ernest Nagel.

Con todo, recientes investigaciones han mostrado que el viaje de la profesión desde los cafés europeos hasta los hoteles corporativos involucró más que un crecimiento de la membresía, el cambio de localización en el país y creencias revisadas y mejoradas acerca de la ciencia y de la epistemología. También involucró drásticos cambios sustantivos que solo ahora están pasando a ser el centro de atención. Cuanto más aprendemos acerca del empirismo lógico (sus valores básicos, metas, métodos y el sentido de misión histórica compartida por algunos de sus practicantes), más distante y foráneo parece al comparárselo con la filosofía de nuestros días de la ciencia. Así, dos preguntas generales continúan dirigiendo los estudios acerca del Círculo de Viena y del empirismo lógico temprano: precisamente, ¿de qué trata originalmente el empirismo lógico? y [...] ¿cómo evolucionó la filosofía de la ciencia en las muy diferentes formas que asume hoy?

Las respuestas convincentes a la primera pregunta comenzaron a aparecer en la década de 1970, cuando historiadores y filósofos comenzaron a recuperar y a interpretar la rica historia del empirismo lógico. Gracias a tan amplio elenco de personajes, cuyas especialidades yacen en la filosofía, la lógica, las matemáticas y las ciencias sociales, ha llegado a verse claramente que la mayoría de los primeros empiristas lógicos, si no todos, estaban tan apasionados con los problemas culturales y políticos como lo estaban con los problemas de la filosofía técnica y de la epistemología. En particular, Neurath, Carnap y Frank procuraron activamente forjar conexiones personales, intelectuales e institucionales entre el empirismo lógico y varias instituciones culturales y políticas y movimientos en Europa. Entre estos intereses, incluimos a la perenne preocupación de Carnap por los lenguajes artificiales internacionales y al trabajo de Neurath en museos, en la educación pública y en el sistema isotipo de iconografía visual, cuyos descendientes gráficos ahora son ubicuos en aeropuertos, paseos de compra y otros espacios públicos. Neurath, Carnap, Herbert Feigl y Hans Reichenbach fueron invitados a dar conferencias en la Bauhaus, mientras que Neurath colaboró adicionalmente con el Congreso Internacional Belga para la Arquitectura Moderna (CIAM). Hubo también debates con marxistas (Lenin incluido) y teóricos críticos de la Escuela de Frankfurt, así como también intentos por parte de Philipp Frank, de establecer amistad con los críticos neotomistas del cientificismo y del positivismo en las conferencias sobre Ciencia, Filosofía y religión, de periodicidad anual, que tuvieron lugar en Nueva York, durante la década de 1940. Además, al menos dos empiristas lógicos no se restringieron a debatir cuestiones de teoría política o de política nacional y económica. Neurath tuvo un papel tumultuoso y casi fatal en la revolución socialista bávara de 1919 y más tarde fue contratado por Moscú por su destreza vinculada al sistema isotipo. El activismo socialista en los años de estudiante por parte de Hans Reichenbach en la Universidad de Berlín, a su tiempo le costó la oportunidad de obtener un empleo allí.

Específicamente, el Círculo de Viena alcanzó a un público más amplio para promover sus críticas a la filosofía tradicional y para popularizar su Wissenschaftliche Weltauffassung , o concepción científica del mundo, como una alternativa sustituta. Así lo hicieron en Viena a través de la Sociedad Ernst March y sus conferencias públicas, y así lo hicieron en Europa y los Estados Unidos a través del movimiento de Unidad de la Ciencia, de Otto Neurath. El movimiento promovió la tarea de unificar y coordinar a las ciencias de modo que pudieran ser utilizadas de manera más adecuada como herramientas para la formación y la planificación deliberada de la vida moderna. Y procuró cultivar la sofisticación científica y epistemológica, aun entre ciudadanos comunes, de modo que pudieran evaluar mejor la retórica oscurantista proveniente de los sectores anticientíficos y reaccionarios y contribuir a planificar mejor una futura ciencia unificada que contribuiría con los objetivos colectivos de la sociedad.

Juntos, el empirismo lógico y el movimiento de Unidad de la Ciencia de Neurath estaban en la empresa del Aufklärung (Iluminismo). Buscaban nada menos que especificar y ayudar a cumplir la promesa del Iluminismo francés dieciochesco mientras se tomaba plena ventaja de los desarrollos del siglo XX en ciencia, lógica, pensamiento social y política. [...]

***

Dado que ahora sabemos que el empirismo lógico fue originalmente un proyecto filosófico con ambiciones culturales y sociales, nos encontramos en el momento oportuno para preguntarnos cómo fue transformada la disciplina y cómo se perdieron estas ambiciones culturales y sociales. La respuesta que se defiende aquí es que fue transformada durante la década del 1950 al menos parcialmente, si no principalmente, por presiones políticas que eran comunes a lo largo de toda la vida cívica, así como también de la vida intelectual durante la Guerra Fría que siguió a la Segunda Guerra Mundial. En gran parte, estas presiones llevaron al empirismo lógico a deshacerse de sus compromisos culturales y sociales debido al cambio en el movimiento de Unidad de la Ciencia de Neurath. El movimiento no era meramente un frente público y científico para un programa que de otro modo hubiera sido filosófico e independiente. Contribuyó a determinar qué clases de preguntas y temas de investigación eran perseguidos, y cómo eran perseguidos, en el corazón de la filosofía de la ciencia.

Esto no significa que, si no fuera por la Guerra Fría, la filosofía de la ciencia contemporánea sería en la actualidad una clase de sirviente público ajeno a lo académico. En cambio, lo que se alega es que el empirismo lógico aspiraba originalmente tanto a la sofisticación filosófica y técnica como al compromiso con los científicos y con las modernas tendencias sociales y económicas. La Guerra Fría [...] tornó imposible esa agenda y forzó efectivamente a la disciplina a adoptar la forma apolítica y altamente abstracta que es rememorada en la obra The Structure of Scientific Theories de Suppes. En otras palabras, el abismo que separa a ese libro del combativo manifiesto del Círculo de Viena, Wissenschaftliche Weltauffassung , fue obra de la Guerra Fría. Esta interpretación tampoco desestima la perspicuidad de Quine, de Kuhn y de otros críticos del empirismo lógico. Sí afirma, sin embargo, que se debe reconocer el poder de estas fuerzas políticas, y que de este modo comenzamos a ensamblar [...] una historia más compleja y a la vez más precisa de la filosofía de la ciencia durante el siglo XX.

Apartar lo historiográfico (y en última instancia lo metafísico) puede contribuir a desmantelar un prejuicio que probablemente enfrente esta tesis. Proviene, apropiadamente, de Neurath, quien [...] luchó muchas batallas con otros filósofos cuya influencia y reputación terminaron eclipsando a la suya propia. Un elemento guía en estos debates fue el pluralismo multifacético de Neurath y, especialmente, su crítica de lo que él denomina "absolutismo". Por ejemplo, Neurath criticó la teoría semántica de la verdad de Carnap y Tarski (según la cual, por ejemplo, el enunciado "la nieve es blanca" es verdadero si y sólo si la nieve es blanca) basándose en que erigía un orden dual en el que el lenguaje habla primero acerca de sí mismo y luego del mundo, con el fin de permitir una comparación entre esos informes y una determinación de si prevalecen las condiciones de verdad.

Neurath objetó esto porque, insistía, un empirismo saludable nunca puede (incluso en una abstracción filosófica) ignorar las condiciones prácticas en las que operan el lenguaje y la ciencia. Así, en su famoso y engorroso modelo de enunciados de protocolo -"Protocolo de Otto a las 3:17 en punto: [a las 3:16 en punto Otto se dijo a sí mismo: (a las 3:15 en punto había en la habitación una mesa que era percibida por Otto)]"-, el informe más extremo del enunciado es siempre acerca de una persona específica y de lo que ellas creen que ven y saben acerca de la nieve o de la mesa ante ellas. Para Neurath, no hay dualismo legítimo alguno entre el lenguaje y el mundo que pueda invocar una teoría de la verdad. El conocimiento, el discurso, el lenguaje y la conducta permanecen siempre, como habían enfatizado Nancy Cartwright y Thomas Uebel acerca de nuestra comprensión de Neurath, en el mismo "plano terrenal".

Aquí yace, por ejemplo, una de las antipatías de Neurath con el popperianismo. En la metafísica de Popper del primer, segundo y tercer mundo, el último está habitado, como el cielo de Platón, por conceptos objetivos u objetos estudiados por generaciones de filósofos y científicos. Pitágoras y estudiantes contemporáneos de séptimo grado, razonaba Popper, pueden saber y entender el teorema de Pitágoras como la misma cosa porque este goza de un estatus ontológico como un objeto duradero y eterno. Neurath no diría nada de esto [...]. Porque si la filosofía de la ciencia está dedicada al estudio de algo semejante a un dominio ontológico de los objetos o de las condiciones metafísicas -la verdad, la explicación, la confirmación, la significancia, la analiticidad, etcétera- la aserción de que las fuerzas políticas controlaron su carrera en los Estados Unidos se verá contrarrestada continuamente por la réplica de que las fuerzas políticas podrían causar, a lo sumo, una distracción temporaria en el desarrollo histórico de la filosofía. La política nunca podría cambiar a la disciplina de un modo fundamental precisamente porque las fuerzas políticas no pueden comunicarse (y por lo tanto no lo hicieron) con los objetivos de otro mundo que, como los que investigan los filósofos, guían la práctica filosófica.

Neurath diría que esta multiplicación de mundos es fatua metafísica, al tiempo que gritaba "¡Metafísica!", "¡Metafísica!" (y más tarde, para cuidar su voz, sólo "¡M!") en los encuentros de los jueves por la tarde del Círculo de Viena. Es metafísico para Neurath porque esto no tiene lugar alguno dentro de una representación honesta, empírica y científica de la filosofía de la ciencia como algo que los seres humanos (o algunos de ellos) hacen en nuestro plano terrenal. La filosofía de la ciencia debe ser concebida como un conjunto de prácticas, valores, metas y terminologías que son escogidas, utilizadas y (con un poco de suerte) mejoradas por los individuos conforme a sus indagaciones intelectuales. Esas prácticas son enseñadas a otros y modificadas por el debate, así como también por presiones sociales o históricas, que muchas veces no son detectadas. Todos esos procesos y los agentes que los sustentan existen en el mismo plano terrenal, junto a la cultura, la sociedad y la política. [...]

Muchas de las elecciones que realizaran los empiristas lógicos de la primera generación y sus estudiantes fueron hechas a la par de presiones intelectuales, institucionales y personales que surgieron directamente de la Guerra Fría y del macartismo. Esto explicará tanto cómo la filosofía de la ciencia fue radicalmente modificada y despolitizada por estas presiones como por qué esta tesis no debe parecer menos plausible que el hecho mejor conocido de que la producción de una película de Hollywood también se vio alterada por acción del macartismo. No hay ni un Idea celestial del entretenimiento que controla la historia del cine ni un dominio eterno y objetivo de búsquedas y valores intelectuales que se enseñoree en torno a la filosofía de la ciencia.

[Traducción Daniel Blanco]

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