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"Para educar a un niño, hace falta una aldea"

Sábado 18 de julio de 2009
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Un viejo dicho africano dice que "para educar a un niño, hace falta una aldea". Muchos especialistas en educación argentinos creen lo mismo.

Por ejemplo, la poeta, escritora y ensayista Olga Drennen, con una rica trayectoria en la enseñanza y producción de literatura infantil y juvenil (su último libro publicado es Cómo escribir para chicos, Longseller), integrante del grupo de escritores que trabajan con el Ministerio de Educación de la Nación, en la Campaña Nacional de Lectura, coordinada por la escritora Margarita Eggers Lan, que busca, desde 2008, promover la lectura en voz alta, porque "los chicos necesitan modelos adultos lectores". Para Drennen, "lo que está en crisis es la comprensión de textos, y muchas veces lo que los chicos encuentran en la escuela, que es un motor fundamental de lectura, es una lectura eferente, es decir, la que dan los libros de texto, los diarios, hasta los instructivos, pero no la lectura estética, aquella que se hace por gusto y por elección. Porque entre los derechos del niño lector está, también, el de no leer".

La campaña abarca toda la Argentina: chicos de primaria y secundaria, pero también universitarios y alumnos de los profesorados, agrupados por edades. Narradores e ilustradores leen en voz alta cuentos, poesías, fragmentos de novelas. En cuanto a los temas, son muy bien recibidos el terror y el misterio. "Se acopla bien con la velocidad con que vivimos -reconoce Drennen- esa sensación de vértigo que da el miedo. Pero también, en mi experiencia personal, tiene mucho éxito la poesía. Con los adolescentes, se puede trabajar muy bien un poeta adulto como Francisco Luis Bernárdez, por el tema del amor y del pudor de los sentimientos."

En el ámbito privado, se destaca el trabajo de los integrantes de la organización educativa Casa de Letras. Después de casi nueve años de dictar narración oral y escritura narrativa, Blanca Herrera y Carlos Lutteral enseñan a desarrollar la lectura, la escritura y la narración oral de una manera diferente en el primer Programa de Formación Integral en Literatura Infantil y Juvenil, que comenzaron a dictar este año. También para ellos, la palabra hablada es fundamental: "Crea vínculos, imágenes, no es solitaria y prepara el terreno para comprender lo que se leerá más tarde, ya sin la apoyatura de las ilustraciones y la letra grande", apuntan.

La experiencia de narrar cuentos en escuelas públicas del conurbano bonaerense, con adolescentes "de casas sin libros y con serios problemas de conducta", les demostró que un cuento como "El tiesto de albahaca", de Bocaccio, no sólo podía ser apreciado y disfrutado, sino también estimulaba a esos mismos chicos a querer escribir ellos también, aunque no estuviera en la consigna.

"Eran historias fantásticas, realistas, de humor, de terror, que acercan la posibilidad de explorar mundos lejanos y ajenos, y con un efecto dominó, porque luego ellos les cuentan a sus padres esas historias." El resultado final fue un enriquecimiento del vocabulario, aumento del pedido de libros en bibliotecas, el entusiasmo por escribir e inventar, y la adquisición de destrezas en el uso del lenguaje narrativo.

G. M. © LA NACION

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