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Eternas cuestiones de género

Lucila Castro LA NACION

Lunes 20 de julio de 2009
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He leído en su columna semanal que los sustantivos de género común pueden desarrollar, mediante un sufijo, una forma exclusivamente femenina. El ejemplo al que suele apelarse es presidente / presidenta . Eso es algo que nunca antes hubiera considerado correcto. Aún hoy me siento mucho más cómodo usando las formas «neutras». Mi pregunta es: ¿sería correcto, de la misma manera, construir una forma exclusivamente masculina? Cuando pienso en sustantivos como artista o periodista , que terminan en -a , no me parece posible convertirlos en * artisto o * periodisto . Tampoco derivar, por ejemplo, * intendento de intendente ", escribe Juan Martín de Iparraguirre.

Cuando se dice que los sustantivos de género común pueden desarrollar una forma exclusivamente femenina, sólo se quiere decir que existe la posibilidad de que ocurra una cosa así, no que eso vaya a ocurrir en todos los casos ni que esas formas en -a sean todas aceptables. Los sustantivos de género común tienen una sola terminación para los dos géneros y se usan como masculinos o femeninos (es decir, llevan adjetivos masculinos o femeninos) según designen a un varón o a una mujer. Por lo tanto, esos sustantivos no necesitan ninguna forma especial para el femenino, porque ya son femeninos. Las razones por las que algunos desarrollan formas especiales para el femenino están relacionadas con circunstancias no exclusivamente lingüísticas.

Los femeninos en -a de estos sustantivos no siguen ninguna regla morfológica y, por lo tanto, no puede preverse qué sustantivos van a formarlos. Como se crean por analogía con otros femeninos en -a , para que existan es necesario que a alguien se le haya ocurrido inventarlos. Pero esa condición necesaria no es suficiente. Porque cualquiera podría hacer una lista de todos los sustantivos de género común, ponerles una -a y decir, por ejemplo, que estudiante tiene un femenino * estudianta . El hecho de que algunos sustantivos de género común tengan además femeninos en -a no significa que todos los del mismo tipo deban tenerlos. Se necesita no sólo que alguien los invente, sino también que la comunidad hablante los use. Seguramente hay quien dice * estudianta , pero esa forma no es aceptable para la comunidad hablante.

¿Sin necesidad?

Es interesante preguntarse por qué se crean esas formas si no son necesarias. Y la respuesta sólo puede ser que el que las crea las considera necesarias. La fuerza de la analogía es grande, pero hay circunstancias históricas y culturales que también influyen. En principio, estos sustantivos pueden usarse como masculinos y como femeninos. Los terminados en -ante y -ente , o bien provienen de participios presentes activos latinos (es el caso de presidente ), o bien se formaron en español sobre verbos españoles siguiendo el mismo procedimiento (como estudiante ). Y en latín esos participios son de una sola terminación para los tres géneros, por lo que en español también son de género común. Pero en la realidad de los hechos, los sustantivos de una sola terminación que denotan actividades que históricamente fueron ejercidas sólo por varones eran sentidos por los hablantes como masculinos. Por su forma, jefe y juez podían referirse a mujeres, pero difícilmente pudieran encontrarse mujeres a las que se pudiera designar con esas palabras.

Cuando las mujeres empezaron a ejercer esas actividades antes monopolizadas por los varones, como los nombres de esas actividades se sentían como masculinos, se sintió la necesidad de crear formas femeninas para las mujeres. Eso no ocurrió con todos los nombres porque no había una norma gramatical que lo regulara. Además, en las mujeres mismas obraron fuerzas encontradas: algunas reivindicaron las formas en -a como una afirmación feminista y otras las rechazaron como una forma de discriminación.

Todo esto puede ayudar a entender por qué la inversa se dio mucho más raramente, por qué son muy pocos los masculinos en -o que se formaron sobre sustantivos de género común en -a , del tipo de periodista .

De pelo en pecho

Como ya dijimos en alguna ocasión, en su origen la terminación -ta es un sufijo que forma sustantivos masculinos (por ejemplo, poeta ). Es un sufijo de origen griego que llegó al español (y otras lenguas modernas) a través del latín, pero que modernamente ha servido para crear multitud de palabras sobre raíces de cualquier origen. Cuando empezaron a crearse esas palabras, las actividades que denotaban eran ejercidas exclusiva o mayoritariamente por varones, de modo que la terminación en -a no se sintió como femenina. Cuando las mujeres se incorporaron a esas actividades, la -a pareció adecuada para el femenino y la terminación pasó a ser de género común. Los periodistas , que antes eran todos varones, ahora podían ser varones o mujeres. Pero no se sintió la necesidad de cambiar la -a por -o para el masculino porque el sufijo ya estaba bien establecido, desde mucho antes, como masculino. Si los periodistas varones siempre habían sido periodistas , no había necesidad de empezar a llamarlos * periodistos .

La palabra modisto , que parece una excepción, en realidad confirma lo dicho: su oficio era ejercido mayoritariamente por mujeres, de modo que el sustantivo modista , aunque era de género común, se sentía como femenino y por eso se sintió la necesidad de crear una forma masculina. Esto, unido a la diferencia social que se hacía entre los grandes creadores de la moda y las simples costureras. Hay otros sustantivos en -isto a cuya creación pueden haber contribuido la ignorancia y el prejuicio machista, como los vallistos de los Valles Calchaquíes, que ya figuran en el Diccionario de la Real Academia Española , y los violinistos y bombistos santiagueños. En medios rurales, ser designados con una palabra terminada en -a puede haberles sonado a esos varones a que se ponía en duda su virilidad.

Pero los masculinos en -o sólo se crean sobre sustantivos en -a que pueden sentirse como exclusivamente femeninos, nunca sobre los de otras terminaciones. Las terminaciones comunes no son neutras, sino que valen para los dos géneros. Nadie va a inventar * intendento sobre intendente (sí existe intendenta ) porque intendente no es sospechoso de ser únicamente femenino y porque, antes de que hubiera mujeres intendentes, el nombre ya existía y los intendentes eran todos varones de pelo en pecho.

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