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Un gigantesco objeto se estrelló contra Júpiter

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LA NACION
Miércoles 22 de julio de 2009
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Era poco más de la medianoche del domingo pasado cuando Anthony Wesley, un astrónomo aficionado de 44 años que suele dirigir su telescopio hacia Júpiter desde Murrumbateman, Australia, notó una mancha oscura cerca de uno de los polos jovianos.

"Primero pensé que podía ser una tormenta –escribió en un informe que publicó online–. Después se me ocurrió que debía ser una luna oscura o la sombra de una luna joviana, pero estaba en un lugar y era del tamaño equivocado. (...) Sólo me tomó otros 15 minutos darme cuenta de que estaba viendo algo nuevo."

Lo que Wesley había descubierto, según confirmaron más tarde astrónomos del Jet Propulsion Laboratory (JPL), de la NASA, fueron las huellas de un gigantesco impacto en la atmósfera superior del "rey" del sistema solar. Aunque todavía no puede estimarse el tamaño del objeto ni la velocidad a la que se desplazaba, está claro que se trata de una explosión causada por "algo" de grandes dimensiones. Las opiniones varían entre 10 kilómetros de diámetro y un tamaño comparable con el de la Tierra.

"Lo que vemos no es el impacto en sí, sino los restos, el material que se elevó por la explosión, como la salpicadura que se produce cuando uno tira una piedra al agua -dice Leigh Fletcher, investigador del JPL, a LA NACION por via telefónica-. Pero nadie vio el objeto ni a qué velocidad iba. Creemos que el tamaño del impacto es mayor que la Tierra, pero el objeto debe haber sido mucho menor."

Fletcher y su colega Glenn Orton fueron alertados del fenómeno por Wesley, al que describen como "un talentoso observador amateur", justamente en momentos en que por un extraordinario golpe de suerte habían reservado tiempo de observación en Mauna Kea, Hawaii.

El equipo comenzó a trabajar unas 20 horas después de la explosión y unas seis horas más tarde pudieron confirmarla.

"Estábamos tremendamente excitados -recuerda Fletcher-. Empezamos a analizar un montón de imágenes hasta que dimos con esta mancha increíblemente brillante [en el infrarrojo] sobre el planeta."

La gran explosión llega casi exactamente quince años después de que [el 19 de julio de 1994] 20 fragmentos del cometa Shoemaker-Levy 9 también colisionaran contra Júpiter y dejaran un agujero oscuro en la atmósfera joviana.

"Sólo tuvimos dos ejemplos de impactos como éstos -dice Fletcher-, de modo que no sabemos con qué frecuencia se producen."

Según Roberto Venero, secretario de extensión del Observatorio de La Plata, Júpiter es un poderoso imán para los astrónomos aficionados. "Como es gaseoso, se pueden advertir cambios sobre su superficie mes tras mes", explica. Venero es de los que piensan que el objeto que provocó esta enorme explosión debe de haber medido unos 10 km de diámetro.

A pesar de que es gaseoso, la presión en el interior del planeta es tan alta que cualquier cuerpo que ingrese será desintegrado del mismo modo en que las estrellas fugaces se deshacen al entrar en la atmósfera terrestre. "Por eso, lo que uno ve es un proceso que ocurrió en la alta atmósfera joviana, la eyección de materiales", aclara.

Por supuesto, la pregunta que sugiere inmediatamente este drama celeste es si algo así podría ocurrirle a la Tierra. Y, por otro lado, si habría posibilidades de evitarlo.

Para Fletcher, "aunque teóricamente es posible, sería extremadamente improbable que escapara al monitoreo de los telescopios terrestres. Es muy difícil ver los pequeños cuerpos rocosos, pero detectaríamos un objeto de esas dimensiones y ciertamente podríamos hacer algo".

Venero no está tan seguro.

"Hay varios proyectos de monitoreo del cielo que continuamente están buscando objetos cercanos -explica-. Algunos pasan más cerca que la Luna. Se los cataloga y se los sigue. Hay una escala llamada «de Torino» que mide el riesgo potencial de colisión. Pero todo depende de con cuánta anticipación los observemos. Si tenemos 150 años, habría alguna esperanza de hacer algo. Pero si vemos que vamos a chocar el año que viene... sería catastrófico. Disparándole unas cuantas bombas nucleares no lograríamos mucho, porque podemos volverlo absolutamente impredecible. No es tan simple. Hay algunos proyectos que se plantean, por ejemplo, montarle un motor iónico, que puede funcionar durante mucho tiempo, para desviarle el rumbo. Sería un caso de ingeniería planetaria en gran escala." Pero enseguida agrega: "Afortunadamente, Júpiter tiene mucha más masa que la Tierra, por lo que captura todo lo que anda por ahí. Es el «pastor» del sistema solar..."

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