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40 años

Fabián Kronenberg celebra este aniversario con la moda; experiencia y anécdotas

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LA NACION
Jueves 23 de julio de 2009

En 1969 abrió su primera boutique, pero mucho antes estaba relacionado con la moda: hacía las vidrieras de las casas más importantes de Buenos Aires. Justamente mientras se dedicaba a esto descubrió de manera fortuita lo que sería su vocación. Uno de los pioneros en el diseño sin diploma, Fabián Kronenberg, cumplió 40 años de profesión y va por más. "Soy de la época en la que no había escuelas de diseño. Yo aprendí equivocándome", dice.

Sin embargo, creció viendo a su abuela bordar a mano ajuares para novias, de la línea de blanco, que se vendían en tiendas departamentales como Gath & Chaves y Harrods.

Recibe en su boutique, Arenales 1136, donde desliza una mirada retrospectiva sobre su trabajo y analiza el gusto de las argentinas. Opina sobre los nuevos diseñadores y cuenta anécdotas. No le faltan.

En su boutique, diseños únicos y prendas de difusión
En su boutique, diseños únicos y prendas de difusión. Foto: Miguel Acevedo Riú

-¿Cómo se comienza a diseñar por casualidad?

-Cuando me dedicaba a las vidrieras tenía una muy buena clienta en la Galería Santa Fe, que confeccionaba blusas. Un día me pidió que le hiciera un diseño para el Día de la Primavera. Le hice un dibujo, ella lo diseñó (hace 30 años se ponía una sola prenda y se hacía una gran decoración), llegó el 21 de septiembre y, cuando estaba armando la vidriera con la blusa creada por mí, pasó una señora y se la llevó. Así me di cuenta de que tenía facilidad y que me gustaba diseñar. A los pocos años comencé: abrí mi primera boutique en Palermo.

-Un audaz...

-Absolutamente. Pero en mi proceso de aprendizaje arruiné muchas telas; todas fueron a la basura porque nunca entregué una prenda con la que no estuviera conforme. Así aprendí a mejorar mi trabajo. Un diseño mío parte del género, del dibujo o del maniquí. El maniquí es mi gran aliado.

-¿Sí?

-Yo hago el diseño sobre el maniquí y donde pongo un alfiler, mis costureras ponen un hilván y así se cose. Lo mismo pasa con las muestras de bordados a mano.

-¿Todo se cose en talleres propios?

-Sólo la línea de prendas únicas, hechas a medida. Además, todos los años lanzo colecciones de temporada para mi boutique, cuidando mucho la calidad de los géneros y la confección. Sin tratarse de prendas únicas, tampoco son masivas. Para estas colecciones contrato talleres chicos.

-¿Cómo es el gusto de las argentinas?

-Veo algunas muy elegantes y otras muy inseguras. Las elegantes saben lo que les queda bien y tienen un estilo definido. En cambio, las inseguras necesitan que una amiga apruebe su elección. Nunca sabe si lo que le gusta es tendencia, si le queda bien o mal, le agrega años o no la favorece.

-¿Hoy cuesta más que antes asumir la edad?

-Cuesta mucho y hay una idea equivocada; se cree que sólo lo sexy da joven. Por eso, hay mujeres que ante una propuesta elegante preguntan: ¿No es muy de señora? Lo que quieren saber es si no están muy tapadas. Máxima Zorreguieta se viste de señora y tiene una presencia brutal. La mujer que es sexy lo es aun con una polera y un pantalón.

-¿Cuál es la peor experiencia con una clienta?

-Que llegue con una revista en la mano y quiera que le haga un modelo de otro diseñador. Muchas creen que porque el diseño es divino, a ellas les va a quedar igual que a la modelo o la famosa que lo lleva en la revista. Como en la mayoría de los casos no es así, lo más común es que al verse diga que el vestido está mal hecho.

-¿Qué se hace en estos casos?

-Convencerla para dejarse asesorar o, con mucha educación, negarse a hacer el trabajo. En esta profesión el boca a boca es muy importante. Además de no ser éticamente correcto, no es negocio vestir mal a una mujer.

-En estos 40 años, ¿qué anécdotas recuerda?

-Muchísimas. Por ejemplo, a una señora que llegó a verme, recomendada por una amiga, luego de que le habían extirpado una mama. Tenía que vestirse para el casamiento de un hijo y estaba muy angustiada. Yo le saqué un strapless y le dije: Este vestido lo puedo reformar para usted. La llevé al taller y le hice una especie de bretel con un gran moño. Quedó tan agradecida que hasta hoy me manda bombones y flores cada vez que puede: mi cumpleaños, la primavera, el Día del Amigo.

-¿Alguna divertida?

-Las que aparecen en las revistas con un diseño mío, pero le adjudican la creación a Valentino o Dior porque les da más estatus. Después me llaman por teléfono y me dicen: Yo dije que era tuyo, pero se equivocaron. Son muchas y, a esta altura, me hacen reír.

-¿Le gusta el nuevo diseño?

-De Pablo Ramírez me gusta su identidad. Lo que hace Laurencio lo encuentro muy chic. Los vestidos de Benito Fernández son los de un loco lindo. De Churba y Trosman (juntos o por separado) valoro su tecnología textil.

-¿Qué cambió y qué mantuvo en estos años de trabajo?

-Creo que antes era más barroco y ahora estoy más depurado. Lo que mantengo es mi ética para trabajar. Esa es la única fórmula para cumplir 40 años en cualquier profesión.

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