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El temblor sagrado

Sábado 25 de julio de 2009
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Sandro Barrella


Un palmar sin orillas Por Francisco Madariaga En Danza 122 Páginas $ 40
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La poesía de Francisco Madariaga -una de las voces más altas de nuestra lírica- tiene para sí el hecho no menor de haber revocado el dilema argentino "civilización o barbarie". Todo en su obra se revela como el encuentro de dos polos, que, lejos de repelerse, se imantan para dar forma a una poesía del mestizaje: en ella coinciden lo real maravilloso, las violencias naturales y políticas, la universalidad de la existencia humana expresada en un hombre que se funde en el paisaje de una remota provincia, en un remoto país.

De allí que hablar de surrealismo en Madariaga no es tanto informar sobre el poeta de Resplandor de mis bárbaras como errar por los pasillos de la historia de los movimientos literarios. Aunque perteneció al grupo de poetas que reunió Aldo Pellegrini alrededor de la revista surrealista A partir de 0, la singularidad de su obra obliga a pensarla más allá de los márgenes de cualquier capilla literaria.

Poblada por el paisaje del país natal-acuático, salvaje, paisaje poblado a su vez por las especies, los hombres, los colores que el oro destila, la poesía de Madariaga establece un diálogo incesante con la creación, los elementos, el reino de la imagen, y restituye a las palabras el temblor de lo sagrado: "Entrégate, oh el antiguo, ex guerrero, ahora/ cuatrero vengador de la estancia delicada,/ solitaria en el llano del llanto,/ llano del aguacero,/ y pon tu estribo de oro y de reserva/ para bajar a beber miel y estero: Que ha llegado un jaguar a la tranquera". El poeta crea un país allí donde no existía: "Mi relación es con un país natal, no con una nación jurídicamente hablando", declara. Como Arnaldo Calveyra, como Jorge Leónidas Escudero, como Juan L. Ortiz -todos hombres de provincia-, Madariaga (1927-2000) rehúye de las postales del color local, crea una lengua que da vida a un sistema poético de propio linaje, no susceptible de encolumnar acólitos.

Un palmar sin orillas, selección preparada por los poetas Javier Cófreces y Eduardo Mileo, recorre la totalidad de los libros publicados por el autor. La selección contempla el núcleo de la obra del poeta correntino, más allá de las preferencias o gustos personales de toda antología.

Con prólogos de Cófreces y Mileo, un texto de Élida Manselli -poeta también y compañera de Madariaga-, el libro se completa con material fotográfico de gran valor. A casi diez años de su muerte, Madariaga regresa en un libro que le hace justicia, al encuentro de nuevos lectores: "Entonces, a no gemir, mi lejano palmar,/ cuando yo muera,/ porque somos un pormenor de presencia de lo/ inmortal."

© LA NACION

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