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Bananas

Ezequiel Fernández Moores

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PARA LA NACION
Martes 28 de julio de 2009 • 12:28
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"Honduras da el golpe", tituló la FIFA, en su página web el 19 de julio pasado. Se refería al sorpresivo triunfo 1-0 ante Canadá en la Copa de Oro de la Concacaf. No fue un titular feliz. Pero la FIFA sí deberá tratar con más seriedad el golpe de estado que sufrió Honduras el último 28 de junio. La selección de ese país está tercera en la eliminatoria regional de la Concacaf. Luego de mucho tiempo está ganando un boleto directo al Mundial 2010, desplazando a México, siempre influyente y poderoso. En Honduras, me aseguran colegas desde Tegucigalpa, temen que, aduciendo inseguridad, obliguen a la selección a jugar fuera del país sus próximos partidos eliminatorios. "Que no mezclen la política con el fútbol". El presidente de la Federación Nacional Autónoma de Fútbol de Honduras (FENAFUTH), Leonardo Callejas, sabe que eso es imposible. Entre 1990 y 94 Callejas fue presidente de Honduras por el Partido Nacional. Acusado judicialmente de graves cargos de corrupción, se corrió de la escena política y se refugió en el fútbol. "Padrino" en las sombras del opositor Partido Nacional, Callejas, consciente de que la FENAFUTH precisaba alivio gubernamental porque debía impuestos, designó al hoy derrocado presidente Manuel Zelaya, del opositor Partido Liberal, como "presidente de honor" de la selección. Nadie quiere recordar hoy esa distinción. Zelaya ahora es "mala palabra". La Corte Suprema de Justicia (CSJ) que avaló el golpe de estado, sobreseyó en marzo pasado a Callejas de todas las viejas acusaciones. Callejas, sin embargo, sigue sin poder entrar en Estados Unidos. "Fui un aliado incondicional y hasta apoyé la declaración de guerra contra Irak y ahora me hacen esto", se lamentó Callejas cuando el 19 de setiembre de 2006 pasó unas horas detenido en el aeropuerto de Miami y obligado a volver a Honduras.

El nombre de Callejas aparece hoy mencionado en organizaciones hondureñas que se oponen al golpe y denuncian a las élites de un país que tiene al 70 por ciento de habitantes en la pobreza, mientras un 10 por ciento acapara la mitad de la riqueza. Más mencionado aún que Callejas está José Rafael Ferrari, patrón de Televicentro, la poderosa cadena de TV que apoyó fervorosamente al golpe y es dueña virtual de la selección hondureña que lucha por ir al Mundial. Ferrari, buen amigo de Callejas, es presidente de la Comisión Nacional de Selecciones en la FENAFUTH y, más importante aún, también es presidente desde hace 22 años del Olimpia, el Boca hondureño. Su barra brava, los Ultra Fiel, protagonizó este domingo un nuevo episodio de violencia en el clásico ante Motagua. Hubo dos hinchas muertos, un regalo para quienes afirman que Honduras no puede ser sede hoy de partidos eliminatorios. La violencia de las barras, en rigor, no es nueva. En mayo pasado, en un debate realizado por el Diario Diez, el ex arquero argentino del Olimpia, Carlos Prono, se defendió de las acusaciones de haber creado la versión más violenta de los Ultra Fiel. Y pidió a su acusador, el periodista de Televicentro, Orlando Ponce Morazán, que se animara a pedirle en su programa a Ferrari que dejara de regalarle entradas a los Ultra Fiel.

La FENAFUTH no ve razones para que Honduras no pueda jugar en el estadio Olímpico, de San Pedro Sula, donde marcha invicta, el próximo partido del 12 de agosto ante Costa Rica, líder de la eliminatoria de la Concacaf. "El orden constitucional ha vuelto a normalizarse y tenemos a un nuevo presidente legalmente establecido", dijo Alfredo Hawitt, secretario de la FENAFUTH. Hawitt es vicepresidente de la Concacaf. La Confederación de Norteamérica, Centro y Caribe tiene como presidente desde 1990 al triniteño Jack Warner. El dirigente con más cargos de corrupción en la historia de la FIFA aumentó su fama hace unos años cuando quiso imponer al frente del fútbol de Dominica a Patrick John, un político que había estado preso en 1981 por intentar derrocar al gobierno de su país junto con dos líderes del Ku Klux Klan (KKK) que fueron detenidos con armas y banderas nazis cuando planeaban el golpe. La intentona por imponer a Patrick John derivó en una denuncia por "abuso de poder" contra Warner presentada ante la nueva Comisión Etica de la FIFA que lideraba el ex atleta Sebastian Coe. Hawitt, el secretario de la FENAFUTH que avala al presidente golpista Roberto Micheletti, es el mismo dirigente señalado en 2005 por el entonces cónsul general de Estados Unidos en Honduras, Ian Brownlee, como responsable junto con Callejas del tráfico de visas. La trama era sencilla. La FENAFUTH pedía visas a Estados Unidos para una selección Sub 17, Sub 20 o mayor. Pero en la nómina filtraba nombres de personas que luego se quedaban y pagaban unos 5.000 dólares por el favor. Callejas ya había sido acusado de negocios con visas cuando era presidente de Honduras. "El Chinazo" se conoció el proceso según el cual millares de ciudadanos chinos lograron la nacionalidad mediante pagos de hasta 50.000 dólares. La Corte Suprema hondureña ya lo sobreseyó, igual que de otros escándalos conocidos como "Petrolazo", "Ciudad Mateo" y "Brazos Caídos". Callejas no tuvo igual suerte en Estados Unidos.

"Entré en la casa de la justicia de mi país/ y comprobé que es un templo de encantadores de serpientes...", dice en uno de sus versos Roberto Sosa. El máximo poeta vivo de Honduras cree que su país "es una novela sin novelistas". El peyorativo "República Bananera" fue acuñado por el humorista y escritor estadounidense O. Henry en un cuento de 1904 en el que describía justamente a Honduras como un país gobernado por la United Fruit Company (UFC), célebre no sólo por sus plantaciones especialmente de plátano y piñas en Latinoamérica, sino también por instigar el derrocamiento de gobiernos democráticos en la región para imponer a dictadores que protegieran sus intereses. Trabajador de la UFC era, entre tantos, Enrique "La Coneja" Cardona, futbolista de la selección hondureña que, como lo recordaron hace unos días diversas crónicas, sobrevivió a la mal llamada "Guerra del Fútbol" que libraron hace cuarenta años Honduras y El Salvador. La guerra, que duró apenas cien horas, del 14 al 18 de julio de 1969, y provocó entre 1.900 y 6.000 muertes, estalló luego de tres furiosos partidos eliminatorios entre ambas selecciones para el Mundial de México 70. Por ello, el célebre periodista polaco Richard Kapuscinski tituló su crónica como "La Guerra del Fútbol". Pero el propio Kapuscinski, como muchos otros, contó que, en rigor, la guerra estalló entre dos naciones pobres y gobernadas por sendas dictaduras por una disputa por la tierra, que era dominada en Honduras en su mayor parte por la United Fruit y sus filiales. El fútbol fue utilizado para esconder los verdaderos intereses. Cardona anotó el gol del triunfo 1-0 de Honduras en una Tegucigalpa que maltrató a los futbolistas salvadoreños. La humillación, dramatizada por la prensa, provocó el suicidio de una joven salvadoreña y la venganza en el juego de vuelta. "La Coneja" Cardona y sus compañeros de la selección hondureña vieron desde su hotel como era asesinado a pedradas un joven que los había acompañado y subieron a la azotea para refugiarse de cohetes, bombas caseras, huevos podridos y ratas muertas. Escaparon en grupos para dormir en casas privadas y el Ejército los escoltó a la cancha, donde un trapo de cocina suplantó a la bandera hondureña quemada. Honduras perdió 3-0 y El Salvador volvió a ganarle 3-2 en el tercero y decisivo partido de México. El dictador Oswaldo López Arellano, que había asumido en 1963 aduciendo "la infiltración comunista" en Honduras, se fortaleció tras la guerra del ‘69, pero se fue en 1975, implicado en un escándalo paradójicamente denominado "Bananagate".

Las crónicas cuentan hoy que Chiquita Brands (ex United Fruit) fue una de las compañías extranjeras más enojadas cuando el polémico Zelaya aumentó el salario mínimo en un 60 por ciento. Pero no es 1969 y el presidente de Estados Unidos no es Richard Nixon. Es Barack Obama, "un negrito que no sabe dónde está Tegucigalpa". Así lo describió Enrique Cortez Colindres, flamante canciller del golpista Micheletti. La selección hondureña que ahora sueña con ir al Mundial de Sudáfrica jugará su último y decisivo partido el 14 de octubre justamente en El Salvador. El nuevo canciller no tiene miedo. Según él, El Salvador es "un país tan pequeño que ni se puede jugar al fútbol, porque se sale la pelota".

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