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El inventor del emoticón y sus otras genialidades

Tecnología

Ay, el chat. Me decía una amiga de la secundaria, con quien me reencontré después de 30 años gracias a Facebook, que odia chatear. Prefiere el teléfono. Y mejor aún, verse en persona. ¡Lógico! De esa forma uno puede darle a entender al otro las sutilezas del discurso. Todos sabemos esto, porque viene en el genoma: una misma palabra, una misma frase, puede significar ochenta y dos cosas según la manera en que la digamos. Hace muchísimos años, vi en la TV a un viejo actor pronunciando solamente la palabra "sí" de docenas de formas. Me dejó embobado.

Por supuesto, el texto escrito es una herramienta muy poderosa que permite representar cualquiera de esas sutilezas expresivas en un relato. ¡Pero no en el chat! Imagínese. Su cónyuge le dice que se dejó las llaves en el baúl del auto. En lugar de decir:

-A vos solo te pasa eso! ;-)

uno debería escribir algo así:

-A vos solo te pasa eso! (Y digo esto con un toque de picardía y, sobre todo, con la intención de transmitir mi simpatía/empatía respecto de tu situación, porque seguramente te acordarás de esa vez que estábamos de vacaciones en el Sur y yo me dejé las llaves dentro del baúl del auto y, ante la perspectiva de caminar 63 kilómetros para encontrar un cerrajero, porque ni siquiera teníamos señal de celular, decidimos romper la cerradura... (Etcétera)

Cada sesión de chat duraría una era. Pero no es sólo una cuestión de tiempo y esfuerzo. Es antinatural. Un guiño basta para convertir lo que parece una réplica ácida o un amargo reclamo en una broma tierna. Hay palabras que se dicen sin palabras, o que están más allá de las palabras.

Así que un aplauso para Scott Fahlman, profesor de ciencias de la computación e investigador de Inteligencia Artificial (IA) en la Universidad de Carnegie Mellon que, además, inventó los emoticones. No fue el primero en plantear la idea de representar emociones por medio de signos gráficos especiales. Ambrose Bierce propuso esto en 1912, y Harvey Ball diseñó el hoy universal smiley , círculo amarillo con dos óvalos por ojos y una amplia curva sonriente, en 1963.

No obstante, los dos puntos y el paréntesis de cerrar con un guión en lugar de nariz ( :-) ) para significar que lo que uno dice tiene carácter de broma fue idea de Fahlman, que lo publicó en un tablero electrónico de mensajes en su universidad. Siete líneas que hicieron historia ( en.wikipedia.org/wiki/Scott_Fahlman ).

Le mandé un mail la otra noche y le hice varias preguntas. Una de las primeras cosas que me dijo es que él siempre intenta que lo reconozcan por su investigación en inteligencia artificial, no por haber inventado los emoticones. Es verdad, es más profundo el primer tema. Pero, le respondí, hoy los emoticones son usados a diario por cientos de millones de personas en todo el planeta. Me dijo algo sorprendente, entonces:

-Casi nunca uso el chat..., pero supongo que los emoticones y otras convenciones, como LOL ( Laughing Out Loud ; riendo a carcajadas), son bastante importantes en hacer que el chat sea útil.

Le pregunté por qué se le ocurrió proponer los emoticones y si se imaginaba que iban a tener tanto impacto en la sociedad. Me respondió:

-Como usted puede ver en mi página Web sobre los smileys (como yo los llamo; www-2.cs.cmu.edu/~sef/sefSmiley.htm ), fue una sugerencia más bien desenfadada de cómo evitar peleas en las comunicaciones electrónicas. No esperaba que la idea durara ni una semana, mucho menos 25 años. Esa es la razón por la que no guardé el mensaje original, aunque afortunadamente pudimos recuperarlo décadas después de nuestras viejas cintas de backup.

Su propuesta fue en 1982. Las cintas de backup con el mensaje original de Fahlman se recuperaron en 2001/2002, gracias a los "heroicos esfuerzos de Jeff Baird y su equipo". Hoy, los emoticones están, además de en las computadoras, en el cine, los celulares, la televisión, la publicidad y casi cualquier otro medio imaginable. Y están allí exactamente por la misma razón fundacional que motivó a Scott Fahlman a proponerlos, "medio en serio medio en broma". Ahora, ¿cómo eran esos foros 27 años atrás?

-Era una pizarra electrónica local, similar en espíritu a los grupos Usenet que aparecieron luego, y estaba disponible para todas las computadoras de tiempo compartido conectadas a la red de Carnegie Mellon. Algunas personas en unas pocas otras universidades y centros de investigación podían también acceder a estos boletines por medio de Arpanet, que fue la antecesora de la actual Internet.

El hombre inventó los emoticones antes de que existiera Internet. De hecho, sólo al año siguiente se completaría la mudanza a los protocolos TCP/IP y arrancaría la red como la conocemos hoy. En 1982 faltaban todavía siete años para que el público en general en Estados Unidos tuviera acceso a Internet; sólo 13 años después llegarían las conexiones públicas a la Argentina.

Un pionero, y según mi punto de vista, su idea fue genial. Pero no puedo dejar de preguntarle por su investigación en inteligencia artificial. No sólo porque el asunto me encanta, sino porque se lo debo: Scott está de vacaciones y, no obstante, ha respondido mis preguntas con una gentileza poco usual y casi de inmediato.

-He trabajado en muchas áreas de IA durante años, pero actualmente mi investigación tiene que ver con la representación y el uso de grandes cantidades de conocimiento de sentido común en una computadora. Mi grupo pronto lanzará un sistema de código fuente abierto llamado Scone ( www.cs.cmu.edu/~sef/scone/ ), una herramienta útil para esta tarea.

-¿Qué tan lejos estamos de producir una inteligencia remotamente humana usando computadoras?

-En cuanto a mis predicciones sobre la IA, es una pregunta complicada. He escrito un ensayo acerca de eso en mi blog ( sef-linux.radar.cs.cmu.edu/nuggets/?p=23 ). Pero la respuesta breve es que ya tenemos sistemas de IA que van más allá de las capacidades humanas en ciertas áreas muy restringidas. Sin embargo, todavía no sabemos cómo crear sistemas de inteligencia artificial que tengan el conocimiento general, el sentido común y las habilidades para resolver problemas de forma flexible que posee un chico de cinco años. La mayoría de mis colegas cree que llegaremos a eso eventualmente, pero que eso puede tomar mucho tiempo. Personalmente, soy más optimista. Pienso que veremos un progreso real hacia esta meta en los próximos 10 a 20 años.

Quedé con Scott en hablar un día por teléfono (cuando no esté de vacaciones, claro) sobre estos temas. Son apasionantes. Pero esta columna tiene que ver con los emoticones, así que paso a mi siguiente etapa. Cómo usarlos para zafar de situaciones incómodas. Y qué incomoda sería la vida sin ellos.

Nada personal

Los emoticones hacen posible el chat. Es fácil criticarlos, afirmar que el chat es una forma degenerada de lenguaje que nos reduce a una comunicación telegráfica, como si fuéramos chimpancés con una consola de iconos. Con todo respeto por los chimpancés, dicho sea de paso.

La verdad es muy otra. El chat es una elaborada y exquisita forma de comunicación, flexible, adaptativa y muy eficiente. Por si esto fuera poco, permite signos gráficos que ninguna lengua escrita acepta todavía orgánicamente. El chat es, por lo tanto, la única forma de escritura ampliamente difundida capaz de expresar sutilezas que hasta ahora sólo eran posibles por medio de la voz y la cara.

Pero los emoticones tienen una función adicional de la que todos echamos manos veinte veces por semana (¿por día?) y de la que tendemos a no hablar, de puro vergonzosos. Un emoticón es la salida perfecta cuando no tenemos absolutamente nada para decir.

Por ejemplo, aparece una de esas personas que nos hablan durante veinte minutos de las vicisitudes de su vida, sus opiniones, lo que le gusta, lo que no le gusta, y por qué le gusta o no le gusta, y lo hace sin parar, sin preguntarnos si estamos ocupados o si, llegado el caso, el tema (los 26.218 temas) que está tratando nos aburre(n). Sabemos que si no contestamos habrá un momento en que esa persona nos hará las preguntas fatales:

-Estás?

O bien:

-Me leés?

O quizá:

-Te caíste?

Y la peor de todas:

-Te aburre lo que te estoy contando, no?

El veterano del chat evita esas incómodas situaciones por todos los medios. El recurso más simple y efectivo es un emoticón cada cuatro o cinco renglones del orador impenitente. Luego, un Ajá y más tarde un Mirá vos . Y ni siquiera es necesario escribir todo esto cada vez, si realmente estamos ocupados. Apretando Ctrl+Flecha hacia arriba , el Messenger despliega los mensajes que hemos escrito antes y permite repetirlos con un toque de tecla.

La ventaja de los emoticones (y un par de Ajá ...) es que la otra persona en algún momento deducirá que estamos bajo una pila de trabajo de las dimensiones de Mongolia y, salvo que sea un desubicado de nacimiento, se retirará con un:

-Bueno, me parece que estás reocupado, no te molesto más.

Frase que jamás de los jamases hay que responder con un "No me molestás para nada", que sería de lo más polite, pero podría incitar el incendio verbal nuevamente. Por el contrario, a una frase tan dolorosamente comprensiva como ésa hay que responder con (adivine) ¡un emoticón!

:-)

Que recibirá como respuesta un "Chau, nos vemos, abrazo, gracias". ¿Por qué "gracias"? Porque sonreímos en lugar de enojarnos o, peor que eso, no responder. Que quede claro: no existe improperio peor que la indiferencia.

Por supuesto, esta receta no puede aplicarse a todos los abusos del chat. Si un interlocutor nos dice que su mujer acaba de fugarse con un extraterrestre o que le prestó su yate a su mejor amigo y éste se extravió en el triángulo de las Bermudas, o que su canario decidió demandarlo por plagio o cualquier otra historia delirante sobre la que no podemos comentar prácticamente nada, evitemos poner:

:-)

Sería peor el remedio que la enfermedad. En ese caso la herramienta perfecta es el otro emoticón propuesto originalmente por Scott Fahlman. Cada dos o tres renglones hay que plantar un

:-(

Y asunto resuelto.

Uno de mis preferidos es la carita de asombro del Messenger . Me refiero al que se escribe con los dos puntos y la barra separadora vertical (:|). Es brillante. (A propósito, en el Messenger no se usa el guión de la nariz.)

Este emoticón es un comodín perfecto, siempre que lo que nos acaban de decir sea al mismo tiempo inverosímil e irrelevante. Porque si es inverosímil uno puede decir algo como "¡No te puedo creer!" Y si es irrelevante, vamos con un :-) Pero si es al mismo tiempo irrelevante e inverosímil, entonces la carita del asombro, sobre todo la del Messenger , constituye una salida impecable.

Por ejemplo, mientras estamos concentrados en alguna tarea más o menos complicada, sin dejar de atender dos teléfonos y con la clara sensación de que los días duran cada vez menos, aparece la ventanita de un contacto con quien hace semanas que no hablamos y nos pregunta:

-Decime, para vos qué es mejor, el yin o el yang?

Obviamente, no vamos a responder. No sólo porque no tenemos tiempo en ese momento, sino porque es lo más tonto que hemos oído desde el día en que alguien nos consultó cuál era el récord de distancia recorrida en línea recta por un caracol de tierra.

Bueno, la carita de asombro resuelve el conflicto en un segundo. Aunque no es improbable que el persistente salga con:

-No, bueno, yo sé que yin y yang van juntos, lo que pasa es que estoy haciendo un test online, je je je...

Un clásico. Alguien que está tan pero tan aburrido en esta vida que tiene tiempo para hacer tests online nos acosa con preguntas absurdas. Dos o tres emoticones alcanzan para dejarle claro que no hay ninguna ley que nos obligue a responder tonterías de ese calibre. Ni siquiera el elemental don de gentes.

Bueno, hay muchos más emoticones y me imagino que todos tienen cientos de historias en las que las caritas les han salvado el día. ¿Se atreven a compartirlas?

;-) .

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