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Opinión

La pobreza, mucho más que un número

Política
 
 

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), alcanzan 960 pesos mensuales para alimentar, vestir, educar y cubrir los servicios de transporte y energía de una familia formada por un matrimonio con dos hijos en edad escolar. Pero, según prestigiosos estudios privados, esa canasta básica de bienes y servicios cuesta bastante más de 1500 pesos, y esto antes de los aumentos de tarifas. Y si la cifra es ésa, están por debajo de ese nivel de pobreza ¡más de 13 millones de argentinos!

El aumento de la pobreza en la Argentina en los últimos dos años es la manifestación más clara de los errores de la política económica que se vienen cometiendo desde 2006.

La pobreza alcanzó a más del 50 por ciento de la población durante la gran crisis de 2001, pero con el crecimiento hasta 2007 fue reducida al 27 por ciento; aproximadamente, diez millones de personas.

Pero el problema de la pobreza en la Argentina es mucho más que esa estadística.

El problema ha sido y sigue siendo la incapacidad de un país bastante bien dotado de recursos económicos, de generar una clase dirigente, empresarial y política, que logre el consenso para adoptar las políticas que posibiliten la eliminación de este flagelo.

La pobreza, obviamente, golpea principalmente a los que la padecen, pero también a toda la sociedad, la que es denigrada moralmente, y por eso constituye un escándalo, como expresó el Papa, que nos alcanza a todos.

Porque todos pertenecemos a una sociedad quebrada, excluyente e inequitativa.

Y lo que es peor, todo este deterioro se armó en los últimos 35 años; en 1974, el diez por ciento más rico ganaba ocho veces más que el diez por ciento más pobre; hoy gana aproximadamente 35 veces más.

Debemos entender que la pobreza es la contrapartida necesaria de la fácil acumulación de renta financiera de las últimas décadas, porque ésta casi siempre se logró a costa del Estado.

A la pobreza hay que erradicarla en el plazo más breve posible porque, además de los ya más que suficientes motivos éticos, está íntimamente vinculada con otras tres cuestiones que condicionan nuestro futuro: la droga y el narcotráfico, la inseguridad y una democracia clientelista.

La solución de la pobreza no es fácil, pero tampoco imposible. En la región, hay países que se nos parecen, como Uruguay, que han logrado preservar su equidad a pesar de tener muchos menos recursos.

Y Brasil, que desde siempre ha sido un país estructuralmente muy pobre, en los últimos años, de la mano de una dirigencia envidiable, ha logrado los mejores índices de su historia en materia social y ha rescatado 27 millones de brasileños de la pobreza.

La solución exige recrear las condiciones de confianza para recuperar la inversión y el crecimiento económico. Pero se necesita también la acción inteligente de un gobierno decididamente progresista, y que su intención no se agote en discursos o en propaganda.

Hace falta asegurar un ingreso básico universal para todas las familias con hijos, sin clientelismo. Hace falta asegurar la educación básica y la salud a todos los habitantes. Y también hace falta facilitar el acceso a la propiedad urbana, suburbana y rural a todos.

Un capitalismo sin mayoría de propietarios es un capitalismo rengo y frágil. .

El autor es economista
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