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Participar o aceptar el fracaso

Horacio López Para LA NACION

Domingo 09 de agosto de 2009
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En los últimos meses se han considerado diferentes aspectos vinculados con la pandemia de gripe A H1N1. Los referidos a la salud, el impacto social, el educativo, el económico y el político. Sin embargo, en nuestra opinión, una de las consecuencias más relevantes fue la referida a los rápidos cambios de conducta que tuvo nuestra sociedad en la respuesta a la crisis.

Una de ellas fue la importancia y el impacto que tiene el lavado de manos. Este antiguo hábito, incorporado en niños y en adultos, en colegios, en los hogares, e incrementado en los hospitales, fue esencial para prevenir la transmisión no sólo del virus H1N1, sino también de otros virus respiratorios circulantes en esta época. Se comprendió también que, con el autoaislamiento voluntario, el paciente no sólo protegía a los suyos sino también al resto de la comunidad.

La sociedad también supo hacer frente y colaborar, en la fase de mitigación. Al principio, el sistema de salud estuvo sobredemandado. Una vez que se informó clara y persistentemente sobre quiénes debían consultar, respondió y comenzaron a solicitar la consulta médica sólo aquéllos que debían hacerlo. Se comprendió y se cumplió además, el distanciamiento social que permitió disminuir la circulación del virus.

Todos sabíamos que convivimos con el virus de la gripe estacional, todos los años. A pesar de ello, la enfermedad siempre fue subestimada. Se necesitó la pandemia para que todos -profesionales de la salud, autoridades, población en general- tomaran real conciencia de la severidad que puede tener en determinadas personas.

Los llamados grupos de riesgo de la gripe estacional, que no se reconocían como tales y subutilizaban la vacuna antigripal, hoy muchos de ellos comprendieron la importancia de protegerse y se vacunaron.

Ahora la sociedad debe internalizar y apropiarse de la importancia que tiene su protagonismo en prevenir entre otras enfermedades, las infecciosas. Hoy es la gripe, pero la próxima es el dengue, ante el cual la participación activa de la comunidad es esencial. Sin ella, nos espera el fracaso.

Si se informa y se comunican las estrategias en forma clara, útil, objetiva, prudente, oportuna y transparente, la sociedad volverá a responder bien. Tal vez, si los buenos hábitos incorporados se mantienen en el tiempo, se habrá educado, ni más ni menos, en prevenir enfermedades.

El autor es profesor titular de Infectología de la UBA


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