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Julio Grondona en su laberinto

Lunes 10 de agosto de 2009 • 09:51
PARA LA NACION
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El domingo no es tan tranquilo como anuncia esa chata larga y marrón que se mueve lentamente por el río. Hay un envoltorio de brumas en el mundo del fútbol, iguales a las que sólo dejan ver el contorno de la caseta del capitán del barco.

Julio Grondona, en su laberinto, en los días más tensos de su vida de dirigente del fútbol, parece inclinado a terminar con el engendro que él mismo concedió. Recostado sobre el poder del Estado, levanta su espada ante el grupo Clarín.

Después de tres lustros de negocios irreconciliables con la decencia, la AFA y la televisión del fútbol ponrían dirigirse hacia el fin de la relación este martes. El gobierno se haría cargo, lo cual de ninguna manera, como ya lo pretende la asustadiza oposición, debe implicar un gasto. En todo caso, un buen negocio para el Estado y para la gente. Una solución que debe ser nada más que un tránsito hacia otra definitiva, la cual es la licitación dentro de uno o dos años.

En estas horas, el Grupo salió a jugar fuerte. De todos modos, la improvisación y la falta de recursos alarma. En vez de argumentar, anuncia que se viene el cuco de los juicios que piensa hacer: pone en acción a personajes deficitarios de la política para que digan que el Estado tiene prioridades diferentes, que no puede gastar 500 millones en el futbol, y reportea a los capos de la tele poniendo en las preguntas las amenazas que los ejecutivos quieren que trasciendan a la opinión publica.

Para el lector no entrenado en estos temas, bueno es ofrecer alguna idea de cómo puede solventarse el supuesto gasto del Estado. La primera es el reparto de esos derechos a todo el mundo, más la publicidad, la venta al exterior y cuanto etcétera se quiera agregar.

La segunda es más innovadora y puede complementarse con la anterior. Hay que tomar, por ejemplo, lo que el Estado invierte en publicidad. La suma es increíblemente parecida a la que se puede pagar por el fútbol.

Ofreciendo el fútbol en canje por la publicidad en todos los medios televisivos del país simplemente cambia la forma de gastar el mismo dinero.

Clarín le respetó a Grondona lo que no es. Lo creyó leal, incapaz de traicionarlos, al menos, a ellos. Se equivocó, la paloma. Y se equivocaba también en no considerar lo que sí puede reconocerse en Grondona: un peleador nato. Eso sí es, a falta de atributos más ponderables.

Entonces, cuando empezó la discusión por el precio del fútbol, se ve que Grondona les dijo "miren que se nos fue la mano, esto se viene a pique, estoy quedando mal parado con todo el mundo, larguen un poco mas de plata". Se le rieron en la cara.

Fue justo cuando apareció el gobierno, el particular factor K, gente a la que hay que darle de comer aparte Y desde entonces, el margen de maniobra se estrechó para todos.

La buena noticia es que el futbol saldrá ganando. Ahora que este periodista está menos solo en la comprensión y denuncia del colosal negocio, puede decirse que el mismo ya es otro.

Hay que mirar hacia el próximo campeonato como cuando se camina por un repecho interminable, ya sin fe, y de pronto aparecen los primeros indicios de que, del otro lado, hay un futuro.

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