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El reino de la desconfianza

Lunes 10 de agosto de 2009 • 11:15
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El fútbol argentino atraviesa momentos decisivos. Dentro de cuarenta y ocho horas un contrato de un cuarto de siglo puede quedar disuelto. La gente asiste incrédula a un escenario que después de muchos años pareciera que va a modificarse. Sin embargo, todos los actores tienen intereses creados en el asunto y en la guerra de acusaciones se han ido destapando algunas ollas repletas de verdades, que ahora empiezan a ver la luz. Múltiples acusaciones, presiones varias y disputas de poder generan un cóctel en el que todos juegan al "Antón Pirulero" sin importar los caídos que queden en el fragor de la batalla. El hincha futbolero medio aguarda y se informa, el ciudadano común neófito en la materia se instruye para no quedarse afuera. Sólo una cosa los une a todos, el escepticismo, la sospecha y la desconfianza

Cómo no desconfiar de los dueños del negocio del fútbol. Si le han sacado al propio fútbol, la única y verdadera vaca lechera, todo lo que tuvieron a mano. Cómo no dudar de sus intereses si con la multiplicación de la cantidad de abonados por cuota mensual han recaudado en un año 9300 millones de pesos y al fútbol, su vedette, su caballito de batalla, le destinaron sólo 260 millones. O sea, menos del tres por ciento del total. Como no dudar de ellos, si han silenciado a sus periodistas, muchos de ellos muy capaces y despedido a aquellos que no fueron funcionales al discurso corporativo. Si quieren mantener su mina de oro por muchos años más, mantener el monopolio a perpetuidad y acumular cada vez mayor riqueza.

Cómo no desconfiar de los dirigentes. Esos hombres que en su mayoría son exitosos en sus actividades personales y extrañamente pésimos administradores de las finanzas de los clubes. Esos mismos que ahora quieren rasgarse las vestiduras pidiendo a los gritos a los dueños del negocio aquello que callaron durante décadas. Cómo no desconfiarles, si se han arrodillado ante el "señor de los anillos" cada vez que fue necesario, jamás pidieron ver el contrato ni reclamaron nada. Los mismos que osaron incrementar la cuota de cable para que sus manejos desprolijos fueran absorbidos por los clientes. Los que desde 2001 a la fecha vendieron jugadores por 2800 millones de pesos, pesificaron sus deudas con la salida de la convertibilidad y así y todo le deben a los jugadores cuarenta millones de pesos y a la AFIP cerca de trescientos.

Foto: Domenech

Cómo creer en la acción de salvataje del gobierno sabiendo que uno de los actores en el bando contrario es enemigo acérrimo. Cómo no dudar de sus intenciones si jamás se metieron ni participaron en nada. Por qué no pensar que ahora buscan otro tipo de beneficio. Es cierto que le darían al fútbol el doble de lo que le da la empresa que hoy tiene los derechos, pero cómo no suponer que en la venta posterior que ellos mismos harán, triplicarán ese valor y manejarán una nueva caja para disponer de fondos. Cómo no sospechar que se trata de una acción con tufillo populista, para mejorar los índices de imagen positiva y golpear a uno de sus rivales directos en uno de los flancos donde más le duele. Cómo creer además que en poco tiempo lo entregarán al mejor postor, para que el fútbol descubra finalmente su verdadero valor.

Cómo no desconfiar de Grondona. El mismo que necesitó veinte años para entender que el negocio no era nada provechoso para el fútbol que él dice defender. El que entregó los diez partidos de Primera División y ya no tiene nada más para dar. El que permitió que los goles estén presos hasta las doce de la noche del domingo y sólo a partir de ese horario sean un producto de consumo masivo. El que jamás licitó y aceptó extensiones en el vínculo, absolutamente inverosímiles para un convenio en el que se supone las dos partes debían salir ganando. El que según su propia definición "con demasiada bondad" fue prestando dinero a los dirigentes, a cambio de garantizar sus votos para acumular poder y extender su reinado durante tres décadas. Se sabe que uno de sus anillos tiene la leyenda "todo pasa", ahora agregó otro que reza "todo llega". Tal vez haya sido un anuncio y sin saberlo, a él también le esté llegando su hora. De cualquier forma y aún saliendo airoso del conflicto, la situación y los misiles que ha recibido lo dejarán muy malherido.

La gente espera y los fanáticos sólo desean que vuelva el fútbol. Se ilusionan con las posibles incorporaciones y renuevan la pasión como todos los años. Sin embargo y aunque no participaron nunca del negocio saben positivamente que ellos también han estado perjudicados. Deben tener en claro los hinchas que cuando se levante el telón un nuevo orden estará de manifiesto. Todavía no conocemos el final de la película e igual que ellos aguardamos la escena póstuma. Tenemos miles de preguntas y enorme desconfianza. Eso si, disponemos de una sola certeza. Seguro, ya nada volverá a ser igual.

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