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Titanes en el ring

Ezequiel Fernández Moores

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PARA LA NACION
Miércoles 12 de agosto de 2009 • 08:16
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Fernando Miele, que en 1995 era presidente de San Lorenzo, llegó furioso a la Puerta P del Nuevo Gasómetro. Los controles, que habían recibido la orden de que nadie podía entrar por ese sector, acataban a rajatabla y prohibieron la entrada a los técnicos de Torneos y Competencias (TyC), que habían llegado temprano para preparar la trasmisión. "¡Ustedes están locos! –gritó Miele- ¿Cómo no los dejan entrar? ¿No se dan cuenta que este estadio es de ellos? No es nuestro. ¡Es de ellos!".

José María Aguilar, presidente de River Plate, contó esta segunda anécdota durante una charla pública en el club Lanús. Javier Castrilli, entonces a cargo de la seguridad en el fútbol, ordenó que si Boca y River querían jugar de noche sus partidos por la Libertadores de 2004 debían hacerlo sin público visitante. Aguilar decía que eso era impensable y que entonces prefería jugar por la tarde, un horario inconveniente para la TV. El propio Aguilar reprodujo la llamada telefónica que recibió ese mismo día de parte de una de las más altas autoridades del Grupo Clarín.

"Hola José María, para nosotros sería muy importante que los partidos se jueguen de noche. ¿Vos tenés algún inconveniente?

"Yooooooooo, nooooo, ningún inconveniente, para nada".

La gente no sabía si reír o llorar y Aguilar remató el relato: "Ni loco me opongo; es Clarín, macho".

En 1991 la AFA declaró el primer lock out de su historia. Canal 11, que tenía un contrato en vigencia, había ido a la justicia porque la AFA prefirió iniciar un nuevo vínculo con Canal 13, que le ofrecía la novedad del codificado. El negocio, en rigor, terminó siendo del Grupo Clarín y de Torneos. Lo explicitó un informe que mandó preparar en 1999 el entonces presidente de Racing, Daniel Lalín. El documento decía que la TV de cable recaudaba 1.800 millones de pesos y pagaba sólo 55 millones al fútbol. Pedía el triple de esa suma. Y agregaba: "el problema es que los mismos que comercializan los derechos televisivos son los mismos que lo compran, por lo tanto lo que tratan de hacer es comprar barato lo que es un derecho caro en todo el mundo".

La AFA de Julio Grondona, se sabe, defendió siempre su contrato con la TV, iniciado en 1985 con Torneos y renovado luego con la incorporación del multimedo. Invitado a fines del ’99 a un debate en la Universidad de Palermo, el abogado José María Gastaldi, recordó que él era un especialista en contratos atípicos, pero que jamás había visto un contrato tan atípico como ese. Todavía tengo anotadas sus palabras: "esto ni siquiera es un contrato atípico…Me cuesta calificarlo. Y debo decir que un contrato que, de entrada, cuesta calificarlo, ya es para descalificarlo". TyC y Clarín ya se habían peleado unos años antes, en el ’97. Carlos Avila, por entonces a cargo de Torneos, coqueteó con Telefé y Carlos Menem se imaginó entonces formar un grupo que pudiera oponerse a ese grupo de comunicación. Fútbol de Primera rozaba los 30 puntos de rating en el 13 y cotizaba a 850 dólares el segundo de publicidad. Sus periodistas estrellas ganaban fortunas. "Yo pongo marca, historia, cancha, cuerpo técnico y jugadores y a nosotros nos pagan menos", se quejaba un presidente de un club de Primera.

El matrimonio fútbol-TV se sintió tan fuerte que creyó que era posible enviar también al cable los partidos de la selección argentina, cuyos derechos Torneos había vendido a una firma de Estados Unidos con sede en las Islas Vírgenes Británicas. Una demoledora exposición del periodista Víctor Hugo Morales en la Comisión de Comunicaciones del Senado en el año 2000 obligó a poner fin a ese contrato, no obstante las amenazas de abogados de renombre que hablaban de "derechos adquiridos, inseguridad jurídica" y hasta "violación constitucional". En setiembre de 2006, Clarín, enojado por el contrato que la AFA firmó con la compañía rusa Renova, se resistía a dar un aumento y Grondona se desahogó ante un pequeño grupo de periodistas, furioso porque la máxima autoridad del grupo no atendía sus llamadas. "¿Pero quién se cree que es? Yo me reuní con el Papa, con (Tony) Blair, ¿y él no me quiere atender el teléfono? Si no me pagan lo que pedimos –advertía, acaso premonitorio- estoy dispuesto a prohibir el ingreso de las cámaras de TV a las canchas". Poco después se firmó el nuevo acuerdo hasta 2014. Grondona, el dirigente cuyo fabuloso crecimiento patrimonial fue desnudado por primera vez por la revista Noticias en 1994, pasó a ser otra vez Dios. Y la propia AFA ensalzaba nuevamente el contrato con Torneos. En octubre pasado, su página web reprodujo un artículo del periodista Edgardo Martolio, en Perfil, que sólo hablaba loas del acuerdo.

Pasó menos de un año. Para Grondona el contrato es una explotación. Y para Torneos-Clarín Grondona es un demonio; los dirigentes unos irresponsables que dilapidaron todo el dinero obtenido en el negocio siempre oscuro de la venta de futbolistas y los Kirchner unos demagogos que destinan dinero al fútbol en lugar de los pobres, un discurso conmovedor en boca de algunos periodistas que hasta sólo unos días atrás tenían como norma el oficio de entretener. Declarada la guerra, los trapos sucios dejaron de lavarse en casa. Los contratos ya no son más un acuerdo entre privados. Se arrojan cifras y cifras. Pero hay una cuenta difícil de rebatir: el fútbol, igual que en 1999, sigue recibiendo un porcentaje mínimo comparado con el total del dinero que genera el fenomenal negocio de la TV de cable. ¿No es demasiado poco si se admite que el fútbol favoreció el crecimiento casi monopólico de Clarín en la TV de cable y permitió a TyC pasar de una pequeña productora a ser dueña o accionista, según los casos y en distintos tiempos de su historia, de América TV, El Gráfico, Ambito Financiero y a obtener boletería y estática de los estadios, derechos de partidos de selección y copas sudamericanas y hasta negocios con Rupert Murdoch?

El fútbol puede ser un negocio menor del que se cree, es cierto. Pero abre la puerta a negocios mayores, que no se reflejan exactamente en un balance o en un rating. ¿Por qué, sino, casi una decena de candidatos llenan las calles y los diarios con su rostro para decir que quieren ser presidente de River?

La nueva batalla cobró cuerpo con la oferta de un gobierno cuya política hizo hincapié en el rol del Estado, aunque no en la lucha por la desigualdad, y que, tras la derrota electoral, encontró en el fútbol una venganza formidable contra Clarín. Los intelectuales de Carta Abierta jamás imaginaron que el peor golpe contra Clarín llegaría de la mano de Grondona, el viejo ferretero de Sarandí. Pero así es Argentina. Dirigentes que, si bien no todos, dieron sobradas muestras de irresponsabilidad, se relamen ahora ante un posible Prode bancado, vigilancia paga por el Estado y aportes de dineros de otros canales que ya se anotaron ante la movida, un punto este que, eventualmente, serviría al gobierno para atajar la inevitable discusión política sobre el proyecto. Mientras se avecina la batalla judicial, sería interesante observar el esquema alemán, que abrió su campeonato este fin de semana con un nuevo contrato de TV, de 412 millones de euros anuales, también con dineros de la TV pública, pero sin monopolios estatales o privados.

Más que el dinero, que siempre será superior, es interesante el modelo, el más democrático en las ligas top de Europa. El poderoso Bayern Munich fue el que más cobró la temporada pasada (28,11 millones de euros), pero sin diferencias abismales con el que recibió menos (1899 Hoffenheim, 13,3 millones). La distribución toma en cuenta los años en Primera, el ranking actual, una media de los últimos cinco años, plus de 4 millones por el título y hasta bonus por jugadores convocados a la selección. Los derechos se los reparten dos cadenas públicas abiertas (ARD y ZDF) y los canales privados DSF (abierto) y Sky (pago y codificado). Trasmiten de viernes a domingo. El contrato total, de 1.650 millones de euros, dura cuatro años. El magnate Leo Kirch ofreció 500 millones, pero el tribunal de libre competencia paró el proyecto. Los clubes deben abrir sus balances todos los años. Si gastaron de más son sancionados. El control no lo realiza la Federación, sino la Liga, que agrupa a todos los clubes. Son imposibles los magnates personales, porque el 51 por ciento de la propiedad debe permanecer en manos del club. Los estadios están siempre llenos (media de 48.000 personas por partido). Por supuesto que hay problemas de corrupción, arreglos y otras yerbas. Y hay periodistas castigados, como Jens Weinrech, demandado y sobreseído, pero cuya defensa sólo fue posible gracias a los lectores de su blog, hinchas que aman el fútbol, pero detestan la arrogancia del poder, sea público o privado.

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