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¿Podría un celular salvarte la vida?

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LA NACION
Viernes 14 de agosto de 2009
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Un amigo mío se desvaneció hace dos semanas en la calle. "Sentí un vacío en el pecho, pensé que era un infarto y que me moría..., y después no recuerdo más -me contaba en el hospital al día siguiente-. No me dio tiempo de nada", se quejaba, mientras nos adentramos en una conversación sobre la forma en que la tecnología podría haberlo ayudado.

Tan poco tiempo tuvo que cayó hacia atrás y golpeó la nuca contra la vereda, se hizo una fea herida y durante unos diez minutos nadie, pese a que era una zona con muchos comercios, se acercó a socorrerlo. Evidentemente, ésta ya no es la ciudad que conocí cuando era chico.

Por fortuna, un diariero y un taxista le ofrecieron auxilio, llamaron al teléfono que mi amigo repetía como una letanía, en un estado que no era ni de total desmayo ni de completa conciencia, y consiguieron la ambulancia.

"Un segundo, no más, lo bastante para tener un pensamiento fugaz de que te está dando un paro cardíaco, ése fue todo el tiempo que tuve", insiste. El dato es clave. ¿De qué sirve un botón de emergencia en tu celular cuando no tenés tiempo de presionarlo?

Si hubiera estado esperando el subterráneo al borde del andén, subiendo una escalera mecánica o conduciendo por la autopista, el resultado podría haber sido trágico. Mi amigo sabe esto, pero por ahora no han podido determinar la causa de su desmayo. Una batería de estudios busca en estos días diagnosticar el motivo y evitar que el incidente se repita.

Pero los médicos le decían que esto es harto común. Entre los ancianos, aún más. Recuerdo que hace más de veinte años, le ocurrió algo parecido a mi abuelo Manuel Torres, que por entonces vivía conmigo. De nuevo, fueron los vecinos quienes me advirtieron y llamaron a la ambulancia. Claro que en esa época casi no había celulares en la Argentina, y el GPS era un proyecto que esperábamos que arribara a nuestra vida cotidiana en 20 o 25 años. No teníamos e-mail ni mucho menos SMS. No existían Twitter, Facebook ni acelerómetros en miniatura.

Socorro a botonera

Mientras hablaba hoy con mi amigo, que se recupera rápidamente en su casa, pensaba en la forma frívola en que a veces aplicamos la tecnología. Tenemos celulares que cambian de canción cuando se los sacude y permiten publicar en Facebook y Twitter. Se los puede bloquear a distancia mediante un simple SMS. Caramba, uno va en el auto y puede observar en tiempo real el avance del móvil en la pantallita. Pero cuando se trata de situaciones de vida o muerte, el paciente debe buscar el teléfono y apretar el número de emergencia, si tiene un equipo con esa característica, y no existen muchos (ver Feedback, en la página 7 del suplemento Tecnología de hoy y www.lanacion.com.ar/1154204 ).

En Gran Bretaña existe, desde mayo de 2005, la iniciativa ICE ( In Case of Emergency ). Promueve colocar las siglas ICE al lado de las personas que los paramédicos deben llamar durante una urgencia. En la lista de contactos del teléfono, sí.

También hay aparatos con un botón dedicado a ICE y al 911. En verdad, cualquier celular hoy es capaz de marcar hasta ocho números automáticamente, si se mantiene apretada una tecla entre el 2 y el 9. Se llama discado rápido , pero no es algo que se difunda mucho. Le regalamos un celular al abuelo o a la abuela para que se mantenga en contacto con sus nietos de la generación .Net, le explicamos cómo llamar, cómo mandar mensajes de texto, ¿pero le mostramos que si mantiene presionado el 2 llamará automáticamente al 911, al 107 o a su hija mayor? No deberíamos olvidar ese detalle.

En todo caso, podrá mantener un botón presionado durante un par de segundos si dispone de tanto tiempo. Si pierde el conocimiento de golpe, no. Y si se encuentra consciente, pero no puede hablar, tampoco. Llamé al 107 y le pregunté al operador qué hacen si la persona del otro lado no habla. Me respondió que en ese caso es prácticamente imposible brindar ayuda, no sólo porque si alguien llama desde un celular ellos no ven el número (en el caso de las líneas fijas, a veces sí), sino porque hay mucho bromista.

Mi amigo, que tiene más o menos mi edad, no tuvo tiempo de buscar el teléfono, enfocar una tecla y mantenerla presionada. Mucho antes de eso ya estaba inconsciente en la vereda. A plena luz del día. Me pregunto qué hubiera ocurrido si el accidente pasaba tarde, a la noche.

¿Podría ayudarnos la tecnología disponible hoy en una situación de esta clase? Creo que puede hacer eso y mucho más.

Caída libre

Los acelerómetros son dispositivos que detectan caídas y cambios de posición. Son empleados hoy en los teléfonos para cambiar la orientación de la pantalla o el tema que estamos escuchando. También se los usa en controles para juegos, como el de la consola Wii de Nintendo, y en notebooks, para proteger los discos duros; si la portátil siente que está cayendo, pone el cabezal del rígido en posición de estacionamiento, evitando daños en el área de datos.

Si una persona se está cayendo, ¿qué hace nuestro celular? Nada del todo. Bueno, tal vez cambie de tema en el reproductor de música. Pero, ¿podría llamar a emergencia?

Nada lo impide, en rigor. Para una computadora (y todo celular es una computadora, hoy), cambiar la orientación de la pantalla es exactamente lo mismo que realizar una llamada o mandar un SMS. Un acelerómetro puede programarse, como en las notebooks, para que detecte caídas libres; exactamente lo que le ocurrió a mi amigo.

Es posible que el sistema produjera varios falsos positivos. ¿Si tenés riesgo cardíaco, usás un teléfono con funciones de emergencia y te arrojás en un sillón, a los cinco minutos tenés la ambulancia en la puerta? Los acelerómetros son máquinas, así que no piensan, lo mismo que los celulares. Pero sería muy fácil evitar estas falsas alarmas. Bastaría que el teléfono reprodujera un ringtone característico cinco o seis veces antes de hacer la llamada de emergencia o mandar el SMS. Si no estamos desmayados, si sólo nos arrojamos a un sillón, un toque a la tecla de cortar cancelará el pedido de auxilio.

Usamos estas funciones en notebooks y videojuegos, pero no con personas que por su condición de salud o su edad están en riesgo de desvanecerse en la calle. O en sus propias casas.

Aquí estoy

El segundo componente que podría salvar vidas es el GPS. Lo que hace 20 años era un sueño rayano en la ciencia ficción hoy lo llevamos en el bolsillo. Ya hay celulares de gama media con esta función.

Si el GPS se combinara con los acelerómetros, un móvil podría dar uno de los pasos decisivos para salvar la vida de una persona en una emergencia médica o un accidente: conseguir ayuda lo antes posible. Ni siquiera es indispensable que el servicio de emergencias disponga de un equipo muy complejo. Nuestro teléfono podría simplemente mandar un mensaje de texto con las coordenadas de donde hemos perdido el conocimiento, más nuestros datos y los números ICE. Es verdad, a veces los SMS tardan un poco en llegar. ¿Cuántas veces he visto estos retrasos? Fuera de las fiestas de fin de año y Navidad y del Día del Amigo, prácticamente nunca. Mandé dos mensajes de texto (y llegaron) en el tiempo que el 107 tardó en atenderme a una hora pico. Y atendieron rápido.

Además, el teléfono también podría verificar que el mensaje llegó enseguida y, de no ser así, realizar una llamada de voz con un mensaje pregrabado. O publicar el llamado de auxilio en Facebook y Twitter. ¡Vamos, el otro día estaba chateando desde mi PC con alguien que iba en el subte con su móvil! ¿Acaso hay algo que no pueda hacer un celular, si le decimos cómo?

Insisto con este detalle: un celular no es un teléfono, es una computadora que sirve, además, como teléfono. A una computadora se la puede programar para que haga casi cualquier cosa. Excepto maniobras de rehabilitación. Por ahora, al menos.

¿Existe algo así hoy? Hay holters inalámbricos que usan el celular para enviar datos al médico en determinadas circunstancias. Es posible monitorear y enviar muchos otros valores. Pero el dato más básico para establecer si una persona ha perdido súbitamente la conciencia, es decir que sufrió una súbita caída libre, se encuentra al alcance de la mano, sin holter, en todo teléfono que tenga GPS y acelerómetro. Sólo se necesita la aplicación y el servicio. No es tan simple, como se verá enseguida, pero está lejos de ser imposible.

Pronto

Hay algunas situaciones que este sistema no podría contemplar. Por ejemplo, si nos desvanecemos cuando estamos sentados. El GPS podría establecer que hace demasiado tiempo que estamos quietos, pero para entonces, al menos en mi escenario, podría ser muy tarde.

Tampoco faltarán los pícaros que activen esta función sólo para molestar y causar gastos a los servicios de salud. Pero los vándalos explotarán cualquier tipo de llamada de emergencia, son especialistas en convertir algo bueno en algo irritante o destructivo.

Reitero. Los médicos me han dicho que esta clase de crisis es mucho más común de lo que se cree. Que una gran cantidad de personas simplemente se cae en la calle, sin tener tiempo de nada. También puede ocurrirte en tu casa, y si vivís solo nadie se entera durante demasiado tiempo .

Pensé que estaba delirando con estas ideas, así que lo llamé a Fernando Villasol, ingeniero electrónico y gerente de marketing de servicios de Nokia. "Es perfectamente posible hacer lo que usted dice -me respondió desde su casa-. Sin embargo, un teléfono así seguramente costaría más caro, porque habría que hacer control de calidad uno por uno, y no estadísticamente."

Lógico, pensé, un fabricante no puede darse el lujo de que un móvil del que depende la vida de alguien salga con fallas. Si ocurre un accidente, no podrá dejar satisfecho al cliente cambiando la unidad. Es más, puede que ya no tenga cliente. En electrónica de consumo la producción es tan enorme que el control de calidad se hace tomando muestras al azar. En un dispositivo como el que estaba imaginando, habría que verificar su condición individualmente. Eso aumenta el costo.

Continúa Villasol: "Además, los celulares con esa función deberían pasar por la aprobación no sólo de la FCC (en el caso de Estados Unidos; la CNC en la Argentina), sino también de la FDA (Anmat, en el caso de la Argentina)".

Nos quedamos charlando un rato más, y luego, con mis divagues validados por un experto, me puse a buscar en la Web y descubrí que la empresa norteamericana Brick House Alert ( www.brickhousealert.com ) está ofreciendo desde hace poco un brazalete semejante a un reloj de pulsera que detecta si la persona se cae y si se queda quieta mucho tiempo. Si uno no cancela la llamada, le mandan ayuda. También ofrece una serie de funciones adicionales, como botón de pánico y aviso de intrusos. El servicio cuesta 35 dólares por mes y el equipo se entrega en comodato, tras depositar 200 dólares, que son reembolsables.

OK, el dispositivo de Brick House Alert sólo opera en el hogar, no sirve para hablar por teléfono y uno generalmente ya tiene un reloj en la muñeca. La mayoría de nosotros no se colocaría uno de estos brazaletes, al menos hasta una edad avanzada, aun cuando resulte útil en muchas situaciones.

Sin embargo, la mayoría tiene un celular. No todos tienen GPS y acelerómetros, pero esos componentes se van a hacer cada vez más económicos y, por lo tanto, populares. ¿Cuánto habrá que esperar para que estas aplicaciones de vida o muerte lleguen a los móviles? ¿Quince, veinte años? "Creo que no, que estarán entre nosotros mucho antes de eso", me dijo Villasol.

Ojalá.

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