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Crónicas policiales | El Petiso Orejudo

El macabro niño de orejas grandes

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Cayetano Santos Godino fue el primer asesino serial de la Argentina; se le atribuyó el asesinato de varios menores; comenzó a matar siendo apenas un adolescente

Por   | LA NACION

 
 



-¿Siente usted remordimientos por lo que ha hecho?
-No entiendo...

Así contestó Cayetano Santos Godino a la pregunta de uno de los doctores que lo examinó una vez que fue apresado, acusado de cometer numerosos y crueles asesinatos.

Corrían los primeros años del siglo pasado cuando, siendo apenas un niño, el "Petiso Orejudo", apodo que se ganó debido a sus enormes apéndices auditivos, comenzó a cometer una serie de asesinatos que lo convertirían en el primer criminal serial de la historia argentina.

Foto: Archivo 
 

Hijo de inmigrantes italianos, Fiore Godino y Lucia Rufo, Cayetano tenía nueve hermanos. Desde pequeño manifestó su violencia, a tal punto que su propio padre pedía que la policía lo detuviera.

Vivió en la miseria y era constantemente golpeado por su padre y por su hermano. A los 8 años, llevó a Miguel de Paoli, un niño de casi dos años, a un baldío, donde comenzó a pegarle en la cabeza con una piedra. No llegó a matarlo porque un vigilante lo descubrió. La misma suerte corrieron Roberto Carmelo Russo, Ana Neri y Severino Gonzales: en todos esos casos, alguien acertó a pasar por la escena antes de que el Petiso llegara a cometer el crimen.

En el caso Russo, a pesar de que Cayetano repitió la historia en la que decía ser el liberador del menor, fue arrestado. Pero al poco tiempo lo liberaron por falta de mérito.

Pasaron años sin que nadie, salvo su preocupado padre, comprendiera que aquel jovencito de orejas aladas, analfabeto y pirómano, tenía todo el potencial para convertirse en lo que finalmente fue: un asesino serial.

Pero el año 1912 sería clave: tres muertes terminarían por dejarlo al descubierto.

Los dos primeros fueron los crímenes de Arturo Laurora y Reina Bonita Vainicoff. El primero, un niño de 13 años, fue hallado muerto a golpes y estrangulado en una casa vacía en enero de 1912. Dos meses después, a Reina Bonita, de 5 años, la prendieron fuego y falleció al poco tiempo debido a las quemaduras.

No fue sino hasta el crimen de Jesualdo Giordano, ese mismo año, que este joven asesino cayó finalmente en manos de la Justicia.

Jesualdito no tenía ni cuatro años cuando desapareció de la puerta de su casa. Su cadáver apareció en un baldío, estrangulado con un piolín y con un clavo en la sien. La imagen horrorizó a la población, que ya acusaba a Cayetano por el horroroso crimen.

Los vecinos denunciaron que la última vez que habían visto a Jesualdito, caminaba de la mano con el "Orejudo". La policía lo detuvo el 4 de diciembre, y Cayetano confesó sus crímenes.

Tenía apenas 15 años cuando fue procesado por los asesinatos de los niños Arturo Laurora, Reina Bonita Vainicoff y Jesualdo Giordano.

Luego de una serie de peritajes psiquiátricos, fue declarado, en principio, inimputable, por considerárselo irresponsable, aunque se decidió su internación provisoria en el Hospicio de las Mercedes. Sin embargo, por decisión del Ministerio Público, el Petiso fue trasladado a la Penitenciaría Nacional, en aquel entonces ubicada en Las Heras y Coronel Díaz.

Su último traslado fue a la Cárcel del Fin del Mundo, en Ushuaia, -hoy convertida en un museo- donde cumplió su condena por "cuatro homicidios, siete tentativas de homicidios frustrados por las circunstancias, siete incendios intencionales, algunos de los cuales revistieron carácter grave".

En 1927 se lo sometió a una cirugía para reducir el tamaño de sus orejas, ya que algunas teorías sostenían que eran el origen de su crueldad.

Falleció en 1944, y las causas de su muerte generaron varias versiones. Oficialmente se atribuyó la muerte a una úlcera. Sin embargo, hay quienes sostienen que fue castigado por haber asesinado a las mascotas de la prisión -unos gatitos- y habría muerto a causa de una hemorragia interna causada por la paliza.

Incluso los rumores que corrían por la época decían que la esposa del director de la cárcel usaba el cráneo del Petiso como pisapapeles. Tal vez esa anécdota sea parte del imaginario morboso, lo que es cierto, es que el Petiso Orejudo existió, y se convirtió en el primer personaje tenebroso de la historia criminológica del país. .

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