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El nuevo mundo de la "supercomunicación"

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LA NACION
Miércoles 19 de agosto de 2009
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En la novela 1984 (publicada en 1949 ) Orwell introduce la idea de una sociedad totalitaria en la que un Gran Hermano omnipresente vigila cada uno de nuestros actos... Ese año quedó atrás y afortunadamente -más allá de hechos lamentables, pero ocasionales- la fábula orwelliana no se concretó. Sin embargo, basta con pensar en los sistemas que ofrece la actual tecnología digital para advertir que no sólo la privacidad es cada vez más una utopía, sino también que esta "supercomunicación" está transformando el acceso a la información académica.

El tema resulta lo suficientemente interesante para que las dos revistas que dominan la publicación de trabajos científicos le hayan dedicado en las últimas semanas sendos artículos a la "conectividad" ubicua y global.

Uno de ellos, firmado por Allen Renear y Carole Palmer en Science , anticipa una revolución en la publicación y la lectura de trabajos académicos, posible a partir de la convergencia de recursos digitales y sistemas automáticos de búsqueda de datos. Gracias a esto, según Renear y Palmer, los científicos leyeron en 2005 un 50% más artículos científicos que en 1990, pero pudieron acceder online a cuatro veces más en ese año que en 1977. Dentro de una década, anticipan, leerán menos, pero harán más búsquedas de datos.

El otro, firmado por Geoff Brumfiel en Nature , se refiere a una situación inédita en las conferencias científicas: los blogs y Twitter están abriendo las puertas de esas reuniones a público que no está presente en la sala. Basta con llevar en el maletín una laptop y un teléfono celular de última generación (de los que tienen cámara y capacidad para conectarse con Internet por vía inalámbrica) para que hasta se puedan enviar en vivo y en directo al universo digital las usuales diapositivas que acompañan las presentaciones...

Cuando los resultados que se dan a conocer son de dominio público, esto no plantea mayores problemas. Como dice un investigador, "las conferencias científicas son justamente para compartir con el resto del mundo lo que uno está haciendo. Que la persona a la que le cuenta esté o no en el lugar es irrelevante". ¿Pero qué pasa si el trabajo es preliminar y no debería darse a difusión pública? ¿Si esa difusión puede utilizarse para hacer lobby o lograr ventajas comerciales? ¿Si es patentable, pero todavía no está protegido? ¿O si es utilizado por un equipo competidor para sus propias investigaciones antes de que se publique?

Algunos optan por la libertad total; otros, por restringir el uso de dispositivos electrónicos. Pero no hay duda de que estas preguntas no sólo son novedosas, sino también desconcertantes...

ciencia@lanacion.com.ar

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