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Una síntesis de lugares comunes del género

Jueves 20 de agosto de 2009
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Invocando espíritus (The Haunting in Connecticut, Estados Unidos/2009). Dirección: Peter Cornwell. Con Virginia Madsen, Kyle Gallner, Martin Donovan, Elias Koteas, Amanda Crew, Sophi Knight, Ty Wood, Erik J. Berg. Guión: Adam Simon y Tim Metcalfe. Fotografía: Adam Swica. Música: Robert J. Kral. Edición: Tom Elkins. Diseño de producción: Alicia Keywan. Presentada por Alfa Films. Duración: 105 minutos. Apta para mayores de 16 años. Nuestra opinión: regular

Un matrimonio en crisis (Virginia Madsen y Martin Donovan) y sus tres hijos se mudan en 1987 a una casona victoriana ubicada en un pueblo de Connecticut para estar más cerca del hospital donde Matt (Kyle Gallner), el mayor de los chicos, debe someterse a un tratamiento experimental para combatir un cáncer muy avanzado.

Pero mientras su cuerpo se degrada, Matt -un típico adolescente que enfrenta con valentía su desgracia- empieza a sentir cada vez con mayor asiduidad e intensidad ruidos extraños y a tener visiones, alucinaciones y pesadillas ligadas con las desventuras que durante los años 20 protagonizaron viejos habitantes de la casa.

El melodramático punto de partida de esta opera prima de Peter Cornwell es bastante creíble y prometedor (un cartel que aparece al comienzo nos indica además que está basado en hechos reales), pero poco a poco la película va dilapidando su potencial.

Más allá de la construcción psicológica de los personajes (la madre profundamente religiosa y tesonera; el padre alcohólico e inestable), Invocando espíritus resulta una acumulación de lugares comunes del género (sesiones de espiritismo a cargo de médiums, profanaciones y rituales propios de la necromancia, apariciones de fantasmas vengativos).

Debe admitirse que durante la recta final (los últimos 20 minutos) el film gana algo en vértigo y espectacularidad, pero entre el planteo inicial y el desenlace hay más de una hora de narración casi intrascendente, un festival de efectos sonoros (maderas que crujen, puertas que se cierran, gritos y movimientos que se escuchan a lo lejos) con la convicción de que con eso es suficiente para crear climas y generar algún tipo de sugestión en el espectador.

El film remite en principio a ciertos clásicos de terror de los años 70 como El exorcista (aquí hay un pastor experto en exorcismos interpretado por Elias Koteas), luego a un film bastante más sobrio y logrado como Los otros , de Alejandro Amenábar, y finalmente a buena parte del j-horror (terror japonés) que suele trabajar con mayor creatividad y desparpajo la interacción entre humanos y fantasmas. Así, más allá de sus algunos escasos hallazgos, Invocando espíritus termina transitando caminos que otros exponentes del género ya recorrieron con mayor suerte.

Diego Batlle

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