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Escuelas que cambian a sus alumnos y a sus barrios

En el país, hay más de 21.500 experiencias educativas solidarias

Sábado 22 de agosto de 2009
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Agustina Lanusse Para LA NACION

En 2002, Gustavo Paoli tenía 20 años, vivía en Fuerte Apache y con su "junta" -como él la llama- vagaba por la calle y se dedicaba a robar. Un día cayó preso por robo calificado. Y, según cuenta, la cárcel lo salvó. Comenzó a estudiar en el Escuela Media N° 5, de la Unidad Penitenciaria N° 38 de Olavarría, y se involucró en un proyecto de aprendizaje y servicio que recién empezaba: la confección de juguetes didácticos para jardines de infantes carenciados y material en Braille para las escuelas especiales.

"La mía es una escuela técnica. Por la mañana, estudio y, por la tarde, trabajo en el taller fabricando rompecabezas, loterías y juegos de memoria. El impacto más grande lo viví cuando salí por primera vez de la cárcel el año pasado y fui a un jardín de infantes para entregar los juguetes", contó a LA NACION.

"Los pibes estaban felices. Esas caritas no me las olvido más. Ahí dije basta. Tengo que dejar mi otra vida atrás. El sentirme útil para otros me dio fuerzas para seguir para adelante. Y la escuela me cambió la vida. Antes era un ignorante. Robaba porque la junta me llevaba. Ahora, sé que voy a laburar y ganarme la vida", comentó, sentado en las escalinatas de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

Allí, se desarrolló esta semana el 12° Congreso de Aprendizaje y Servicio Solidario. Unos minutos después, Gustavo se subió nervioso al estrado para contar la experiencia. Su proyecto fue uno de los cuatro -de entre 3800- que ganaron este año el primer puesto del Premio Presidencial Escuelas Solidarias.

Los otros tres establecimientos fueron: la escuela media N° 27, de Lomas de Zamora, por el proyecto de diseño y entrega de carteles de señalización de calles y campañas de prevención del dengue y el sida; la escuela provincial N° 25 de Villa Futalaufquen, Chubut, por la confección de un vivero de especies nativas para reforestar la flora local, muy perjudicada por incendios, y la escuela N° 4485 de Coronel Juan Solá, Salta, por una radio al servicio de las comunidades rurales aisladas.

No son experiencias únicas. Según datos del Ministerio de Educación, en el país, hay 21.536 proyectos educativos solidarios en marcha.

Cada uno de los cuatro colegios recibirán como premio 10.000 pesos, que deben invertir para fortalecer sus proyectos. Se seleccionaron, además, seis segundos premios, cada uno de los cuales recibirá 7000 pesos. Hubo también menciones de honor por 4000 y por 2000 pesos cada una. Los premios se entregarán formalmente en octubre.

Todos los proyectos tienen en común una característica: los estudiantes aplican los conocimientos adquiridos en las aulas al servicio de las necesidades concretas de su comunidad.

Como dijo Nieves Tapia, asesora del Programa Nacional de Educación Solidaria, todos ganan. Los alumnos aprenden más y se vuelven más solidarios, y los barrios y vecinos se enriquecen con el aporte. "Estos programas permiten a los jóvenes desarrollar competencias comunicacionales, de iniciativa personal, de participación ciudadana y de formación en valores. No es poca cosa", agregó Tapia.

Aprender con sentido

Tal es el caso, por ejemplo, de Rodrigo Arévalo, un joven de 17 años de la escuela técnica de Lomas de Zamora que obtuvo también el primer premio. Arévalo aseguró que involucrarse en el plan de repavimentación y señalización de calles de su barrio, y en la campaña de prevención del dengue, le hicieron darse cuenta de su liderazgo y su fuerza de voluntad. "Terminé el año pasado la secundaria y estoy cursando estudios terciarios. El proyecto me permitió verme en acción. Sé que soy rápido y eficaz trabajando; me siento seguro de mí mismo", señaló.

Dijo, además, que el plan les aportó sentido a sus días. "Antes era un pibe del montón; iba a la escuela y cuando volvía a casa prendía la tele. Ahora, no tengo tiempo. Tenemos mucho laburo si queremos erradicar el dengue. Mantener el barrio prolijo, cortar los pastizales con un machete, destapar las zanjas a pala para que el agua corra y no se estanque. Todo esto ayuda a prevenir la enfermedad y genera conciencia entre la gente", comentó.

Para él, como para tantos otros estudiantes que hablaron en el seminario, lo más valioso es lo que se recibe a cambio: el agradecimiento y la valoración de los vecinos, que empiezan a cambiar conductas y a mostrarse más cuidadosos. Por eso Rodrigo aseguró que, aunque en el futuro crezca económica y laboralmente, de su barrio no se va más. "Por más pobre que sea, es mío y lo quiero. Y me siento recomprometido", concluyó.

Una convocatoria que crece cada año

El Premio Presidencial Escuelas Solidarias se entrega desde 2001 cada dos años, alternando con la misma distinción en universidades. La cantidad de proyectos presentados crece en cada convocatoria: en 2007, fueron 3644 y este año superaron los 3800. Según Sergio Rial, coordinador del programa, desde 2001 han contabilizado 26.536 experiencias en todo el país, que involucran a más de 1.600.000 estudiantes.

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