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Podemos tener industria electrónica

Alejandro Mayoral Para LA NACION

Sábado 22 de agosto de 2009
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Existe un proyecto de ley que cuenta con media sanción en la Cámara de Diputados y contra el cual se han oído críticas provenientes de los importadores de productos electrónicos. Los argumentos que pretenden infundir temor tanto a los legisladores como al público se han focalizado en cuestiones que nada tienen que ver con el centro del debate. Un conjunto de elementos accesorios o superfluos se han introducido en la discusión pública a los efectos de oscurecer lo que realmente propicia el proyecto de ley. En efecto, lo esencial reside en si se desea o no tener una industria electrónica de consumo en el país o si, por el contrario, nos interesa que todos los bienes electrónicos sean importados. En otras palabras: si estamos dispuestos a sustituir trabajo importado por trabajo nacional. Ese es el centro del debate, ya que la propuesta generará empleo e inversiones sin dañar a otros sectores o provincias.

Más allá de consideraciones ideológicas o teóricas, debemos centrar la atención en si es o no un instrumento válido para sustituir importaciones, generar empleo e inducir inversiones. La respuesta a estas preguntas es afirmativa y, como ejemplo, podemos tomar los resultados de una ley semejante en vigor, en Brasil, desde hace décadas y que ha permitido que el vecino país desarrolle y consolide una pujante industria electrónica.

La experiencia brasileña ha sido más que positiva y todos los estudios así lo confirman. La industria electrónica argentina está radicada sólo en Tierra del Fuego y constituye un polo tecnológico que, pese a circunstancias adversas, se ha logrado consolidar a través de los años. Muchos productos que se elaboraban allí se han dejado de producir merced a la corriente importadora, y generó con ella desempleo. Esta es la situación que el proyecto pretende corregir.

El proyecto de ley que está a consideración del Senado es aun menos benévolo que el que rige en aquel país. Los importadores atacan esta ley basados en argumentos que no se sostienen y cuya única finalidad es poder seguir trayendo productos electrónicos desde Brasil y México con arancel cero, mientras que impiden, a través de mecanismos impositivos, que los productos electrónicos argentinos puedan ser exportados a esos países. Bajo diferentes argumentos pretenden que no desarrollemos nuestra propia industria electrónica.

Entre otras cosas, debemos recordar que una persona antes de poder ser consumidor tiene que poder tener empleo. Esta ley genera empleo y, por lo tanto, consumidores. Siguiendo el argumento importador, deberíamos ponerles arancel cero a todos los productos, dejar que los consumidores se beneficien de esos subsidios y llegaríamos al absurdo de que el país dejaría de consumir porque la gente no tendría ingresos con qué comprarlos. Al equipararse las condiciones de la fabricación nacional con la importada, se compensan las ventajas de las que gozan estos sectores y nos ponen en un pie de igualdad. Recién a partir de allí la competencia es una competencia sana.

Los incentivos de los que gozan nuestros competidores superan a los de la Argentina, de forma tal que no es lícito plantear que existen restricciones, sino, por el contrario, lo que se pretende es equiparar las condiciones de competencia. Las plantas de Tierra del Fuego son fábricas robotizadas con personal calificado y en las que trabajan decenas de ingenieros. La tecnología aplicada no se obtiene mediante la importación, sino fabricando. Si no se fabrica, lo único que se consigue es que se importen productos artificialmente baratos para los sectores de mayores ingresos.

Por supuesto, es más fácil hablar de impuestazo o de componendas políticas, al ocultar que lo que se busca es que numerosas empresas de Tierra del Fuego puedan competir, entregar productos de calidad a precios competitivos producidos con las mismas normas, los mismos procedimientos, la misma calidad que lo que viene importado.

Las plantas de aquella provincia podrían estar en cualquier otro país del mundo por sus características. Lo que pretende la importación es que estén en otro país y no en la Argentina.

El autor es presidente de la Asociación de Fábricas Argentinas Terminales de Electrónica (Afarte).

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