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Medea, "la atemporalidad poética"

Con la actuación protagónica de Cristina Banegas, en el San Martín se acaba de estrenar este clásico griego

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LA NACION
Miércoles 26 de agosto de 2009
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Ensayo de Medea en la sala Casacuberta del Teatro San Martín y a pocos días del estreno del domingo pasado. En medio del escenario despojado, Cristina Banegas pasa el texto bajo el atento seguimiento de la apuntadora. Cuando le toca descansar se sienta en una de las butacas y habla bajito porque es el turno de otros. Ella es Medea. Ella es, como la misma Cristina dice, "la socia fundadora del proyecto". O sea, la que junto a Lucila Pagliai, durante un año y medio estuvo trabajando en la versión. Y la que, luego, fue convocando al equipo. Al principio, iba a actuar y dirigir junto a Pompeyo Audivert hasta que dividieron las aguas: él, en la dirección; y ella, como la protagonista de este texto de Eurípedes. "Nos pareció mejor. Por eso, y pese a mi edad avanzada, soy Medea igual. La gente sabrá disculpar", dice mientras comparte una sonrisa cómplice.

¿Por qué desde hace tiempo, obsesivamente, se le fijó la idea de hacer Medea ? Cuenta que es la pregunta que se hace todas las mañanas. "El texto es tan maravilloso. Disfruté tanto el ir desentrañando a esos textos, fue un tránsito tan gozoso que, después, renunciar a no hacerlo era muy difícil", acota.

En su enorme trayectoria, esta puesta implica para ella recorrer caminos ya transitados. Por lo pronto, Pompeyo Audivert ya la dirigió en La señora Macbeth , aquel elogiado trabajo con el cual obtuvo innumerables premios; y en la misma sala Casacuberta hizo Antígona , con dirección de Alberto Ure, otro trabajo difícil de olvidar. De aquella puesta basada en textos de Sófocles, ahora salta a otro clásico estrenado en el año 431 antes de Cristo.

Cristina Banegas, como Medea, en el centro de la escena
Cristina Banegas, como Medea, en el centro de la escena. Foto: LA NACION / Marcelo Omar Gómez

Ahora habla Pompeyo mientras Mini Zuccheri espera su turno para revisar su vestuario. El director se refiere al elenco como "animales actorales", seres con características potentes y poderosas. "Son todas unas voces increíbles -reflexiona-. Además, son intérpretes capaces de despertar otras asociaciones. En ese sentido, tanto Analía Couceyro como Cristina Banegas, Héctor Bidonde, Tina Serrano y Daniel Fanego permiten esa radiación que necesita una obra como Medea . Los personajes de esta obra diría que son pluralidades concentradas en cuerpos. Son pasiones las que hablan a través de sus máscaras."

En la puesta, esta maquinaria escénica toma vida en un espacio vacío iluminado por Leandra Rodríguez. Allí, todo está puesto en la actuación y en ese texto en el cual una mujer logra vencer a sus enemigos en sus propios territorios. Mientras Pompeyo habla, Carmen Baliero intenta darle entidad al coro (una de las piezas más complejas de ajustar en este tipo de trabajos). "No tuvimos intención de adaptar al texto a la actualidad. A lo sumo, la versión está tan depurada que podría remitir a otras épocas. Lo único que nos tocaba es hacer bien el material tal cual el material había quedado luego de ese largo proceso de adaptación. Yo diría que la obra tiene su propio tiempo que es de una atemporalidad poética", agrega Pompeyo. Según interpreta, el texto de Eurípides habla del poder, de la mujer y de cómo la sangre es la forma de dirimir las traiciones.

Analía Couceyro es otra de los intérpretes fundamentales de esta trama compuestos por 10 personajes y el coro. Ella hace de El Corifeo. Aprovechando ciertas impresiones latentes en el texto, durante los ensayos apareció la idea de trabajar un registro casi indefinido de su personaje. "Podría ser el destino o el director de la obra -apunta-. Por otro lado hay algo como más metafísico, como si fuera un director del más allá". En el proceso de darle vida a su personaje considera que la mayor dificultad fue hacerse cargo de darle vida a una obra escrita hace tanto tiempo y sobre la "cual hay bastantes prejuicios teatrales".

Tina Serrano es otra pieza clave en la historia y en este elenco de voces mayúsculas. Ella hace de La Nodriza, "la que instala el signo de la tragedia, la que augura algo que viene y que viene muy mal", según sus palabras. Para ella, el mayor placer de formar parte de este proyecto se reduce a un término que conoce muy bien: riesgo. "Sobre todo porque es un texto difícil y hacerlo simple es complicado". Se refiere a Medea como un planeta, como algo eterno y constitutivo de la estructura del pensamiento occidental. Cuando leyó el texto quedó impresionada por su fuerza poética. "Está muy al límite de todo", se entusiasma.

- ¿Y cómo es darle vida a un montaje que juega con los límites bajo un esquema de producción que tiene tiempos de ensayos intensos pero acotado a dos meses?

- Bueno..., la vida es acotada. Vivimos en una discontinuidad absoluta y el teatro es la esencia misma de esa discontinuidad.

Para agendar

Medea , de Eurípedes, con dirección de Pompeyo Audivert.

Teatro San Martín, Corrientes 1530. De miércoles a domingos, a las 20. Entradas desde 25 pesos.

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