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¿Y si entrenamos atletas de la mente?

Miércoles 26 de agosto de 2009
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LA NACION
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Jamaica es una isla del Caribe de 240 km de largo por 80 de ancho, en la que viven sin gran holgura económica menos de tres millones de personas. Sus velocistas, sin embargo, parecen venir "de otro mundo": en el reciente Campeonato Mundial de Atletismo, sus atletas obtuvieron dos de los tres récords que se batieron en el torneo (el otro quedó en manos de la polaca Anita Wlodarczyk, en lanzamiento de martillo), ganaron siete medallas de oro (fueron los mejores del Mundial en ese rubro) y quedaron sólo después de los Estados Unidos (que obtuvo 10) en el medallero total. Ya el año pasado, en los juegos de Pekín, cuatro corredores jamaiquinos marcaban menos de 10 segundos en los 100 metros llanos...

Hasta los entendidos de todo el mundo se preguntaban la semana última cuál es el secreto que permite lograr repetidamente semejante despliegue de talento y un cúmulo de condiciones físicas que parecen sobrenaturales.

¿Puede esto ser obra de la casualidad? Aunque algún papel debe cumplir el azar, seguramente la respuesta radica en los recursos sociales que se ponen en juego. En Jamaica, los velocistas son ídolos y los chicos comienzan a correr antes de entrar a la escuela.

Ayer mismo, Andrés Oppenheimer se refería en su columna a la obsesión nacional de Singapur con la educación: hasta los billetes de dos dólares, en lugar de exhibir el grabado de un prócer del pasado, muestran un aula con alumnos que escuchan al profesor. Aunque el sistema educativo de Singapur pone en práctica métodos altamente discutibles, gracias a esa insistencia sostenida sus estudiantes son conocidos por su pericia en ciencia y matemática. Frente a ejemplos como éstos, uno no puede menos que preguntarse qué pasaría si aquí existiera el mismo interés por la educación que, por ejemplo, por el fútbol...

nbar@lanacion.com.ar

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