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Drogas, alcohol y deserción escolar: un sombrío panorama en Jujuy

Ante la falta de contención familiar y de espacios que cubran sus necesidades, el 16,1 % de los adolescentes abandona el colegio y muchos de ellos caen en el mundo de las adicciones; la tarea de las ONG para ayudarlos a regresar al sistema

Domingo 30 de agosto de 2009 • 11:38
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LA NACION
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Foto: LANACION.com / Alan Goldfarb

SAN SALVADOR DE JUJUY.- Alejarse unas pocas cuadras de la plaza Belgrano, en pleno centro de esta capital, supone encontrarse con una ciudad distinta y asimétrica, montada en paralelo. Allí, entre cerros y viviendas signadas por la pobreza, se respira otra atmósfera y se impone, casi por definición, un estilo de vida propio y hostil del que muchos jóvenes buscan escapar.

La soledad que rige en el ambiente y la necesidad de tener que asumir por obligación responsabilidades del mundo adulto derivan en un aumento del consumo de alcohol y drogas en las zonas más castigadas de la periferia; un círculo vicioso del que cada vez más adolescentes, de entre 13 y 17 años, se vuelven protagonistas.

Casi como una réplica de años anteriores, Jujuy registra en la actualidad uno de los peores índices de pobreza del país (el 27%, según cifras arrojadas por el Indec; el 41,4%, de acuerdo con los datos publicados por el Instituto Iader ).

A esta situación se suma la tasa de deserción escolar interanual, que refleja el porcentaje de alumnos que no se inscriben para seguir en la escuela al año siguiente. Las últimas cifras que manejan fuentes de la Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa, correspondientes al período 2006-2007, indican que la deserción en el nivel medio alcanza el 16,1 por ciento.

Hoy ese contexto se vuelve más adverso aún por las adicciones y el mundo en que quedan atrapados muchos jóvenes seducidos por el poder de la calle, según pudo constatar lanacion.com en una recorrida por algunos de los asentamientos más castigados.

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Un golpe a la escuela. El dilema que plantean el presente y el futuro para estos jóvenes, que en su mayoría vive en condiciones precarias, se traduce en un alejamiento gradual del ámbito escolar. La ausencia de un proyecto de vida a largo plazo se vuelve irreversible, además, por la carencia de un espacio común que esté acorde con los intereses que reclaman los más postergados.

"Si los jóvenes no pueden encontrar en la comunidad espacios de organización ni de participación donde se sientan iguales, respetados, contenidos, difícilmente puedan afrontar las dificultades que el mundo presenta", explica a este medio Isolda Calsina, abogada y presidenta de la fundación Forins, dedicada al fortalecimiento educativo en la provincia. "No se siente un paria, sino un excluido de todo", prosigue.

En la región de los valles tampoco faltan ejemplos de chicos que ponen en peligro su permanencia en la escuela por dedicarse a la cosecha para contribuir, aunque sea simbólicamente, con la economía familiar. También entran en juego aquí quienes repentinamente quedan a cargo de hermanos más pequeños cuando sus padres emigran a otras zonas del país en busca de sustento.

La otra cara de la pobreza. Dificultades como la exclusión y el limitado acceso a las oportunidades y al reconocimiento social, sumados a la pérdida de confianza y autoestima que sufren los jóvenes jujeños, preocupan a varias organizaciones sociales que venían trabajando en la tarea de promover la inclusión al sistema desde una educación no formal.

En este último tiempo, pese a estar familiarizados con las problemáticas de la provincia, se llevaron algunas sorpresas. A través de debates, dibujos, pinturas y otras manifestaciones artísticas advirtieron que las adicciones habían cobrado un amplio protagonismo y ganado terreno entre los adolescentes. Fue la única forma, según coinciden los coordinadores, que muchos de esos chicos eligieron para canalizar frustraciones, miedos, temores y deseos con los que deben librar a diario y que por la misma condición social no pueden expresar en sus hogares.

"En las zonas más afectadas muchos chicos viven solos. Y es esa soledad la que los lleva a inclinarse por el alcoholismo y la drogadicción, que aumentan cada vez más. Esta situación los obliga muchas veces a tener que abandonar sus estudios o los ponen en peligro. Otros se transforman en repitentes", afirma Rolando Garmendia, coordinador del Centro de Actividades Juveniles (CAJ), una iniciativa que lleva adelante el Ministerio de Educación desde 2002 destinada a revertir esta situación.

Ante la falta de un proyecto de vida a largo plazo y la permanente demanda de contención, muchos adolescentes abandonan la escuela y caen en el mundo de las adicciones. Foto: lanacion.com / Alan Goldfarb
Ante la falta de un proyecto de vida a largo plazo y la permanente demanda de contención, muchos adolescentes abandonan la escuela y caen en el mundo de las adicciones. Foto: lanacion.com / Alan Goldfarb
Ante la falta de un proyecto de vida a largo plazo y la permanente demanda de contención, muchos adolescentes abandonan la escuela y caen en el mundo de las adicciones. Foto: lanacion.com / Alan Goldfarb
Ante la falta de un proyecto de vida a largo plazo y la permanente demanda de contención, muchos adolescentes abandonan la escuela y caen en el mundo de las adicciones. Foto: lanacion.com / Alan Goldfarb
Ante la falta de un proyecto de vida a largo plazo y la permanente demanda de contención, muchos adolescentes abandonan la escuela y caen en el mundo de las adicciones. Foto: lanacion.com / Alan Goldfarb
Ante la falta de un proyecto de vida a largo plazo y la permanente demanda de contención, muchos adolescentes abandonan la escuela y caen en el mundo de las adicciones. Foto: lanacion.com / Alan Goldfarb
Ante la falta de un proyecto de vida a largo plazo y la permanente demanda de contención, muchos adolescentes abandonan la escuela y caen en el mundo de las adicciones. Foto: lanacion.com / Alan Goldfarb
Ante la falta de un proyecto de vida a largo plazo y la permanente demanda de contención, muchos adolescentes abandonan la escuela y caen en el mundo de las adicciones. Foto: lanacion.com / Alan Goldfarb
Ante la falta de un proyecto de vida a largo plazo y la permanente demanda de contención, muchos adolescentes abandonan la escuela y caen en el mundo de las adicciones. Foto: lanacion.com / Alan Goldfarb
Ante la falta de un proyecto de vida a largo plazo y la permanente demanda de contención, muchos adolescentes abandonan la escuela y caen en el mundo de las adicciones. Foto: lanacion.com / Alan Goldfarb
Ante la falta de un proyecto de vida a largo plazo y la permanente demanda de contención, muchos adolescentes abandonan la escuela y caen en el mundo de las adicciones. Foto: lanacion.com / Alan Goldfarb
Ante la falta de un proyecto de vida a largo plazo y la permanente demanda de contención, muchos adolescentes abandonan la escuela y caen en el mundo de las adicciones. Foto: lanacion.com / Alan Goldfarb
Ante la falta de un proyecto de vida a largo plazo y la permanente demanda de contención, muchos adolescentes abandonan la escuela y caen en el mundo de las adicciones. Foto: lanacion.com / Alan Goldfarb
Ante la falta de un proyecto de vida a largo plazo y la permanente demanda de contención, muchos adolescentes abandonan la escuela y caen en el mundo de las adicciones. Foto: lanacion.com / Alan Goldfarb

El CAJ ayuda a miles de jóvenes que se acercan en busca de contención y alivio cuando se encuentran cara a cara con la realidad y descubren la inmensa vulnerabilidad que los afecta.

"Tratamos de que no sean grupos de trabajo, sino de amigos para la contención. Queremos que ellos mismos estén para ayudarse y apoyarse. En la actualidad no hay demasiadas opciones para los jóvenes fuera del horario escolar. Quedan a la deriva, solos en sus casas, y el barrio no representa un ambiente propicio para actividades sanas. El trabajo no es fácil, ni tampoco se logra de un día para el otro, pero intentamos que no caigan en los vicios que hoy se presentan como algo tan fuerte", apunta Bruno Gutiérrez Perea, asistente del programa Emaús liderado por Cáritas y que está destinado al aprendizaje personal y comunitario.

Efecto boomerang . Muchas de de estas propuestas trascienden incluso el ámbito exclusivamente escolar para impulsar a las familias a salir de la extrema pobreza. Con ese objetivo, además de clases y talleres, otorgan becas para adultos que tuvieron que relegar sus estudios por falta de oportunidades. Actualmente son varios los que lograron así obtener un empleo o saldar una cuenta pendiente.

Un padre que obtuvo el subsidio y alcanzó con él el sueño de convertirse en panadero o el caso de una mamá no vidente que aprendió a leer y escribir y hoy estudia teatro y computación, son sólo algunos ejemplos que sobresalen por el atractivo que generan las historias más simples, pero a la vez, más humanas.

Viejos problemas, nuevas soluciones. Las organizaciones sociales consultadas defienden la idea de que para lograr revertir los motivos por los que un chico abandona la escuela, el acento debe estar puesto en devolverles la confianza y recuperar la autoestima aun cuando tienen frente a ellos un escenario complejo y lleno de dificultades.

En este sentido, Calsina sostiene que toda estrategia que aspire a erradicar la deserción en la provincia debe contemplar escuelas de tiempo completo, vinculadas con el mundo del trabajo y las necesidades de empleo y personal altamente calificado para enseñar.

"El joven en la calle no encuentra un escenario de convivencia. Pero la escuela de esta manera sería la puerta de un mundo diferente para los niños excluidos. Hoy podríamos orientarlos y de esa forma recrear en ellos el sueño de pertenecer a la sociedad que la escuela lo invita a imaginar. Si las escuelas pobres siguen estando en los barrios pobres los seguimos condenando a la exclusión", afirma.

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