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Poner límites en el aula, cada vez más difícil

La discriminación y el acoso son nuevas formas de indisciplina

Domingo 30 de agosto de 2009
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LA NACION
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"Ya le busqué colegio al nene; ahora tiene que ir él a ver si le gusta", contó la madre del pequeño José en sesión de psicopedagogía.

No es sólo una anécdota. Es lo que Vilma Saldumbide, rectora del Instituto Libre de Segunda Enseñanza (ILSE), llama "simetría en la relación", esto es, cuando la autoridad paterna se confunde con una especie de amistad y complicidad entre padres e hijos, o entre educadores y alumnos, que desemboca en una enorme contradicción para los chicos.

Y está provocando nuevas formas de faltas groseras en la escuela, entre ellas, utilizar el celular para pasar machetes o para sacar fotos comprometedoras y subirlas a Internet; hostigar a los compañeros a través de redes sociales en la Web (el acoso y la discriminación son los grandes dolores de cabeza de los docentes); responder con violencia a los profesores y preceptores, y hasta intentar imponer los criterios de estudio en las escuelas.

Son faltas alimentadas por el mundo virtual (muchas veces inabordable para padres y profesores), por la abolición de castigos (amonestaciones) y por la permisividad del trato horizontal en todos los órdenes, entre otros factores.

"En el ILSE, nosotros tenemos una disciplina bastante sólida y le damos mucha importancia a la buena convivencia -dice Saldumbide-. Sin embargo, hay otra mirada sobre las relaciones, y eso cambia, incluso, la relación que los padres tienen con la escuela, con las autoridades. Personalmente, creo que el trato entre los padres y los hijos no tiene que ser simétrico y que hay que cultivar las relaciones de poder, y saber que las instituciones educativas y sanitarias son piramidales."

Hoy es común ver a los chicos fumar o tomar alcohol en la puerta de la escuela y escuchar: "La guita me la dio mi viejo; hablá con él, man ", al preceptor que se animó a cuestionar.

"Se perdieron las relaciones piramidales porque la gente tiene miedo y ha deformado el criterio de autoridad -dice Saldumbide-. La educación reprime, y reprime para poder vivir en sociedad. Eso es asimétrico."

Es decir, la contemporaneidad trae aparejadas otras formas de hostigar al sistema, quizá más agresivas: todos los consultados por LA NACION afirman que el "todos contra uno" reemplazó al "te espero afuera" de los guapos setentistas, y el "andá, loco [gorda, petiso, narigón]", por sofisticadas cartas acosadoras a través de redes sociales o Internet.

¿Y las drogas? La funcionaria de uno de los colegios públicos más prestigiosos de la ciudad de Buenos Aires confesó, a cambio del anonimato, que se ha intensificado el control interno luego de la aparición de alguna "bolsita" con marihuana y que se revisan los baños y los sótanos para detectar a los que fuman, pero jura que es mejor eso que el paco, droga cuyos dealers hacen mucha presión por ingresar en los colegios. "Mire hasta qué punto hemos cambiado la óptica. Cuando vemos a un chico fumando, lo sancionamos, pero también llamamos a la familia para que lo contenga", dice.

Sandra Votta es madre de Francisco, de 14 años. "Me parece que hay una gran falta de límites y los chicos no saben muy bien para qué cosas están preparados y para qué otras no. En cuanto a la indisciplina, lo que más se da es la burla a la autoridad y los chicos doblan la apuesta. Ahí es cuando hay que prestar atención porque tanto el paco como el porro se han instalado en las escuelas y los chicos están muy expuestos a entrar en un circuito de consumo y algunas veces de comercialización. En general, se los ve sin estímulos, sin demasiadas preocupaciones, sin objetivos claros, y eso es preocupante", dice.

Una cuestión generacional

Alejandro De Oto Gilotaux, director de primaria del Colegio Los Robles, señala: "Generación tras generación, el ejercicio de la autoridad se vive de distinta manera. No es extraño que las generaciones que fueron tratadas con dureza traten a sus hijos con más flexibilidad, y que las personas que fueron maltratadas por sus padres sean también maltratadas por sus hijos".

Para él, estar cerca de los alumnos, escucharlos, predicar con el ejemplo y cumplir con la palabra empeñada "son características infaltables en los docentes que ejercen la autoridad con efectividad".

El profesional señala que los problemas de disciplina más comunes pasan por las agresiones verbales, "fruto del roce propio de la convivencia y del nivel de agresión que se vive en la sociedad".

Además, señala cambios en la perspectiva de la sanción. "Hoy no existe la intención de que el alumno sufra una pena por haberse equivocado. Se apunta a la reflexión, a la sanción reparadora y, en casos graves o de reiteración de faltas, a sanciones, como alguna suspensión temporaria, que ayuden al alumno a tomar conciencia de que su conducta no es la adecuada. El objetivo es la modificación de la conducta."

Abunda: "Hace unos años, bastaba que en el parte de amonestaciones dijera, por ejemplo, que el hijo había faltado al respeto para que el padre tomara cartas en el asunto. Hoy debemos comunicar en detalle lo ocurrido, fundamentar por qué esa conducta no es correcta, explicar los pros y los contras de ese comportamiento y cómo podrá afectar negativamente el futuro del hijo".

La licenciada Carola Martínez, integrante del equipo de asesores de la Dirección de Educación Media del Ministerio de Educación porteño, agrega algunos datos. "Hay escuelas en las que las situaciones más recurrentes tienen que ver con agresiones verbales y físicas por discriminación entre pares, generalmente asociadas a temas culturales y de nacionalidad, personalmente o mediante conversaciones de chat , e-mails , comentarios en Facebook, fotologs y videos o filmaciones subidas en YouTube, donde circulan amenazas y burlas".

Hay otras variantes. "También hay situaciones de apatía y desinterés que en algunos casos desencadenan faltas de respeto hacia el docente. Por ejemplo, el uso del celular o MP3, que, una vez detectados, promueven desorden, pérdida de tiempo, insultos, enojos y discrepancias".

¿Y el tradicional castigo? Martínez dice: "No confundamos autoridad con autoritarismo. La sanción es necesaria en tanto límite, pero acompañada de una reflexión, del compromiso de un cambio de actitud, de una acción reparatoria, porque, si no, no produce ningún efecto. Suspender, separar y amonestar tienen el mismo valor sancionatorio; lo que difiere es lo que acompaña a la sanción que se aplica".

Jason Beech, director de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés, señala: "La escuela es un microcosmos de la sociedad; es un reflejo, lo que quiere decir que si hay agresiones fuera de ella, se van a ver en el interior. Hay que agregar que el concepto de autoridad cambió mucho y afectó directamente a la educación. Cuando los chicos ven que el adulto quiere parecerse él y no al revés, hay un efecto posterior".

Herramientas para los profesores

Jason Beech, de la Universidad de San Andrés, cree que hay una porción de la sociedad que mira con cierta nostalgia aquella escuela donde nadie se movía sin pedir permiso. Y afirma: "Nos gusta eso, pero no estamos dispuestos a sancionar a los alumnos, de modo que hay que buscar un camino intermedio. Uno podría capacitar mejor a los docentes porque muchos de ellos no saben qué hacer frente a los problemas. Si a esto se suma la situación de los ?docentes-taxi´, que van de un lugar a otro, que no se cruzan con los demás docentes para intercambiar ideas, contener a los alumnos se hace muy difícil".

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