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Sistema de salud público vs. privado: ¿cuál es mejor?

El Mundo

En medio del debate en Estados Unidos sobre la reforma sanitaria impulsada por Obama, lanacion.com consultó a especialistas sobre el rol del Estado en el área sanitaria

Por   | LA NACION

En pleno debate electoral, Barack Obama tomó el micrófono, miró a John McCain, candidato republicano, y sorprendió: "Nunca olvidaré el caso de mi madre, que mientras luchaba contra el cáncer en sus últimos días de vida, se preocupaba por si su aseguradora diría que su enfermedad era una condición preexistente para no darle cobertura médica". Meses después, la iniciativa impulsada por el presidente de Estados Unidos para reformar el sistema de salud de su país todavía enciende discusiones entre los norteamericanos.

En los próximos días, el Congreso analizará el proyecto demócrata para incorporar un seguro médico público, que pretende generar competencia en el mercado y brindar cobertura sanitaria básica a todos los norteamericanos. ¿Debe tener el Estado mayor o menor injerencia en la salud? Especialistas consultados por lanacion.com coincidieron con la necesidad de un actor estatal, analizaron las características del sistema de salud norteamericano y lo compararon con el británico y canadiense.

"Estados Unidos es casi el único ejemplo de medicina de mercado. El error es creer que el mercado sirve para todo", dice, enérgico, el ministro de Salud durante el gobierno de Alfonsín, Aldo Neri. "La asistencia pública es muy floja, peor que la argentina, porque el Estado es el último recurso. Yo no quisiera ser enfermo en los Estados Unidos, excepto que sea muy, pero muy millonario", sentencia.

Daniel Maceira, investigador del Conicet especializado en salud, también critica el modelo: "El sistema norteamericano es el reflejo de una estructura social individualista. En algunas cosas puede ser un éxito, pero en salud es catastrófico". Y afirma que "es necesaria la intervención del Estado".

En la actualidad, unos 46 millones de norteamericanos no tienen ningún tipo de cobertura médica y otros 25 millones tienen una cobertura inadecuada. Es decir, sólo el número de excluidos del sistema supera la población total de la Argentina. El Estado aplica dos programas de asistencia médica para ancianos e indigentes (Medicaid y Medicare). Sin embargo, la cobertura no contempla a quienes no llegan a pagar la cuota del seguro médico, ni califican para utilizar los programas públicos.

El modelo norteamericano. Los especialistas coincidieron en remarcar la falta de solidaridad de este sistema. Sin embargo, la libertad de elegir -muchas veces emparentada con el individualismo- y la responsabilidad de valerse por sí solo aparecen como las principales virtudes para la sociedad norteamericana.

Mónica Panadeiros, especialista en sistemas sanitarios de FIEL, apunta a una "mínima" cobertura estatal, y explica: "A los estadounidenses no les importa la equidad, ellos quieren elegir su propia asistencia médica. No soportarían un modelo como el inglés, que les indique adónde atenderse. Quieren pagar más y tener lo mejor".

El sociólogo Pablo Vinocur, director de la Maestría de Desarrollo Humano de Flacso-PNUD fija su postura: "El Estado debe asegurar que todos tengan atención sanitaria". Y aclara: "Los norteamericanos están dispuestos a defender sus principios: lo más importante es proteger al ciudadano de los excesos del Estado, pero los derechos sociales no les preocupan".

Unos 150 millones de norteamericanos contratan seguros privados de salud. Los empleadores suelen pagar un porcentaje de la cuota, aunque también se pueden contratar de manera independiente. El seguro médico más económico es el HMO, que brinda una cobertura similar a las medicinas prepagas. La cuota promedio de un ciudadano de 50 años cuesta unos U$S 500 por mes, pero pese al pago, en algunas circunstancias los pacientes deben abonar parte de los tratamientos.

Tecnología e investigación. Pero no todos son aspectos negativos. Pese a su visión crítica, el sanitarista Mario Róvere, director de la Maestría de Salud Pública de la Universidad Nacional de Rosario, destaca algunas virtudes: "No podemos ignorar que tienen la mayor acumulación de recursos tecnológicos, científicos y profesionales. La velocidad de innovación del sistema es de las más altas".

Estados Unidos es el país que más invierte en salud en el mundo. El Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca estimó que dichos gastos representan el 16% del PBI, aunque sólo la mitad son aportes estatales.

Sin embargo, Panadeiros vincula la gran innovación tecnológica con el alto aporte privado en salud: "Es un sistema proclive a la sobreprestación de servicios. Como el paciente no sabe realmente qué estudios son necesarios y cuáles son los mejores medicamentos, los médicos estimulan el consumo", explicó.

Comparaciones. ¿Público o privado? ¿Cuál es el mejor modelo? "Es muy dura la comparación con el sistema inglés. Estados Unidos gasta seis veces más que Gran Bretaña y deja sin asistencia a un sexto de su población. Gran Bretaña aporta la sexta parte del presupuesto norteamericano y tiene cobertura universal con el modelo público", dice, con muestras de asombro, Róvere.

El Sistema Nacional de Salud británico (NHS, por sus siglas en inglés), creado en la posguerra, es administrado totalmente por el Estado y les asegura una cobertura gratuita a sus ciudadanos.

"Los ingleses se dieron cuenta de que el mercado, que funciona tan bien en otros terrenos, debía quedar afuera en las cuestiones sanitarias", sostiene Neri.

Sin embargo, el modelo británico también presenta sus problemas. "Las intervenciones que no son urgentes tienen dos años de espera y hasta se hacen racionamientos. Por ejemplo, para trasplantes hay una edad estipulada; si no cumplen los requisitos no se hacen", dice Panadeiros. Y enumera más complicaciones sobre el aporte estatal: "Cuando el Estado interviene surgen los problemas de eficiencia. Lo típico de una empresa pública: los pacientes están internados más tiempo porque nadie ahorra recursos, el personal trabaja a media máquina porque no cobra por incentivo".

Tal como lo hizo el cineasta Michael Moore en Sicko , un film crítico del sistema norteamericano de salud, Maceira señala a Canadá como un modelo a seguir. "Estados Unidos debería mirar el sistema canadiense, porque tiene mayor cobertura, mayor solidaridad en los fondos y cuenta con un Estado que se involucra, pero que también encuentra coordinación con la prestación privada", argumenta.

En la misma línea, Panadeiro sostiene que es mucho más fácil para Estados Unidos apuntar a un sistema mixto como el canadiense que intentar imitar a Gran Bretaña. "En Canadá, el Estado te da el seguro, pero los prestadores son privados. Con eso alcanza para darle cobertura a toda la población". .

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