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La Viuda... de Juventus, una joya

Fue un gran acierto presentar esta opereta de Franz Lehár en su idioma original

Miércoles 02 de septiembre de 2009

La viuda alegre (opereta). De Franz Lehár. Libreto de Víctor Léon y Leo Stein, basado en la comedia L’attaché d’ambassade de Meihac. Elenco: Soledad de la Rosa (Hanna), Armando Noguera (Danilo), Sonia Stelman (Valencienne), Sebastián Russo (Camille), Santiago Tiscornia (Cascada), Carlos Rivas (Mirko Zeta), Norberto Lara (Njegus), Hernán Sánchez Arteaga (Raoul). Santiago Ballerini (Consejero) Juan Feico (Cónsul). Seis grisetas. Coro Juventus Lyrica preparado por Miguel Pesce. Dirección escénica y preparación idiomática: Ana D´Anna y Gui Gallardo. Andrés Dos Santos (Preparador musical), Carlos David Jaimes (Asistente musical). Director de orquesta: Carlos Calleja. Teatro Avenida. Nuestra opinión: excelente

El preludio -breve pero enérgico, a cargo de una orquesta integrada en su mayoría por jóvenes instrumentistas de la ex orquesta académica del Teatro Colón conducidos por un músico consagrado e injustamente maltratado como Carlos Calleja- anunció con claridad que podría haber una grata sorpresa con la opereta de Lehár.

En efecto, el marco escénico mostró de entrada una puesta ajustada a la más genuina tradición, como no debería ser de otro modo con un género que retrata, acaso con ironía, la vida de una época y de una sociedad vinculada a lo político y económico. Pero para contar la pícara historia de la embajada del pequeño estado de Pontevedra en París en quiebra, y el esfuerzo de sus funcionarios para retener a su heredera más rica, se recurrió a un elenco en el que fue notoria la alternancia de artistas consagrados con jóvenes figuras, tanto en los cantantes como en los integrantes de la orquesta, bailarines y el grupo coral, este último muy bien preparado por Miguel Pesce.

En cuanto al rendimiento artístico del elenco se destacó la jerarquía de Soledad de la Rosa, que además de su excepcional condición vocal, resulta ser una cantante cautivante por la riqueza de su timbre y musicalidad, esto es, afinación exacta, matices variados, justeza rítmica, al que suma una regulación sabia del caudal sonoro y de su capacidad de aire. Además por la grata sorpresa de su presencia, al verla desenvuelta bailando con elegancia y en todo momento con la naturalidad y la gracia de una actriz de raza. Pero sería injusto no destacar asimismo la labor del barítono Armando Noguera encarnando al conde Danilo, porque él también lució voz timbrada en el color, seguridad musical y una espontánea actuación escénica, con lo cual la pareja protagónica, en todos los momentos a dúo, provocaron verdadero deleite.

Otro punto positivo de la representación estuvo centrada en la solvencia musical, gracia y simpatía de Sonia Stelman y Sebastián Russo, así como en el buen trabajo de conjunto que lograron Carlos Rivas, Santiago Tiscornia, Hernán Sánchez Arteaga y Norberto Lara para toda la escena de la farsa, donde el acierto mayor estuvo centrado en la rapidez del discurso musical y en la claridad de la dicción.

Si bien es cierto que las jovencitas que encarnaron a Loló, Dodó, Yu-Yu. Fru-Fru, Clo-Clo y Margot lucieron belleza y picardía, el punto fundamental del éxito estilístico de la propuesta se atribuye al haber optado por la versión en idioma alemán, a nuestro criterio un acierto, porque se dejó de lado la costumbre de usar el español, con el que las anteriores versiones de operetas tenían un sabor a zarzuela española. ¿Qué resultado daría La verbena de la Paloma en alemán? Por eso, felicitaciones y gracias a Juventus Lyrica y al maestro Carlos Calleja, porque este último, con su sobriedad y muy acertado fraseo y atmósfera de vals, dio en el estilo de una época y de una idiosincrasia.

Juan Carlos Montero

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