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"No existe ni existirá nunca una sociedad mundial integrada"

El antropólogo brasileño sostiene que también en Internet se mantienen las fronteras

Miércoles 02 de septiembre de 2009
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Raquel San Martín LA NACION

"Se habla mucho de la esfera civil, de la sociedad civil mundial, pero la verdad es que no existe, y no va a existir. Muchas veces se dice que el mundo de hoy es un mundo integrado. No. No es nada integrado. Sí es un mundo conectado, pero conexión e integración son cosas distintas", dice el antropólogo y sociólogo brasileño Renato Ortiz. Para este estudioso e investigador de prestigio internacional, Internet, el paradigma de la interconexión global, también tiene fronteras. "Traten, si no, de «googlear» el término globalización –afirma–. Si se teclea globalization, en inglés, se encuentran 31.500.000 entradas; globalización, en español, reúne 6.410.000; globalisaçao, en portugués, devuelve sólo 183, y globalisation, en francés, para Google es un error ortográfico."

A estos temas dedicó Ortiz su último libro, La supremacía del inglés en las ciencias sociales , que acaba de publicar Siglo XXI. "El inglés tiene la capacidad de pautar las ciencias sociales, de la misma manera que la portada de un periódico pauta las noticias. Pautar significa dar visibilidad a un tema, pero también ocultar otros", afirma.

Profesor de la Universidad de Campinas, en San Pablo, visitante regular de la Argentina, el autor de Taquigrafiando lo social (Siglo XXI) y Mundialización: saberes y creencias (Gedisa) describió la "burocratización de las ciencias sociales" como el obstáculo más fuerte para pensar el mundo contemporáneo, hecho de la necesidad de publicar artículos, de hacerlo en inglés y de dar forma a los temas de estudio según una agenda que ha olvidado cuestionar muchos de sus objetos de interés.

El investigador, que a fines de los años 80 comenzó a hablar de "mundialización", dialogó con LA NACION en buen español y marcó así otra frontera que resiste los discursos sobre la integración: "Los latinoamericanos entienden mal el portugués y no les gusta leerlo. En contrapartida, el español es una lengua leída en la academia brasileña", diferenció.

-¿Cómo se construyen hoy las agendas de la investigación en ciencias sociales?

-Hay temas que son tratados de manera bastante acrítica, como el multiculturalismo o la diversidad cultural. ¿Qué se quiere decir con eso? No se hacen más esas preguntas, se va directamente a un conjunto de formulaciones de las que no se duda. La nueva generación necesita una legitimación, publicar textos. No libros, sino artículos. Lo importante es estar indexado en las bases de datos, de preferencia en inglés. Es todo un sistema de legitimación a escala mundial que implica una nueva modalidad de pensar la sociedad y hacer ciencias sociales.

-¿Hasta qué punto llegaron las ciencias sociales a analizar la globalización?

-Avanzaron poco. El tema de la globalización ya no se discute, como cuando se ponía en duda, en los inicios y mediados de la década del 90. No se dan ni reflexiones ni trabajos efectivos. Hay una visión optimista, tipo neoliberal-empresarial, según la cual todo es una maravilla, y otra visión de denuncia, pero no hay tantos trabajos que hayan tomado el tema de frente, no de manera oblicua.

-Es otro de los conceptos que se dan por sentados.

-Exacto. Se habla mucho de la esfera civil, de la sociedad civil mundial, pero la verdad es que no existe. Es interesante pensar en ella como una metáfora, pero en la realidad no existe una sociedad global, y no va a existir. Lo que hay es una situación de globalización, donde están los países, las clases sociales, los individuos, pero no hay una sociedad global. Hoy hay un montón de equívocos, como que el mundo es un mundo integrado. No. No es nada integrado. Sí es un mundo conectado, pero conexión e integración son cosas distintas. Pero no hay muchos trabajos que planteen las cosas así. Primero, porque las ciencias sociales son lentas y conservadoras. Para tratar las nuevas problemáticas de frente hay que trabajar en escala transnacional, imaginar objetos globales, temas que no fueron tratados, y eso no es fácil si se es conservador.

-¿Conocemos bien en la Argentina la producción académica de Brasil?

-Creo que todos los países de América latina conocen mal la producción de los otros países del continente. La constitución de los Estados de la América latina hispánica estuvo siempre concentrada en las realidades nacionales. Por otra parte, las ciencias sociales tuvieron desarrollos muy diferentes: fueron más exitosas en México, la Argentina y Brasil. Y ha faltado financiación para proyectos que sean más amplios.

-¿Puede influir con Brasil la cuestión de la lengua?

-Creo que sí. Los latinoamericanos entienden mal el portugués y no les gusta leerlo. En contrapartida, el español es una lengua leída en la academia brasileña. Primero, porque en las ciencias sociales muchos de los libros estaban en español antes de traducirse al portugués. Tanto que la lengua española no es considerada lengua extranjera en la universidad. Como las editoriales argentinas y mexicanas eran muy importantes, el español es parte de la cultura universitaria brasileña.

-En la academia hay fronteras, entonces.

-Las fronteras todavía existen en la globalización, y se crean nuevas. La cuestión es saber cuáles son las que podemos atravesar. Hay una ilusión de imaginar que, estando en lengua española, un libro llega a un público más amplio. Pero hay un circuito de las lenguas, otro de las editoriales, otro de la legitimidad académica que se concentran antes de llegar al acto de la lectura y que van restringiendo esa circulación.

-También influye la circulación de textos en Internet.

-En realidad, Internet estableció nuevas jerarquías. Uno tiene la ilusión de que elige y encuentra todo en la Web. Pero no es así, porque navegar en Internet es hacerlo en un espacio que ya está estructurado de antemano.

-¿Qué criticaría a las ciencias sociales latinoamericanas hoy?

-Necesitan ser un poco más cosmopolitas, sin perder la dimensión de la realidad latinoamericana.Muchas veces hay demasiada identidad y poco cosmopolitismo.

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