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El Gran Rivadavia, otro cine en venta

Los vecinos de Floresta reclaman que se reabra la sala; temen que se convierta en una discoteca
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3 de septiembre de 2009  

Los vecinos de Floresta no se cansan de rememorar aquellas películas, obras de teatro y recitales que pudieron disfrutar en el emblemático cine-teatro Gran Rivadavia, situado en avenida Rivadavia 8636. Tampoco dejan de recordar con dolor que desde 2004 el único cine del barrio y uno de los más grandes de Buenos Aires no está en funcionamiento. Pero lo que más los alarma es el cartel que hoy está en el frente del cine y que reza: "En alquiler o venta".

"Tenemos miedo de que se convierta en un boliche, en shopping o en un supermercado. Estamos juntando firmas para conservar el patrimonio cultural", dijo a LA NACION Gabriel De Bella, arquitecto e integrante de la organización vecinal Salvar a Floresta, que busca conservar el patrimonio arquitectónico del barrio. Por esto, los vecinos se reunieron el 26 de julio pasado y frente al cine reclamaron su reapertura.

De Bella, que envió un pedido al Instituto de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) para que recuperaran el lugar, dijo que "el actual ministro de Cultura del gobierno porteño, Hernán Lombardi, dijo a una publicación barrial ( La Posta Capital ) que el proceso para rescatar el lugar ya está en marcha". Lombardi dijo a LA NACION: "A nuestro ministerio le interesa mucho que ese lugar se utilice como espacio cultural. Hablamos con unos empresarios interesados en comprar el cine y están dispuestos a mantenerlo como teatro".

Adrián y Pablo Serantoni, dueños de Ser Tv, productora de contenidos televisivos, radiales y teatrales, son esos interesados en comprar el cine: "Queremos comprar el Gran Rivadavia para acondicionarlo como lo hicimos con el teatro El Colonial, en Avellaneda, que también era un cine. No pensamos convertirlo en un boliche", dijo a LA NACION Adrián. El productor explicó que "hace un año que negocian el precio final, ya que los dueños piden un millón de dólares".

Las hermanas Elena y Edith Suñe son las propietarias del cine. Elena explicó que "luego de la tragedia de Cromagnon, el gobierno impuso nuevas normas de seguridad, y para eso había que hacer reformas. Fue imposible afrontar el gasto". La propietaria del cine dijo: "Ante el cierre les pedimos al gobierno y al Incaa que nos dieran una mano económica. Nunca llegó esa ayuda".

Elena reitera a cada instante la tristeza que le provoca vender el Gran Rivadavia, una de las salas más grandes de la Capital, que cuenta con 1400 butacas. "Este cine, como otros que teníamos, fue propiedad de mi familia. Comenzamos a vender los cines porque no los podíamos mantener. Hoy se convirtieron en iglesias evangelistas, supermercados y bancos", aseguró Elena.

La propiedad tiene una dimensión de 17,32 metros de frente y 61,63 de fondo. "No es un cine de barrio común. Competía de igual a igual con las grandes salas de la calle Lavalle o con las de Flores, como el Pueyrredón o el San José de Flores, hoy desaparecidas", cuenta De Bella.

Fuentes del Incaa dijeron que "la recuperación y reapertura de salas forma parte de una gestión e inversión compartida entre el instituto, los municipios y las provincias. En el caso del cine Gran Rivadavia, el Incaa acompañaría sumando esfuerzos".

Los vecinos del barrio se alarmaron ante la posible destrucción del cine, que fue construido en 1940. "Yo me crié yendo a ver películas y obras de teatro en el Gran Rivadavia. Se están destruyendo los recuerdos del barrio", dijo Fermín, un vecino que vive en Floresta desde hace unos 30 años.

En el blog salvarafloresta.blogspot.com y en el sitio en Facebook, también llamado Salvar Foresta, cientos de vecinos expresan su tristeza por la pérdida del cine. Cristina, vecina del barrio, dejó su comentario en el blog: "Hace unos días pasaba por el cine y se me escapó un lagrimón".

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