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Ficción y realidad se dan la mano

Andrea Garrote logra una interesante y muy rica teatralidad en Niños del limbo

Domingo 13 de septiembre de 2009
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Niños del limbo. Autora y directora: Andrea Garrote. Intérpretes: Amanda Busnelli, Andrea Garrote, Guillermo Jacubowicz, Alejandro Pérez, Javier Rodríguez, Mariana Sayavedra y Alejandro Zingman. Vestuario: Romina Cariola. Escenografía y diseño de luces: Pedro Piana y Santiago Badillo. Música original: Federico Marquestó. Asistencia de dirección: Lucila Pérez Lascano. En El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960). Sábados, a las 23, y domingos, a las 18. Duración 80 minutos. Nuestra opinión: muy buena

Un taller de creación literaria es el ámbito elegido, en esta oportunidad, por la dramaturga y directora Andrea Garrote para dar forma a un nuevo proyecto. En él se cruzarán dos caminos bien delineados. Por un lado, el mundo de la ficción y la fascinación por las historias que conciben los otros y que siempre parecen asemejarse a la nuestra. Por otro, una pesada actualidad, violenta y asfixiante, que termina ingresando en ese mundo tan frágil para quebrarlo, resignificarlo, hacerlo realidad.

Algunos pueden decir que lo que sucede en la escena no es más que la materialización de una novela que se está escribiendo y que, vaya a saber por qué, ha tomado forma para burlarse de la realidad. Otros pueden creer que, en el presente de la escena, la ficción no tiene espacio, porque los acontecimientos que se desarrollan resultan muy contundentes y superadores de lo que cualquier escritor novato puede imaginar. Entonces, realidad y ficción tendrán la posibilidad de darse la mano y potenciarse una tras otra o chocar agresivamente para también engrandecerse, cada una en su medida.

Un buen elenco lleva adelante esta interesante propuesta
Un buen elenco lleva adelante esta interesante propuesta.

Trabajo minucioso

El planteo de Andrea Garrote es sumamente interesante y gana mucho más porque la teatralidad que la directora encuentra, continuamente, es muy rica. Hace un trabajo muy minucioso con los intérpretes y hasta con ella misma como protagonista. Hay algo muy atractivo en ese proceso: esas criaturas exponen un perfil que no tiene una persona de la calle, sino una figura literaria. Garrote consigue cierta estilización que vuelve a esos hombres y mujeres muy entrañables, aun a los malos que parecen querer apoderarse de la creatividad de los buenos.

El elenco es muy homogéneo y el juego en el que se embarcan tiene un buen ritmo. La sorpresa es un valor que, de continuo, va movilizando la atención de quien observa y en una progresión muy elocuente. Tanto la escenografía como el diseño de luces de Pedro Piana y de Santiago Badillo resultan óptimos trabajos técnicos.

Carlos Pacheco

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