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Julio Bocca, el reposo del artista

A dos años de su retiro, habla de todo: la danza, el teatro Colón, su deseo de ser padre y el país: "En el exterior, nuestra imagen es cada vez peor"

Domingo 20 de septiembre de 2009
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LA NACION

Y el domingo descansó.

Se rapó y descansó. El sábado 22 de diciembre de 2007 bailó por última vez para el público. Seguidores y neófitos tapizaron esa noche la avenida 9 de Julio. La sábana de más de 300 mil personas se oreó, tensó y preparó la cama con aplauso y nostalgia anticipada. Era un adiós. Era un preludio.

A los 40, Julio Bocca se retiraba de los escenarios. Se alejaba de los ensayos fatigantes, cruzaba el Río de la Plata y apuraba el pecho para tocar la cinta de llegada a mañanas de mate y hogar, a una nueva etapa. Esa que lo encuentra viviendo en Montevideo, yendo a subastas -"Nunca en mi vida lo había hecho y me encantó. ¿Por qué no lo hice antes? Porque no podía"-, husmeando en el supermercado y andando en bicicleta.

-¿Por qué Montevideo?

-¿Por qué no? Me hubiese gustado quedarme acá, sigo queriendo a la Argentina y a Buenos Aires, pero necesitaba tranquilidad. Después del retiro necesitaba eso, bajar; y Montevideo es una muy linda ciudad. Me queda cerca, tengo buenos espectáculos, tengo la Rambla, y puedo hacer un poco la vida que hacía en Nueva York.

-¿Acá no?

-Es una cuestión mía, personal, de mi cabeza, que uno sale y tiene que estar con una sonrisa, preparado para un autógrafo o foto. Pero reitero: es una cuestión mía.

-¿En la otra orilla eso no pasa?

-Pasa, pero mucho menos, porque hay mucha menos gente. Allá es un saludo y siguen. Acá me saludan, me abrazan, me besan, me sacan fotos, me cuentan historias. Es lindísimo, pero yo necesitaba estar tranquilito y hacer otras cosas.

-¿Una vida normal?

-Sí.

-¿Tuviste una alguna vez?

-Sí, en Nueva York; tomaba el subte, cocinaba. Necesitaba eso, y ahora lo tengo. Tengo amigos y estoy a nada de Buenos Aires. Ahora tengo como fobia de estar con mucha gente. Ir a una disco, que vas y te golpean... No, no puedo.

-¿Entendiste ahora, después de 2007, a los 40, lo que es estar sin hacer nada?

-¡Sí! [se ríe con ganas].

-¿Te gustó?

-Apenas terminé, me fascinó. Ya a comienzos de este año sentía como que tenía que hacer algo. Tomé la presidencia de la Fundación [que lleva su nombre], más reuniones, más cosas con la Escuela; me estoy metiendo mucho más. Y fui a Praga, a unas master classes. Pensé que nunca iba a poder hacerlo.

-¿Por qué pensabas que no podías?

-Sentía que no estaba preparado para dar clases. Igual, lo que hice ahí fue enseñar a los chicos de la Royal [Opera House], o de la Opera de París, la variación de El Quijote, la del Cisne Negro y el dúo de Diana y Acteón. Había de todos los niveles; va gente de todas partes del mundo a tomar clases de clásico y repertorio. En eso estaba yo. Cuarenta alumnos para enseñar las variaciones, explicar y corregir a todos por igual. Tenía que probar para saber si podía o no. La experiencia fue maravillosa, me gustó muchísimo.

-Estás haciendo lo que destacaste de Natalia Makarova y de Cynthia Gregory, que se bajaron del escenario a los cuarenta y tantos, pero siguieron con clases, como coreógrafas...

-Exacto. Todos tienen un recuerdo lindo de ellas, que terminaron bien, que podrían haber seguido bailando, pero se dedicaron a otras cosas. Yo ahora tengo toda una estructura preparada y me pone feliz darles un lugar a los chicos para que estudien. Hace poco estuve en Asunción, Paraguay, donde junto con Ana Botafogo nos dieron una mención de ciudadanos ilustres durante la Gala Iberoamericana, organizada por la Ciudad de Asunción, que este año ha sido declarada Capital de la Cultura. Por supuesto, nunca se publica nada de esas cosas. Si fuera fútbol, saldría.

-¿Se te vació un poco la cabeza de coreografías?

-No. Al hacer Diana y Acteón pusieron la música y me vino. Y eso no lo hacía desde hace años. Lo que pasaba era que me costaba incorporar cosas nuevas; se ve que el disco ya estaba lleno. Pero están guardadas en algún lado. Pongo el chip y ahí están.

***

Terminó un yogur y ya está listo el mate. El pico del termo regurgita. Se tapa. "Es que está llenísimo, ya va a salir mejor."  La escena que se da en una habitación en Buenos Aires se repite en la otra orilla. Julio lee los diarios argentinos en Internet. Mira su jardín. Manda un mail a la Fundación. Usa pantalones dos talles más grandes porque no le gusta la ropa ajustada. Acaricia a su perra. Responde un mail. Habla algo con la señora que lo acompaña desde hace más de 15 años y por la que va a ver qué puede hacer, porque extraña. Mira al sol. Deja la bandeja de entrada renovando caudal y se va con el termo afuera. "Si el día está lindo, no me lo pierdo." 

Seis kilos más, seguro. Los tiene. Los vive. Los acusa. "Ahora estoy a dieta de nuevo, porque, mirá." Se toma lo que un oficinista calificaría de pliegue y para él es... rollo. Su sonrisa ladeada se va borrando al tiempo que flexiona el tronco, apenas levanta la remera y ahí está, la prueba: la panza "me llega".

-¿Ese tatuaje es nuevo?

-Es uno de los últimos que me hice, cuando terminé el [ciclo en el] Opera con el Ballet Argentino. Fue como cerrar una etapa. Después lo que hice fue alargarme éste [se levanta la manga derecha].

-¿Tiene algún significado?

-[Con su dedo contornea un dibujo previo, que se pierde en el general] Este me lo hice en el año 2000, cuando me separé de mi pareja de 7 años e hice Broadway. Fue un cambio muy grande para mí. Cuando terminé 2007 lo agrandé y lo terminé de redondear.

-¿Hacés algo de actividad física?

-Hago clases a veces, con el Ballet del Sodre, y estoy yendo a un gimnasio. ¡Ah! y estoy haciendo la power plate. Es una máquina... Supuestamente lo hace Madonna... Es una máquina que usan los astronautas para mantenerse en forma. Eso dice la publicidad [se ríe y se festeja]. Vibra, te trabaja el músculo en menos tiempo. Hago flexiones de brazos, abdominales; la máquina lo que hace es ayudar a intensificarlos.

-¿Vas todos los días?

-No...

-Tres veces por semana...

-[Silencio]

-Dos veces...

-[Da la sensación de un niño a punto de saberse en penitencia]

-¿Una?

-Cada tanto, cada tanto voy.

Parece que el vacío lo incomoda y dispara, como para atenuar una condena: "Pero me gusta andar en bici, eso sí".

-Y juego a veces al tenis.

-¿Cómo se dio?

-Me compré la [consola de videojuegos] Wii, jugué y dije "hay que probarlo de verdad".

-¿Y?

-Y... es jodido te digo, eh. En la Wii está bueno. Pero en el otro viene la pelotita rápida y fuiste. Y no quiero correr, porque no quiero lastimarme, ya me lastimé bastante.

-¿La dejás pasar?

-Sí.

***

-¿Qué significa Cecilia Figaredo?

-Me fascina. Es una mujer espectacular, como persona y como artista. Tiene una calidad de trabajo y de movimiento, sobre todo para lo que es neoclásico, que es espectacular. Es una mujer con un carácter fuerte, nada que ver con Eleonora, que es como... más Julieta. Pero ella también tiene carácter, ojo.

-En el sitio oficial del Ballet Argentino figura Cecilia como primera bailarina. No hay figura masculina.

-No.

Seco. Tajante. Se ríe. Ladea. La mueca y los dientes, otra vez. Las cejas en ascensor dicen que estamos hablando en serio.

-¿Qué querés que te diga? No.

-¿Hay una búsqueda?

-Todo el tiempo. Es muy difícil que se pongan a laburar.

-¿No se lo toman en serio?

-No. Es un arte que, si lo hacés, es porque te gusta. Entonces, las boludeces afuera.

-Hernán Piquín era una primera figura.

-Sí, Hernán estaba como invitado.

-Después viró...

-Después hizo su carrera, que me parece genial. Me hubiese gustado que siguiera un poco más con la danza. Pero como yo hice mi carrera a mi manera, respeto lo que hizo.

-¿Jonatan Luján y Lucas Oliva tienen chances de convertirse en primeros bailarines?

-Sí, se los ve bien: Jonatan Luján arriba del escenario tiene personalidad, es un artista; interpreta, va, viene, pero creo que llegará a hacer mucho más. Lucas Oliva es un chico con gran talento, sobre todo para las cosas más folklóricas y lo contemporáneo. Y también tiene personalidad.

-¿Habrá uno?

-Por supuesto. Uno busca, pero tienen que querer serlo. No es cuestión de querer serlo mañana con todas las condiciones: mejor sueldo, auto, viajar en primera. No. Eso llega después.

***

"En Uruguay también tienen sus quilombos políticos. Pero si se putean -los políticos-, ahora que están en campaña, se piden disculpas."

-¿Votaste en la última elección?

-No, no estaba.

-¿Lo viviste como un alivio?

-No, me hubiese gustado votar, aunque no hubiese sabido a quién. Nos quejamos, pero tampoco hacemos mucho. Hay cosas que yo ya no entiendo.

-¿Como qué?

-Cuando escuché que iban a dar tanto dinero al fútbol, a mí, como argentino...

Se cubre la cara con ambas manos, con cierto hastío. Encarcela los gestos por un instante hasta que las palmas, en el descenso, deslíen los ojos. Chorreados duran poco; vuelven a tomar forma.

-Primero: no sé de dónde sale ese dinero, si será de impuestos o qué. Me gustaría que me consultaran a dónde quiero que vayan los impuestos; creo que sería lo más democrático.

-¿Como un referéndum, decís?

-Sí, que cada uno pueda decir a dónde prefiere que vaya. Por ejemplo, para algo cultural, educativo, para darle de comer a un montón de gente, para la salud. Cosas mucho más importantes que si todos pueden ver el fútbol.

-¿Pediste hablar con la Presidenta alguna vez por el Colón?

-No específicamente. Fui a saludar y a presentar la Escuela y la Fundación. Fue solamente una charla, importante, pero no hablamos de un solo tema.

Despereza las eses. Subte, amigos, música, clásico: en su boca viven unos milisegundos más. Se enoja. Escupe frases como una fotocopiadora. Por primera vez levanta el tono de voz. Apenas. Que le da bronca. Un país tan lindo. Tener todo y "ser amigos de Chávez solamente, que no es una persona que me guste; por qué no tener contacto con otros presidentes". Que nuestra imagen es cada vez peor en el exterior. Defiende al campo, porque se hicieron cosas que no le gustan. Pero tenemos trigo. Todo para exportar y Uruguay supuestamente nos está ganando en exportación de carne. "Esas cosas no entiendo. Nosotros tenemos esa mentalidad de ir a lo segurito y no arriesgar al cambio."

Sorbo de mate e inhalación profunda.

***

-¿Estuviste en contacto con [Pedro Pablo] García Caffi [director del Teatro Colón]?

-Sí. Me pidió que asesorara sobre el piso. También hablé con Lidia Segni (directora del Ballet Estable) para colaborar en algunas obras. Siempre y cuando en un futuro estén dadas las condiciones, en un sentido global: reglamento serio, horario de trabajo serio, cantidad de funciones. Tengo todos los contactos para traer grandes producciones, pero necesito saber que se les firmará un contrato, que tendrán tal fecha. Hay coreógrafos que necesitan 2 años de anticipación para confirmar que pueden venir.

En esa visita -hace 4 meses aproximadamente- quedó maravillado. "En lugares donde yo conocía una pared ahora hay salas enormes. Vi la pintura original, cómo trabajaban en los detalles, vi un cuidado. Me resultó horrible verlo vacío, semejante teatro. Si vos ves lo que hicieron antes, que a nadie le preocuparon los pedazos de tela que pusieron en las cortinas, capas de pintura arriba de otras sin saber si eran para la acústica o no. Que haya alguien que se animó, por lo menos una vez, que alguien esté contra toda esa burocracia interna, a mi me fascinó."

-Hoy no moverías ni un dedo para llamar a un coreógrafo...

-No, no están dadas las condiciones. Me parece que no hay una compañía fuerte. Siento que baila antiguo, no se ha rejuvenecido en la forma de trabajar. Lidia debe de estar haciendo ese cambio, pero si tenés pocas funciones tampoco lo podés hacer. Debe haber una programación seria.

-¿Con García Caffi se puede llegar a dar?

-Por lo menos es el primero que tiene las agallas de haber hecho lo que hizo, en el sentido de que supuestamente -no sé ahora qué pasó, porque hace tiempo que no he vuelto a leer sobre el Colón- dijo que había que eliminar o reubicar a 400 empleados. La verdad es que el teatro necesitaba eso, le guste o no a la gente. Se tiene que empezar desde cero para hacerlo seriamente. No se puede trabajar así: hay diez técnicos para poner un vaso y después hay que ver quién lo mueve.

-Ahí entrás en una lucha con los gremios.

-Está bien. Pero el Teatro tiene como tres o cuatro gremios. El Colón es la Argentina en pequeño.  

-¿Tejes y vericuetos?

-Todos. Los tiene todos. No podés trabajar el arte así. No estoy en contra de los gremios, porque creo que es justo que defiendan a los trabajadores, pero que defiendan lo que necesitan y lo correcto. Creo que si no se hace limpieza así, lamentablemente puede que se reabra y siga pasando lo mismo.

-En una oportunidad nombraste al director Michael Kaiser [ABT/Royal Opera House de Londres, Kennedy Center of Performing Arts] como ideal para ser quien administrara el Colón. ¿Creés que vendría?

-Creo que si hablan con él, sí. Para mí, esos desafíos le gustan. Y al ser de afuera no entraría en esos "ojo porque mirá que sé esto de vos, que conozco a tal..."

En su época se cambiaban en el baño. Las clases de jazz las hacía en el cuarto piso, en el camarín de mujeres, que tenía alfombra. "No hay estudios dentro del Colón para el Instituto. Estoy trabajando para conseguir un lugar físico para mi escuela, con 12 salas de ballet, una sala de teatro, otra de música, más lo que es primaria y secundaria. La idea es que ellos -los estudiantes del Colón- puedan utilizarlas. El colegio ahora lo hacen afuera. Cuando empezás el secundario, estás corriendo. Encima, no todos llegan, y no todos tienen después la educación para poder hacer otra cosa."

En un lugar cedido por el Gobierno de la Ciudad, al lado de la Usina de las Ideas, en La Boca, la Fundación que lleva su nombre inauguró este año Diprodi, una escuela de Diseño, Producción y Dirección Artística. Allí se formarán jefes de escena (stage managers), de producción y directores generales.

El sueño es más ambicioso. Porque Bocca quiere una escuela de arte completa. Primaria, secundaria y arte, todo integrado. Quiere que "el profe de matemáticas diga que dos más dos no es sólo cuatro. Que esté relacionada con las cuentas musicales, que todo sea más divertido, porque ahora es muy difícil que los chicos se concentren".

 El sorbo tiene la fuerza de un punto final. Tema Colón y adyacentes, agotados. O no.

"La Scala tuvo que cambiar. Achicó. Parte es privado."

-¿El Colón debería ser privado?

-No sé si totalmente, pero sí con un manejo privado.

-¿Mixto?

-Sí. Y si tenés un director que es bueno, que quede ahí. Y si se va, que el que llega respete lo hecho.

-Volvemos al tema de la mini-Argentina, otra gestión, otro gobierno.

-Es que sí. No hay un proyecto que siga más allá del período en el que están.

Será que poner el Colón a punto es como limpiar el Riachuelo. Se dice que nadie quiere hacerlo porque es muy costoso y llevaría muchísimo tiempo. Quien capitalice el rédito político no sería quien inició el cambio. Esa es una de las alegorías que emerge en la charla como los más apurados palos de la yerba.

-Es eso. Así el país no va. Yo siento que estamos yendo para atrás. Es algo tan... tan inexplicable. En Uruguay baja el dólar, en Brasil baja el dólar y acá sube. Yo no soy economista, pero no lo entiendo. ¿Por qué todo al revés?

***

El termo ya no se tapa; hace rato que quedó en el piso. La uña del dedo gordo derecho es igual a las demás. No está violeta, dolorida y quejosa. Los golpes reiterados la teñían y sólo lograba volver a su color natural cuando había vacaciones. "Se me machucaba en las caídas y quedaba el hematoma. Pero ahora ya no, no estoy cayendo de ningún lado."

-Setenta y cuatro personas se unieron en Facebook en un grupo. Se llama Quiero que vuelva Julio Bocca. ¿Lo viste?

-No... ¿74 nada más?

En la desazón pelean un falso egocentrismo y el dolor de quien se siente olvidado.

-Sí.

-Es poco. Por 74 nada más...

La carcajada inunda. Suena fuerte. Sube. Baja. Vuelve a hablar suave. Insiste en el número. Ríe. Se divierte.  

-¿Cuántos tienen que ser?

-No, no. Por ahora estoy muy bien así; estoy disfrutando de esta etapa nueva, de poder conseguir cosas para la Escuela, de participar como jurado, de los homenajes, de tratar de que la danza siga viva.

Un concurso con su nombre, una gala en el Teatro Real de Madrid, una presentación en Londres como representante de los vinos argentinos. La faceta de relaciones públicas le gusta.

-¿Qué está más cerca? ¿Que armes la Compañía de Danza del Teatro Solís o que asumas la Dirección del Ballet Estable del Colón?

-Estamos trabajando lo primero. Están esperando, como en todos lados, las elecciones. El director del teatro hace bastante tiempo que está y tiene una programación. Supuestamente sí, el año que viene quiere armarla. Me fascina, porque lo lindo que tiene es que empieza de cero. Es una compañía que no existe, se puede hacer un repertorio, no hay vicios, va a ser privado.

-Ya en marcha, ¿llamarías a tus contactos de coreógrafos para allí?

-Neumayer me dijo que podía para el año 2011. Con Forsythe y con Killian también hablé. Tengo que ver con qué compañías puedo trabajar y qué presupuesto tendré, y así ver qué programar.

-Dijiste, alguna vez, que te gustaría tener un hijo...

-A uno le pasa mucho por la cabeza, depende de la época, de las etapas. En este momento estoy disfrutando de mi tiempo para mí, que nunca tuve. Entonces, no sé si tendría paciencia para dedicarle todo a otro. Como al mismo tiempo estoy dando a los niños posibilidades de hacer lo que les gusta, es como que con eso me lleno. Pero no descarto. No lo descarto. 

-¿Te vamos a tener que pelear como a Gardel y al dulce de leche?

-No. No. No. Lo tengo bien claro. [Se toca el pecho] Sigo amando a Buenos Aires. Sólo necesitaba más tranquilidad. En Montevideo estoy cerca del quilombo sin tener que vivirlo cotidianamente.

-¿Estás en pareja ahora?

-Estoy bien.

-Esa no es una respuesta.

Carcajada. Robusta. Momento de jugar.

-Bueno... un poquito de frases así están bien.

Y empieza a probar...

-No hablo de mi vida privada.

Se ríe. Muy bajito. Se apaga en un ahogo.

-Yo no soy público.

Ríe un poco más. Imposta la voz, y declara:

-Estoy bien.

La carcajada in crescendo da la pauta de que ésta es la línea que más lo divierte de todas.

-Estoy bien.

Concluye, sereno. Sus ojos, dulces, bailan.

Una trayectoria impecable

Nace, en Munro, la noche del 6 de marzo 1967.

A los 7 años empieza con clases de expresión corporal.

Un año después, su abuela lo sube a un taxi y lo lleva a una audición en el Colón.

Estudia hasta séptimo grado. A los 14 se va a trabajar a Venezuela (como primer bailarín de la Fundación Teresa Carreño) y a los 15, a Brasil (Teatro Municipal del Río de Janeiro).

1985 es un gran año. Baila Copellia, como primer bailarín, en el Teatro Colón, y gana la Medalla de Oro en el 5º Concurso Internacional de la Danza de Moscú. Tiene 18 años.

En 1986, el American Ballet Theatre (ABT) lo convoca para una audición. Al finalizar, el director de la compañía le pide que regrese al día siguiente para firmar su contrato. El director era Mikhail Baryshnikov.

Crea, en 1990, su propia compañía, el Ballet Argentino. Cinco años más tarde se presenta en el Luna Park, en el City Center de Nueva  York y ante 80 mil espectadores en Buenos Aires, celebrando el décimo aniversario de aquella medalla en Moscú.

En 1997 baila ante 35 mil personas en la Bombonera. Repite la escena 3 años después, pero en River.

1999 y el cine: filma Tango, dirigido por Carlos Saura.

2005 es el año en que vuelve a bailar en el Colón (no lo hacía desde 2002). Es, también, el año de su último Quijote, en el Opera, con Eleonora Cassano.

2006: se despide de Nueva York en el Metropolitan Opera House, del Lincoln Center.

2007 es el año del adiós. 200 recitales y el último, el 22 de diciembre, en la 9 de Julio, ante más de 300 mil personas.

27 años de carrera.

7 intervenciones quirúrgicas.

154 funciones en el Luna Park.

20 años en el American Ballet Theatre (ABT).

Lo mejor de un grande

"Estoy feliz. Van a editar parte de mi vida, cosas que hice con todo amor. Además, eso de pasar por un quiosco de diarios y verme, saber que estaré en la casa de mucha gente, me tiene... ¿cómo explicarlo? ¡Con la sangre en ebullición!"

Julio Bocca de Colección es el próximo lanzamiento, de libros + DVD de regalo, a sólo $ 29.90, que hará La Nacion el miércoles

30 de septiembre. El material, rigurosamente seleccionado y avalado por el bailarín, reúne sus mejores espectáculos. Serán 12 entregas quincenales con formato premium que tendrán, entre otros, Boccatango en el Maipo, Macbeth, Boccarock Nacional, Birdy, Bocca en Nueva York, Adiós, Hermano Cruel, Bocca en San Petersburgo, Piazzolla Tango Vivo, Lago Encantado, Sinfonía Entrelazada, El Lago de los Cisnes. El último número será el DVD Gracias, material inédito de su despedida de los escenarios, con el espectáculo que brindó, en la avenida 9 de Julio, en el año 2007.

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