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Una mujer entre el deseo y los recuerdos

Sobresalen Antonella Costa y Eduard Fernández

Jueves 17 de septiembre de 2009
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El vestido (Argentina-España/2008). Dirección: Paula de Luque. Guíón: P. de Luque, Pablo Fidalgo. Fotografía: Alejandra Martín. Música: Diego Frenkel. Con Antonella Costa, Eduard Fernández, Guillermo Pfening, Isabel Blanco, Paloma Coscia. Presentada por Primer Plano. 96´. Para mayores de 13 años. Nuestra opinión: muy buena

"Cualquier humano llega, en determinado momento, a la zona en la que no hay respuestas, la zona del misterio", escribe Fernando, arquitecto, que vuelve después de muchos años para resolver un tema familiar y se cruza nuevamente con Ana, una mujer, médica, muy bonita, con quien hace mucho, mucho tiempo, vivió un singular momento de amor. Ana aguarda que ocurra algo importante en su presente. "Al tocar esa orilla todos, sin excepción, experimentan algo: tienen una suerte de vago recuerdo, el de la orilla anterior, que en apariencia habían olvidado antes de rozar esa franja", concluye el recién llegado.


Trailer de El vestido

En El vestido hay espacios, y largos -larguísimos- silencios en los que tanto Fernando como Ana son expuestos tal como son. El parece moverse por los diseños laberínticos de sus propios recuerdos en los que se recorta del blanco; ella, envuelta en la nostalgia de lo que no fue, también parece atrapada. Todos hablan en tono bajo. No hay, en ningún momento, exabrupto alguno. Hay imágenes que se transparentan, deseos, rostros llenos de vida o simplemente resignados. El cine de Paula De Luque es desafiante. El desafío es contar una historia de amor, un triángulo, de una manera nada convencional. Lo hace con una mirada contemplativa pero escrutadora a la vez que, no obstante su exasperante parsimonia, consigue hipnotizar y de esa forma convencer con su encanto a todo aquel dispuesto a aceptar el juego.

La serena cámara de De Luque acaricia a sus criaturas y a sus recuerdos a esa altura más fantásticos que reales. "Los recuerdos son siempre un poco mentirosos", concluye Ana.

Hay en la obra de De Luque una fuerte dosis de emoción -la emoción del deseo- tras la aparente frialdad de sus criaturas, una distancia que puede resultar sugestiva. Hay, antes que nada (y de esto no cabe duda) un cuidadoso diseño de arte de Rodolfo Pagiere, que invita a reflexionar acerca de cuestiones que no tienen respuesta. Sorprende, una vez más, la buena mano de Alberto Ponce para conseguir en el montaje el ritmo exacto para una partitura para nada sencilla.

Hay también muy buenos trabajos, como los de Antonella Costa y Eduard Fernández, de los que De Luque saca partido, y sobre todo la intención de un cine diferente sin necesidad de echar mano a recursos de moda vacíos de contenido, ni por eso mismo renunciar al sello personal, verdades que prometen más y mejor cine.

Claudio D. Minghetti

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