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La dirigencia local aún no asumió el desafío

Por Lucas Lanza Para LA NACION
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20 de septiembre de 2009  

Así como John F. Kennedy se transformó en la década del sesenta en un ícono del uso de la televisión para comunicar sus ideas políticas, Barack Obama quedará en la historia como el "Presidente 2.0".

Lo innovador es que Obama no sólo ha utilizado los nuevos medios para acercarse a los jóvenes, subir sus videos en YouTube, crear su propio espacio en Facebook o publicar mensajes en Twitter, sino que utilizó estas herramientas para cambiar la forma de hacer política. No estuvo en los espacios 2.0 sino que fue 2.0 al escuchar, dialogar y segmentar el mensaje para comunicar la noción de cambio y hacer partícipes a sus seguidores, convocándolos a la acción. El liderazgo 2.0 no se acabó en la campaña sino que se trasladó a la Casa Blanca, para comunicar y sumar apoyos a sus políticas públicas, como la reforma del sistema de salud o la recomendación de Sonia Sotomayor como miembro de la Corte Suprema de Justicia.

Es imprescindible reconocer la existencia del ciudadano 2.0, conectado en red, dispuesto a conversar y viralizar la comunicación. Este es el desafío de quienes hoy pretenden acercarse a la ciudadanía, ya sea para ganar una elección como para brindar mejores servicios desde el Estado.

En la Argentina, un estudio realizado por eamericas.org muestra que la mayoría de los políticos del país -en su variante de candidato, funcionario o legislador- no tiene una verdadera conciencia de lo que es la comunicación online y de lo que significa ser 2.0. Existieron experiencias fugaces durante la pasada campaña, pero tuvieron poca planificación y ninguna continuidad. Según el Observatorio Permanente de Identidad Política Digital de dicha ONG, menos del 50 por ciento de los políticos argentinos con proyección nacional tienen una construcción profesional de identidad propia en la Red. Así, aunque el "efecto Obama" auguraba una tendencia creciente a principios de 2009, el adelantamiento de las elecciones interrumpió de alguna manera este proceso, impidiendo que se concretaran las primeras e-campañas de la Argentina.

Mientras tanto, sigue vacante la oportunidad de utilizar estas herramientas a la hora de gestionar. Menos del 15 por ciento de los municipios del país tienen un portal en Internet y es mucho más deficiente aún la utilización de estos nuevos medios para acercar a representantes y representados en Legislaturas y Concejos Deliberantes.

Siendo evidente que las tecnologías de información y comunicación son adoptadas por las prácticas sociales cotidianas de forma masiva, las políticas públicas deberían pensarse más allá de la inversión en infraestructura o hardware. El desafío radica en buscar aplicaciones con sentido que se adapten a la dinámica del Estado para proveer servicios de mejor calidad, promover la participación y relación con los ciudadanos, y transparentar el acceso a la información pública, todo ello con la consecuente contribución de construir la democracia 2.0 que demandan los nuevos tiempos.

El autor es presidente de la organización Sociedad de la Información para las Américas

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