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¿Qué e-participación quieren los políticos?

Por Susana Finquelievich Para LA NACION

Domingo 20 de septiembre de 2009
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Las tecnologías de información y comunicación (TIC), y particularmente Internet 2.0, que tienen el poder de revolucionar el accionar de las redes sociales, ¿favorecen la participación pública en la política?

No se trata de una innovación reciente. Los cacerolazos electrónicos realizados en Venezuela en el año 2000, las convocatorias a asambleas barriales y su seguimiento en Internet en la crisis argentina del 2001-1002, fueron precursores de los activismos políticos desarrollados a través de blogs y otras herramientas TIC (netroots). También incluyen las comunicaciones por telefonía celular, sobre todo los mensajes de texto (SMS).

Tal vez estemos atravesando una transición, desde una democracia representativa hacia una democracia electrónica, en la que los ciudadanos tienen, por medio de la tecnología, la posibilidad de interactuar directamente entre sí y con los políticos. Las TIC posibilitan transformar a los "receptores" de la democracia mediática, basada en una comunicación unidireccional, en emisores de mensajes políticos para decidir cómo y qué asuntos deben ser incorporados en una agenda política que les afecta.

Por su parte, los gobernantes pueden conocer "de primera mano" los intereses de los representados, por medio de las expresiones ciudadanas en blogs, foros, chats. Los partidos políticos encuentran una nueva manera de interactuar con posibles votantes, a través de contactos directos, amistosos, en redes sociales como Facebook ¿Cuántos de los lectores navegadores de Internet han recibido ya "solicitudes de amistad" de conocidos políticos "presidenciables"? Quien no los haya recibido aún, que levante la mano: o no esta en los padrones, o no figura en ninguna red social.

Las demostraciones políticas se multiplican en My Space, y Second Life es un espacio más para celebrar mitines, congresos y convenciones partidarias o de oposición. Los blogs y otras herramientas son medios poderosos que pueden influir en la opinión pública, favorecer o hacer declinar estrellas políticas, reunir fondos para campañas y llevar ciudadanos a calles y plazas, en una circulación permanente entre el mundo virtual y presencial, entre el ciberespacio y el espacio público urbano.

Esta "nueva" participación está basada en diversos mecanismos para que la población tenga acceso a las decisiones del gobierno de manera independiente, sin necesidad de formar parte del gobierno o de un partido político.

Todo este movimiento abre un interrogante: ¿quién quiere que la gente participe, para qué y en qué grados? Actualmente, resultaría políticamente incorrecto decir que la gente no debe/quiere/puede participar. No obstante, el acento de la participación en mecanismos por fuera del aparato estatal, la apertura de nuevas dinámicas ciudadanas, implican también nuevos riesgos para el poder. Una vez instalada la e-movilización, ¿Con qué se le responde?

La e-participación implicaría una transformación en la relación de los partidos políticos, no sólo con la ciudadanía, sino también en el interior de sus propias estructuras y prácticas. Actualmente, numerosos líderes políticos buscan el consenso de los ciudadanos y su movilización positiva, a través de demostraciones en línea o en las calles, además de sus votos. Las estrategias en Internet sirven para vender una imagen de liderazgo más actualizada, joven y cercana a una parte de "las masas". Sin embargo, las participaciones espontáneas de la población, lejos de satisfacer los intereses partidarios, pueden también crear tensiones.

La e-participación necesita de algo más: de la manifestación clara de las necesidades e intereses de los ciudadanos, de la búsqueda de acuerdos más que de consensos. Requiere que las ideas y propuestas ciudadanas sean tenidas en cuenta para los programas políticos, en las propuestas de leyes, más allá de las campañas electorales, en la cotidianeidad.

Por el lado de los gobernantes y de los políticos, la respuesta a la e-participación demanda una estructura que pueda responder a la participación, voluntad política, suministro de información genuina y seguimiento de las demandas y propuestas planteadas por los ciudadanos. Pero ¿están preparados para responder a la participación que desean suscitar? ¿Qué sucedería si esta participación revelara intereses ciudadanos diferentes de los intereses partidarios?

Finalmente, ¿qué tipo de participación se debería impulsar? La respuesta parece obvia: aquélla que mejore las condiciones de vida de los ciudadanos, la participación informada, estructurada en torno a actividades. Sabiendo siempre que esta participación puede ser puntual, aunque siempre renovable.

La autora es directora del Programa de Investigaciones sobre la Sociedad de la Información del Instituto Gino Germani (UBA)

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