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En Estados Unidos, la gratificación llega al 18 por ciento

Sin embargo, en Europa no está instalada como costumbre y nunca supera el 10 por ciento

Sábado 19 de septiembre de 2009
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Estados Unidos es el país de la propina. En los Estados Unidos -y, sobre todo, en sus grandes ciudades, buena parte de los servicios se mueven a fuerza de un desembolso extra que, lejos de ser una recompensa a la calidad del trabajo, deriva en una carga que el cliente paga sobre el mal sueldo de los patrones.

El diccionario señala que la propina - tip, en inglés- es "un agasajo que, sobre el precio convenido y como muestra de satisfacción se da por algún servicio". Aquí no: aquí se da siempre, aunque el servicio haya sido deplorable.

Algunos ejemplos: el taxista se quedó con la mano extendida y gesto de asombro cuando no se le pagó propina luego de que, por su impericia -o vaya a saber qué-, el precio de un viaje habitual fue 30 por ciento más caro porque, pese a las reiteradas advertencias de que por allí no era, él "extravió" el camino.

"El 18% serían 22 dólares", dijo el mozo al depositar la cuenta de la comida sobre la mesa. Informar el porcentaje de propina que esperaba por su atención fue el mejor servicio de la noche. Por lo demás, su empeño había sido francamente olvidable.

Aún así, en Estados Unidos la propina es norma que se cumple a rajatabla. No está obligada por ley, pero se lo respeta como si así fuera. Y, en los hechos, se convierte en una compensación para el mal sueldo que pagan muchos patrones.

Hay camareros que ganan más por propina que por salario. Comer afuera como por viajar en taxis, las propinas oscilan entre el 12 y el 18% del precio.

Tan instalada está la práctica que buena parte de las cuentas para el pago de servicios incluyen la posibilidad de incorporar la propina en la tarjeta de crédito. Eso es norma en un largo listado de cosas: desde la suscripción de diarios a revistas hasta la entrega de muebles.

En España, en tanto, la propina no sólo no es obligatoria, sino que aún no está incorporada ni en las costumbres de los comensales, ni en las de los mozos. Por otra parte, el sistema de pago también desalienta las gratificaciones, ya que, a diferencia de otros países europeos, como Gran Bretaña o Alemania, el abono con tarjeta de crédito -hoy, la vía de pago más común en las grandes ciudades españolas- no permite agregar un importe adicional por el servicio.

En algunos restaurantes, sobre todo los más pequeños, el concepto de propina queda relegado a un recipiente que suele hallarse cerca de la caja, pero no es muy frecuente recibir con el ticket un platillo para colocar monedas o exponerse a las clásicas demoras de los camareros para conseguir cambio después de pagar la cuenta.

En Francia, mucha gente deja algo en torno del 10%. Y en Italia, a su vez, la propina es optativa, y por lo general también se deja el 10%.

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