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Cómo Lula posicionó a Brasil en el mundo

Por Rodrigo Mallea* Especial para lanacion.com

Lunes 21 de septiembre de 2009 • 11:23

"En este mundo globalizado, un país con el potencial productivo de Brasil no puede quedarse sentado en una silla esperando que la gente venga a descubrirlo". Esta fue la respuesta que escogió el presidente brasileño, Lula da Silva, luego de que un oyente del programa Café con el Presidente le preguntara si no consideraba que estaba viajando demasiado al exterior.

Esta anécdota que recoge Andrés Oppenheimer en su libro Cuentos Chinos (2005) es la que mejor ilustra lo que viene sucediendo en la diplomacia presidencial brasileña en los últimos años, presentando estadísticas envidiables para cualquier mandatario de América latina.

Con más de 385 días en el exterior, Lula ya lleva más de un año de su mandato fuera de Brasil. Desde su asunción, el presidente brasileño ya visitó más de 200 países (incluyendo repeticiones); abrió 36 nuevas representaciones diplomáticas en el exterior e incrementó notablemente la presencia brasileña en Sudamérica, Africa, Medio Oriente y Asia, lo que explica que hoy el nombre "Brasil" suene en destinos tan diversos como Gabón, Bangladesh, Sri Lanka, Tanzania, y recientemente, en la polémica Corea del Norte, a través de sus embajadas.

La infraestructura de Itamaraty, la cancillería brasileña, tiene los recursos necesarios para mantener la presencia de Brasil en el exterior: actualmente cuenta con cerca de 1400 diplomáticos y más de 200 representaciones en el exterior, contando con 94 embajadas y las restantes repartidas entre consulados, misiones comerciales y delegaciones en organismos internacionales.

Celso Amorim -canciller brasileño y diplomático de carrera- se destaca como un fiel soporte a la diplomacia presidencial: desde que asumió su cargo en 2003 hasta abril de 2008 realizó 210 viajes al exterior, llegando al extremo de haber pasado ocho días en ocho países, en uno de los tantos hechos que le valieron el apodo de "Duracelso" en Itamaraty.

Los viajes presidenciales, política de Estado. ¿Constituyen los viajes presidenciales una política de Estado u obedecen a una peculiaridad de un mandatario de turno? "Sin dudas forman parte de una política de Estado, esto es algo que se vislumbra desde comienzos de la década del 90, donde la diplomacia presidencial viene ocupando un espacio cada vez mayor en el arco de las acciones exteriores del país", opina Miriam Saraiva, directora del posgrado de Relaciones Internacionales de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

Todos los analistas consultados coinciden en un hecho: no puede hablarse de diplomacia presidencial sin remontarse al predecesor de Lula, Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), quien durante sus dos gobiernos realizó 115 viajes al exterior y permaneció 347 días fuera del país.

"En su mandato, Cardoso visitó más países que todos sus predecesores, mientras que a su vez fue el mandatario que más jefes de Estado extranjeros recibió en Brasil", recuerda Matías Spektor, director del posgrado de Relaciones Internacionales de la Fundación Getulio Vargas. Y agrega: "Lula ya superó ampliamente a Cardoso en términos de diplomacia presidencial, ya que en su gestión hubo un relevante cambio cuantitativo y cualitativo, donde Brasil aumentó su protagonismo en países que tradicionalmente no formaban parte de su agenda exterior".

En consonancia con Spektor, Daniel Castelán, investigador del Instituto Universitario de Pesquisa de Río de Janeiro (IUPERJ) agrega que "más que intensificación de viajes respecto de Cardoso, debe hablarse de diversificación de destinos: es innegable el protagonismo que Brasil ganó en Africa y Medio Oriente durante la era Lula".

La diversificación de las relaciones exteriores de Brasil. "Los viajes de Lula coinciden con la política expresa del gobierno de diversificar las relaciones exteriores de Brasil" opina Castelán, aludiendo a la siguiente estadística: mientras Cardoso destinó el 49% de sus viajes a América del Norte y Europa, Lula sólo le dedicó el 35% de sus viajes, focalizando su presencia en Sudamérica, Medio Oriente y Africa.

"El activismo de Lula puede ser medido de distintas maneras: por sus esfuerzos tendientes para lograr un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas; el patrocinio de actividades regionales -como la UNASUR y el Consejo de Defensa Sudamericano- o para marcar su presencia en estados débiles como el Líbano o Haití", dice Spektor.

Saraiva agrega que "el creciente número de viajes de Lula reflejó en un mayor activismo internacional del país, y de hecho, aumentó la presencia brasileña en foros multilaterales, así como en la ampliación de las exportaciones del país". Y añade: "El gobierno de Lula le dio mucha importancia a la cooperación sur-sur en comparación con Cardoso, donde se destacan Africa y América del Sur con un peso importante".

La creciente presencia de Brasil en Africa. "Es innegable la importancia que Brasil ganó en Africa y Medio Oriente" dice Castelán. "La presencia en Africa es un punto muy importante de la política exterior brasileña, eso es algo que se relaciona con el trato de Brasil y sus socios menores", añade el investigador.

La inédita presencia de Brasil en el continente negro a través de la diplomacia presidencial no es menor: mientras Cardoso sólo le dedicó 13 días en sus viajes al exterior a través de cuatro visitas, Lula ya pisó 19 países africanos.

¿El objetivo? "No se trata de altruismo, sino de disminuir las resistencias al fortalecimiento de Brasil en el escenario internacional -dice Castelán-, ya que algunas demandas brasileñas, como el asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la reforma del FMI y el fortalecimiento del G20 ganan peso cuando no sufren oposición de otros países. Por eso, la política africana y con países menores sirve para que menos países se opongan a Brasil".

Todo parece indicar que la diplomacia presidencial como herramienta de la política exterior brasileña continuará ejerciéndose más allá de Lula, en un momento en que Brasil está cada día más cerca de alcanzar dos de sus más preciados objetivos geopolíticos: el autoabastecimiento energético y convertirse en una potencia nuclear.

*Analista político de Brasil

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