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El último gesto de los Beatles

Hoy se cumplen cuarenta años de la aparición del último disco grabado por el grupo de Liverpool. A punto de separarse, aún lograban maravillas en el estudio

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LA NACION
Sábado 26 de septiembre de 2009
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Corre el año 1969. John Lennon y Yoko Ono están convencidos de haber alcanzado la unidad mental. Los otros Beatles le hablan a John, pero él mira a Yoko, que, si tiene ganas, murmura algo. Si no, tendrán que interpretar el silencio. Paul McCartney propone una y otra vez nuevos proyectos para el grupo, entre ellos tocar en vivo. El resto responde al unísono: ni locos. Y mucho menos si eso lleva a Paul a sentirse más dueño de la banda. George Harrison está encapsulado en sus nuevas creencias traídas de Oriente y parece dispuesto a librar una dura batalla por tener más participación compositiva. No lo logra. Ringo Starr puede aparecer en el estudio o no: el cine lo tiene bastante ocupado.

26 de septiembre de 1969. Llega a las bateas inglesas Abbey Road, último álbum grabado por los Beatles, considerado una de sus obras cumbre, cuya tapa es de las más recordadas y referidas de la historia: John, Paul, George y Ringo cruzan la calle frente a los estudios Abbey Road y cada uno interpreta un papel. McCartney es el difunto (va descalzo); Lennon, el sacerdote (viste de blanco); Starr, el enterrador (de traje oscuro) y Harrison, el amigo del difunto (está vestido de sport).

Hoy, exactamente hoy, se cumplen cuarenta años de la aparición de ese disco emblemático, registrado en medio del caos que reinaba en la intimidad de los Beatles.

CÉLEBRE. La portada de Abbey Road, fuente de múltiples interpretaciones
CÉLEBRE. La portada de Abbey Road, fuente de múltiples interpretaciones.

En ese año que no había empezado bien, los rumores de separación eran insistentes. El mundo todavía amaba a los Beatles, pero los principales protagonistas de ese fenómeno ya no tenían ganas de más. El único que todavía creía que la banda tenía algo para dar era Paul y, si bien consiguió que todos aceptaran juntarse para grabar, cada uno impuso sus condiciones. Pero lo cierto es que sin Paul, los Beatles se hubiesen desbandado mucho antes.

Así las cosas, Abbey Road se construyó con las relaciones deterioradas en extremo. Sin embargo, el disco prueba que cuando los cuatro coincidían en un estudio de grabación, la música se imponía bellamente a las miserias que empezaban a aflorar entre ellos. Cada uno usaba al otro Beatle como un músico de sesión. Lennon y McCartney ya tenían objetivos claramente diferentes, que aquí se hacen más palpables que nunca. El lado A se hizo al modo de John: canciones sueltas. El lado B, según la intenciones de Paul: una larga serie de composiciones cortas, unidas por puentes.

Pero volvamos al envase, porque la tapa de Abbey Road es parte del mito. Inicialmente, el disco iba a llamarse Everest, en honor a la marca de cigarrillos que fumaba Geoff Emerick (ingeniero de grabación que trabajó con ellos desde Sgt. Pepper...). De hecho, se había planeado un viaje al

Himalaya para hacer algunas tomas, pero el disco estuvo listo antes de lo previsto y cuenta la leyenda que John propuso: "¿Por qué no salimos ahí afuera, hacemos la foto de la tapa y llamamos al disco simplemente Abbey Road?"

A las 10.35 de la mañana del 8 de agosto, el fotógrafo Ian McMillan se subió a su escalera portátil y realizó sólo seis tomas de la banda mientras los cuatro cruzaban esa calle por enésima vez en esa década, rumbo al estudio que los vio nacer, estallar y disolverse. No hubo tiempo para mucho más: ya entonces era una calle con tránsito intenso.

Al igual que la tapa, que muestra cierta armonía, el caos reinante entre ellos no se percibe en el disco. Hay que tener en cuenta que ni siquiera querían compartir la misma sala. Y, salvo que fuese imprescindible, cada uno acomodaba su horario para no cruzarse con el otro.

Todos imaginaban por entonces cómo sería la vida como un ex Beatle. Y, de alguna manera, ya empezaban a vivirla. Durante la grabación de algunos temas se produjeron situaciones que evidencian el distanciamiento entre ellos. Pero también, al mismo tiempo, la magia.

"Come Together", que abre el disco, fue compuesta por John para la campaña de Timothy Leary, psicólogo y profesor universitario promotor del LSD, entonces oponente de Ronald Reagan en la cerrera por la gobernación de California. La letra, en un homenaje a Chuck Berry, hace referencia a la letra de "You Can’t Catch Me". El editor de esa canción consideró que era un plagio y pensó demandarlo. Años después, como forma de agradecimiento (y de disculpas, y de devolución de favores), Lennon grabó el álbum Rock and Roll con varios temas del catálogo de ese editor.

"Oh! darling" es de Paul, y la practicó incansablemente para mejorar su performance vocal. Quería que su voz sonara agotada, como si hubiese estado varios días sobre un escenario, a viva voz. Caminaba todos los días desde su casa al estudio y, así como llegaba, hacía una toma. Le llevó una semana lograr la expresión deseada. Dicen que John se ofendió porque Paul no le dejó grabar su voz.

Harrison tuvo su gran momento y compuso dos clásicos que, a su vez, fueron los éxitos inmediatos del disco: "Something", el primer N°1 de los Beatles no firmado por Lennon/McCartney, y "Here Comes The Sun", compuesta cuando había renunciado a la banda (luego volvió, claro), que se grabó sin la participación de Lennon.

Lennon compuso "Because" luego de escuchar a Yoko tocar Claro de luna, la sonata de Beethoven. Utilizó parte de las notas del primer movimiento. La armonía de tres voces (grabadas tres veces) sorprende en cada escucha. John también ofrece la segunda canción más larga de la historia del grupo, después de "Revolution #9": "I Want You (She’s So Heavy)", una canción de amor para Yoko y el intento de llevar el minimalismo a la música pop.

Ringo también tuvo su logro: "Octopus Garden", la canción más fresca y feliz del disco, con un ritmo saltarín y buenos fraseos de Harrison, que hizo los coros con Paul, sin el aporte vocal de John.

En este álbum también se inventa el medley (la mezcla de temas distintos). Al parecer, la idea fue de George Martin, que indujo a Paul, dispuesto a experimentar, a combinar fragmentos de canciones inconclusas. El resultado fue el lado B de la placa, que comienza con "You Never Give Me Your Money", de Paul, que hace referencia al caos financiero que vivían en ese tiempo.

Una seguidilla de canciones breves e intensas ("Sun King", "Mean Mustard", "Polytheme Pam", las tres de Lennon) nos lleva, tras algunos temas de Paul, a "The End", la canción final, cuya letra a John le parecía cósmica y que muchos consideran la despedida del grupo: "Y al final/ el amor que tomas/ es igual al amor que das".

Una curiosidad: Abbey Road es además el primer disco en que aparece un track oculto. Más tarde se le conoció el nombre, "Her Majesty". Dura sólo 28 segundos. La sensación que da es que Paul quedó solo en el estudio con su guitarra. Ya todos se habían ido. Los Beatles ya eran pasado, sólo había que decirlo públicamente. Paul saludó a Su Majestad, apagó los equipos y se fue.

© LA NACION

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