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"Aunque se lo denoste, se sigue dependiendo del sistema neoliberal", dijo el obispo de Bariloche

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Monseñor Maletti evaluó que, más allá de las polémicas cifras, la pobreza es una constante de las últimas dos décadas, que en la actualidad adquiere características cada vez más complejas; indicó que los excluidos no pueden ser "una variable de éxito político"

Por   | LA NACION

La Iglesia, además de considerar "irritante" la cifra de la pobreza publicada por el Instituto de Estadística y Censos (Indec), evaluó que, cualitativamente, esta problemática se ha profundizado en las últimas dos décadas.

Ya las consultoras privadas habían advertido que, de acuerdo con sus cálculos, hoy se supera ampliamente la cifra de 13,9% señalada por el organismo oficial en su último informe y que el número al que se llega es aún mayor al promedio alcanzado durante la década menemista cuando, según el propio ente público, se ubicó en 25%.

El obispo de Bariloche, Fernando Maletti, quien entre 1991 y 2001 fue párroco del santuario de San Cayetano, indicó que más allá de las cifras, la desprotección de los sectores más humildes no sólo es una constante de los últimos 20 años, sino que adquirió características más complejas.

Maletti evaluó que "aunque hay otra ideología subyacente del Gobierno" sigue creciendo la dependencia de los holdings económicos.

"En aquel tiempo el sistema neoliberal era lo mejor. Ahora, aunque se lo denoste, se sigue dependiendo de ese sistema", afirmó a lanacion.com el prelado. Y ejemplificó: "Sigue creciendo la extranjerización de las tierras y en las ciudades turísticas los grupos hoteleros se enriquecen cada vez más".

El obispo advirtió que una constante entre la década del 90 y la actualidad es "el apetito político por sostenerse a cualquier costa en el poder, por encima del bien común de la gente. La pobreza sigue siendo utilizada como una herramienta politica: hay un clientelismo de otro tipo, pero clientelismo al fin, y un asistencialismo de otro tipo, pero asistencialismo al fin", declaró el prelado.

"Además, la Iglesia sigue siendo utilizada como una fletera del Estado, como un organismo puente con la gente. Y la Iglesia se presta porque nos parece que lo más importante es hacer algo por ellos, no importa de donde provenga", continuó Maletti.

Confrontación. Sin embargo, el obispo introdujo una distinción entre la década menemista y la gestión actual: "En aquel momento el Gobierno no confrontaba con la Iglesia. Hoy se toma cierta distancia de nuestra institución, aunque existe un pedido de colaboración que nosotros seguimos brindando".

Respecto a las características de la situación social, Maletti advirtió numerosas continuidades. "En aquella época creció muchísimo la desocupación, fruto de una actitud privatizante del gobierno. En este momento, por otras circunstancias que aún no puedo leer con claridad, vuelve a crecer la escasez de trabajo", indicó el prelado.

El obispo resaltó que se pasó "de una concentración de la pobreza en las periferias de la ciudad a una proliferación de sectores carenciados en las zonas rurales".

Maletti indicó que en su trabajo cotidiano advirtió una profundización del problema de la vivienda: "Hoy el negocio inmobiliario ahoga la posibilidad de los humildes de acceder a una casa propia. Por eso, la toma de tierras creció muchisimo en el último tiempo".

Respecto a esta situación en el sur del país, el prelado agregó que "el problema de las tierras está muy vinculado a la cuestión indígena". "Este tema clama justicia hace décadas, lo nuevo es que hoy hay una mayor autoconciencia de las comunidades aborígenes", agregó y dijo que es urgente pensar en su integración.

Además, indicó que se registra una complejización de la violencia "fruto de la falta de incentivos para los más jóvenes, que se sostuvo durante muchos años".

Por último, Maletti evaluó que se ha agravado la crisis de la familia y de "los valores intrínsecos al ser nacional". "La familia está denostada. Incluso hay proyectos de leyes que van en contra de los valores de la vida y de la familia", enfatizó.

"Hay desprotección social de los más excluidos. Los desposeídos siguen librados a su propia fuerza y nadie se preocupa por ellos: no sólo la dirigencia sino las empresas y otras personas con poder no necesariamente político".

Y concluyó: "La pobreza no puede ser una variable de éxito político, tiene que ser un compromiso. Y las estadísticas son relativas". .

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