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El escenario

El inesperado obsequio de los Kirchner

Política

Desde que el proyecto de ley de servicios audiovisuales logró la media sanción en la Cámara de Diputados, la acción del Grupo Clarín en la Bolsa de Buenos Aires no ha dejado de subir. El jueves 17, cuando esa cámara le dio su voto a la iniciativa, costaba $ 6,70. El viernes pasado cerró a $ 7. Para comprender el optimismo del mercado sobre la suerte de Clarín hay que separar las deformaciones políticas de la reforma, de su significado para el negocio de los medios electrónicos.

La iniciativa del Gobierno contiene algunas amenazas importantes para la salud de la democracia y del régimen empresarial de los medios de comunicación. Sin embargo, tal como llegó al Senado, contiene un inesperado regalo de los Kirchner y sus aliados a las empresas de TV por cable. Ese sector consiguió, casi sin esfuerzo, que el Estado lo siguiera protegiendo de la competencia de las telefónicas. Es el dato que motiva a comprar acciones de Clarín en la Bolsa.

El grupo que comanda Héctor Magnetto no es el único beneficiado. Otros operadores, como Daniel Vila y José Luis Manzano (Supercanal), o Alberto Pierri (Telecentro), también festejan la supresión del capítulo que regulaba la irrupción de las compañías de telefonía en su negocio.

El análisis del caso Clarín es el más revelador por tratarse del único medio abierto al mercado de capitales. Para este holding, los servicios de TV cable e Internet representan el 70% de la ebitda (resultados de una empresa antes de deducir pago de intereses, amortizaciones e impuestos). El diario y las publicaciones son el 14%. La elaboración de contenidos, TV abierta y radios, el 12%. Por lo tanto, al sustraer de la competencia de Telefónica y Telecom a Cablevisión y Multicanal -sus dos empresas de cable-, Clarín salvó el 70% de su negocio.

Para ponderar esta conquista vale la pena leer el prospecto que el grupo presentó ante la Comisión Nacional de Valores antes de salir a la Bolsa, en 2007. En las páginas 84 y 85, exhibe como una de sus principales fortalezas que la ley de radiodifusión prohíbe ser licenciatarias a las empresas de telefonía básica. Agrega que, a pedido de la industria del cable, la justicia federal emitió una declaración de certeza sobre esa prohibición.

Triple play

Sin embargo, al final del párrafo, aclara que, aunque ese impedimento para que las telefónicas ofrezcan el servicio de triple play (imagen, teléfono e Internet) seguirá vigente en el corto y mediano plazo, "la Sociedad [...] no está en condiciones de asegurar que el gobierno argentino mantendrá el marco legal y regulatorio". La incertidumbre se debe a que la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia autorizó el swap de acciones entre Cablevisión y Multicanal presumiendo que, tarde o temprano, se habilitaría a las telefónicas a participar en el negocio. La ley de medios desmoronó esta presunción.

En cambio, el mismo prospecto consigna (págs. 55 y 56) que el Grupo Clarín está en condiciones de ofrecer Internet de banda ancha y telefonía a través de su red (Cablevisión, Multicanal, Fibertel).

Es verdad que la Secretaría de Comunicaciones, por orden expresa de Kirchner, ha suspendido la asignación de números de teléfono a las empresas de cable. Clarín, además, sigue sin conseguir que esa secretaría apruebe como operador telefónico a Fibertel y Flash, sus dos firmas de Internet. Sin embargo, el marco legal vigente sigue impidiendo a las telefónicas dar TV por cable, pero no al cable ofrecer telefonía.

La madrugada del 17, los directivos de Clarín, Supercanal, y Telecentro deben haber celebrado su principal conquista. Está menos claro que Néstor Kirchner haya sospechado esta celebración. O que sus aliados de centroizquierda (socialistas, ex ARI, ex kirchneristas, seguidores de Pino Solanas, etc.) advirtieran las consecuencias, empresariales y sociales, de haber condicionado su voto al mantenimiento de la prohibición a las telefónicas.

La discusión política está ocultando un rasgo crucial del proyecto de ley oficial. Es la pretensión de mantener separados dos negocios que, dado el desarrollo de la tecnología, son cada vez más difíciles de distinguir: el de la radiodifusión y el de las telecomunicaciones. Datos, videos o comunicaciones telefónicas son ceros y unos que, codificados en impulsos lumínicos, corren a alta velocidad por la red de fibra óptica.

Desde el nacimiento de Internet, esa capacidad de transmisión se multiplicó 150 veces. Quince casas de Suecia o Japón reciben hoy el mismo volumen de información que circulaba por toda la red de banda ancha de la Argentina en 2004.

Los principales gobiernos de Asia, América y Europa desarrollan programas de expansión de la red. Está demostrado que el acceso al triple play multiplica la conexión a Internet, sobre todo entre los consumidores de menores recursos -al respecto se pueden leer los informes especializados de Pyramide Research-. Sin esa integración es dificilísimo financiar la infraestructura de la banda ancha. Lo sugiere el prospecto de Clarín cuando explica a sus eventuales inversores que su tendido de fibra óptica es rentable porque tiene autorizada la oferta de triple play.

En casi todos los países se han elaborado programas para estimular la expansión de la red de banda ancha a través de la competencia entre operadores de TV por cable y empresas de telefonía. En la Argentina ese servicio tiene una penetración razonable: 8,2% de la población (Chile posee 8,7%; México, 6%; Brasil, 5,1%; Perú, 2,5%).

Los gobiernos discuten también la velocidad de acceso a contenidos que se ofrecen a los consumidores. En 1012, en Japón, Suecia o Corea, se podrán bajar 10 películas de alta definición por segundo.

Dividendo digital

La Argentina mira este progreso desde el costado del camino. La ley que está en discusión apenas roza el fenómeno cuando define el "dividendo digital" (liberación de bandas del espectro radioeléctrico que se producirá cuando se implante la televisión digital). En el articulado no aparece una sola vez la palabra Internet, salvo para indicaciones administrativas.

Sin embargo, hoy los argentinos pueden ver programas de TV a través de una conexión de banda ancha provista por una telefónica. Más aún: la empresa Telefónica dirime en la Justicia con los cables el derecho a recibir telenovelas en los teléfonos móviles de su red Movistar.

Los expertos -también los del Grupo Clarín, pero en voz baja? coinciden en que será inevitable integrar el mercado del cable con el de la telefonía. Algunos aconsejan un proceso gradual, para que las telefónicas no saquen ventaja de su capacidad instalada. Estas compañías deberían, además, ceder su monopolio.

La ley prohíbe ese proceso, que alentaría la competencia en beneficio de los consumidores. Al hacerlo, daña también a los cables. La cláusula por la cual limita la expansión de su red al 35% de los hogares desalienta la inversión tecnológica y los deja en una extraordinaria desventaja para cuando se generalice, inevitable, la convergencia de voz, imagen y datos.

La incapacidad para capturar este fenómeno es uno de los aspectos más relevantes de la reforma de los Kirchner: en su afán por resolver problemas del pasado, se olvida por completo del futuro. .

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